martes, 8 de septiembre de 2009

Cu va

Cuando lo que toca, toca, no hay mucho que pensar. ¿Para qué, para qué? Cuando no hay opción no hay escogencia. Cuando no hay salida no hay camino.

Soy y somos. Esto y lo mismo. Y de mi Cuba conservo fijo un recuerdo sobre tantos:

Curo o "el Cu", mi amigo de la adolescencia, dijo un buen día que no aguantaba más. Que se iba. Cu se iba. Cu va. Cu fue entre las olas.

Y no supe más de él. Como no supe ni sabré de la vida de otra manera.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

-Mar adentro-


Guillermo Geraldo (GG): Es que si hoy la noche se manifestara como mujer sentiría más sed por tocarla que la que siento ahora mismo por agua. Nunca me interesó realmente aprender aquello de las coordenadas, de algo referente a las estrellas. Pensar que hoy tengo el universo acostado sobre mí, una brújula divina y no sé cómo usarla, no sé dónde está la Osa Mayor siquiera.

Men: En algún momento te lo dije, Guillermo, y no es porque yo sea el más pesimista de los dos, es que siempre has pensado que eres inmune a las cosas que pueden pasarle a cualquiera; a todos menos a ti, por supuesto. ¡Güevón, Pajúo! Fíjate son las tres de la mañana. A esta hora subías caminando a tu casa absolutamente solo. Chamo, vives en Caracas aún, mañana quién sabe. Si no te han robado es porque eres demasiado negro para que te vean, o porque eres demasiado lechuo.

GG: Cállate, men ¿sabes qué quisiera tener ahora? Una pluma o un lápiz y un papel. Chamo te lo juro que gozaría una barbaridad escribiendo sobre el cielo de hoy, es que míralo.

Men: ¿Para escribir? ¡Ja! Qué marico, lo que te motivó a escribir hace unos años, tú y tus caprichos.

GG: Marico no, mamagüevo, aún la recuerdo, me volvía loco, perdí el juicio, causaba que mi mirada se posara sólo en ella incluso cuando mis parpados se encontraban cerrados. Estefanía, la recuerdo, así era su nombre. Fui madurando intenté escribir algunos cuentos y los hice, luego novelas (demasiado jojoto para hacerlo). Entonces, de nuevo una mujer guiaba mi mano para escribir cursilerías por su perfume, esta vez Rebeca, y así fue. El amor y una mujer siempre me han sometido a escribir. Eso, claro, antes de conocer las injusticias y blasfemias de la política.

Men: Eso fue por lo que empezaste a escribir, pero ¿por qué abandonaste en algún momento? O sea, digo si cuadrabas culos con la vaina, y a las chamas les parecía interesante, y te gusta y lo llevas en ti, pues sinceramente sientes un respeto por escribir, ¿por qué lo dejaste?

GG: Por el béisbol, marico. Dejé de estudiar por el béisbol, y eso que me gusta. Chamo, yo soy humanista, todos me dicen que soy es pendejo porque que era bueno en la güevonada. Tuviera mis reales, pero no podría vivir sumergido en una vida donde un libro es enemigo, porque leer quita un tiempo sagrado para entrenar, porque leer te llena de dudas y te causa preguntas del mundo que son contrincantes de la mente de un deportista donde la única palabra que conocen es pasión, y hoy en día siento pasión por lo que me gusta, la sangre me hierve por la política, por escribir, por conocer.

Men: Marico, estamos aquí solos, ¡mosca con una vaina y bueno, o sea, no me vayas a estar agarrando el pene ni nada de esa vaina, mira que vamos a dormir bien juntos!

GG: Tú si eres gay, ¿y si te cogiera qué? Nadie lo sabría pendejo, no se lo dirías a nadie porque tú no eres nadie sin mí. Voy a morirme como un cubano atravesando las noventa millas a Miami, muerto de sed. Pronto los tiburones estarán como buitres esperando que caiga al mar, pero una vaina sí te digo chamo, los cubanos que escapan y viven para contarlo te aseguro que no se les pasará por alto el cielo tan arrecho que hay en un mar a las tres y cuarto de la mañana.

Sin embargo, un cielo pincelado por el mismo Dios no puede ser el costo de vivir condenado a cadena perpetua en una isla. Estoy acostado en mi bote luego de acabar el combustible, y luego de tres días en este mar desierto de alguna porción de tierra. Pero esa vaina no me importa. Si mi celular tuviera señal ahora mismo, le escribiría un mensaje a Gabriela, Jessica o a Víctor, a alguno de letrasalitros, y pediría esa tontería que se me acaba de venir a la mente, que escribieran de Cuba, siendo cubano, Castrista u opositor, si es que puedes serlo allá.

Men: Qué pendejada fue venir a pescar solos tú y yo.

GG: Men, así empezaron a decirme cuando era pequeño, un chamito de once años diciendo “men” de muletilla era gracioso. Me empezaron a decir “El men” y así me quedé para algunos.

Men: ¿Entonces qué? Deja de hablar paja. ¿Vamos a dormir?

GG: No, chamo, déjame sólo, sal de mi mente un rato, hoy quiero ser yo, déjame mirar este cielo y pensar.

Siempre me dijeron que cuando estás condenado a la muerte, recuerdas tu vida como una película en algunos segundos. Un recuerdo de mi infancia sería creerme un Power Ranger y gracias a esto meterme a practicar kárate. De cuando era un poco más grande, recuerdo tocar timbres en los apartamentos del edificio donde me había mudado y darme ahí mi primer beso jugando a la botellita. Ya en la adolescencia conocí dos carajos que hoy en día son mis mejores amigos, jugué fútbol y béisbol luego del desespero de no quedar en la UCV empecé a estudiar Estudios Internacionales, entre todas las carreras la que más me gusta, y mi último recuerdo es prender el motor de bote para navegar y perderme en el cielo azabache de esta noche, náufrago de Rebeca, de señal, y de escribir.

martes, 1 de septiembre de 2009

No éramos

Por Jessica Márquez Gaspar

Somos una multitud los que caminamos. Entre muros de piedra se desliza el grupo con idéntico compás.

Escucho el ruido sordo de las pisadas, el taconeo incesante de aquellos que hacia allá nos dirigimos.

De ella me acuerdo poco, sé que caminaba cerca de mí en la avenida.

Me atraía su sombra. Parecían tratarse como si fueran íntimas, como si fueran confidentes, amigas, como si cuidaran una de la otra.

Pero en aquel pasillo no había sombras, era ella sola, caminando, siguiendo el ruido de los pasos, recorriendo entre la multitud el silencio y la soledad.

Aquel pasillo no tiene principio. No creo que tenga final. Muros blancos, grises, se suceden interminablemente. Aún no sé cómo llegamos aquí. Caminábamos por un boulevard, al borde de la avenida, y de pronto…
No estoy seguro aún de qué pasó, pero en algún momento la perdí de vista, pareciera que fue desapareciendo. En la uniformidad del silencio, de la multitud, en el marchar interminable hacia allá, todos nos desvanecimos.

Es que sin sombra ni ella ni yo éramos nada. Nos perdimos.

No pudimos encontrarnos más en nuestras sombras, en nuestro reflejo en la pared. No hubo más confidente, más amiga para ella.

Mientras el mundo taconeaba, mientras el ritmo se mantenía interminablemente sin el ruido, sin el color, sin la luz, sin amor y sin locura, sin pasión, nosotros caminábamos por aquel pasillo sin final, hacia allá. Perdimos nuestras sombras, y ya…no éramos.

Se perdió

Por Samar Hokche

Se fue en una noche oscura sin luna ni estrellas, sin sueños ni anhelos.

No fue hasta medio día que me di cuenta de que algo me faltaba, no me encontraba completa, busqué a mis alrededores, pero todos los demás la poseían, era solamente yo que no la tenía.

Tal vez la lastimé aquella oportunidad, les juro que no era mi intención y ahora no sé dónde se encuentra. El curso de la vida seguía, pero en cuanto a mi ser permanecía inmóvil ante la idea de haberla perdido, perdido a mi única amiga.

Ahora me invade la inseguridad y el miedo a seguir por mi cuenta. Mi presencia se ha desvanecido en sus recuerdos oscuros. Mi silueta, mi perfil, ella ha sido el trazo de mis pensamientos e ideas. Toda mi esencia duda de haber existido antes. Me siento abandonada.

No está detrás de mí, y ahora entiendo que no soy nadie sin ella.

Por eso les ruego que si la ven, a mi sombra, díganle que por favor vuelva a mí.

La pareja perfecta

Por Andrea Gómez

Qué bella era aquella mujer, era diferente de todas.

Era la bondad personificada… si en ese momento creyeran en dios dirían que era la mismísima virgen.

Tan pura y delicada, con una piel blanca de porcelana y una gran sonrisa... Así era ella.
Lástima que era tan fea como la cosa más fea del mundo.

Por el contrario estaba él, un hombre hermoso de piel oscura.
Un dios en la tierra.
Las mujeres caían a sus pies como moscas. Su cuerpo era tan duro como una roca y su mirada causaba escalofríos.
Lástima que era tan malo como la cosa más mala del mundo.

Lo curioso de estos personajes es que se amaban con locura.
Ella lograba ver el lado bueno de él.
El lograba ver la belleza de ella.

Juntos mantenían un perfecto equilibrio.

La gente los llamaban la Mujer y su Sombra.
Ella era la luz, lo puro.
Él era lo oscuro, lo temido.

Dicen que en cada objeto o persona existe su opuesto y que de esta manera encontramos un perfecto equilibrio.

Ella se llamaba Yang... Creo que ya conocen el final de esta historia.

Mujer oscura

Por José Leonardo Riera


Estoy enamorado de una mujer oscura,

Misteriosa,

Intangible,

Perversa,

Interesada.

Yo siempre la persigo,

Díganme masoquista.

Y es que el amor es lucha y nunca es conquista.

De mujeres y amor las historias sobran,

Pero no ha existido quien ame una sombra.

Y yo amo a una oscura,

Perversa,

Misteriosa.

lunes, 31 de agosto de 2009

Gritos oscuros

Por Gabriela Valdivieso

Había probado que no existe. Que todo es un espejismo. Que ella y lo circundante son sólo construcciones subjetivas y mentales. La sensación de realismo es la trampa que somete a los débiles.

Ella no existe, nada lo hace. Luz, color y movimiento son sólo engaños de sus ojos. Textura, tamaño y forma, mentiras de sus manos. Sonidos, maniobras de sus oídos. Sabores y aromas, tretas puras.

Todo es espejismo y ficción, todo falsa percepción.

Tal pensaba cuando una mañana reparó en ella. Oscura y desplegada. Como pegamento, su sombra se adhería a la maquinaria de tantas mentiras. Debía ser aquella cosa otra ilusión. Una que jugaba con ella dejándose ver sólo con luz. Una que la perseguía hasta las últimas consecuencias. Movíase cuando ella lo hacía. Corría si su maquinaria corría.

Oscura y perversa era ella su amiga y su enemiga. Estaba allí para mostrarle el error de sus razonamientos y sus largas dubitaciones.

Le probó su falacia. Ella existe, pues esa negrura es su límite. Su alcance. Su dimensión se agota en la extensión de la oscuridad. Existe además porque es perseguida. Existe porque es objeto de otro objeto. Es maquinaria de otra entidad.

Quiso dejar de existir, de verdad, pero se dejó ser. Permaneció con su compañera, odiando sus gritos de verdad y vida.

Bailando tras cortinas

Por Guillermo Geraldo

Fue un día ajetreado, de esos de oficina en los que comes un sándwich de almuerzo frente al monitor, con un stress casi fulminante, entre gritos y papeles.

Había llegado el fin de semana y me encontraba boca arriba. Preferí cerrar los ojos antes de seguir mirando el techo que hacía de cielo (bastante atípico y opaco), entonces empezó a sonar una melodía a alto volumen. Sonaba una composición llamada El lago de los cisnes. Mi oído aún podía reconocer aquellas notas incluso luego de la muerte de mi madre, profesora de ballet desde que tengo uso de razón. Conociendo las inclinaciones de los muchachos apasionados por este arte, mi madre prefirió alejarme de él y dejarme antes de cada lección en un campo de fútbol muy cercano a su academia.

Sin embargo, mis oídos estaban hinchados por los gritos de mi jefa. No soportaba el más mínimo ruido, las notas retumbaban en mi tímpano como golpes de un boxeador. Sin duda alguna había sido el día perfecto (lo manifiesto de forma sarcástica); de un lado a otro en la oficina, tráfico infernal y, además de esto, a pesar de ser fin de semana no me dejarían dormir. Decidí asomar mi mirada por la ventana, buscando el origen del sonido. Quien fuese debía bajar la música luego de mis gritos irritados que estaban a punto de ser escuchados en todas las residencias debido a mi mal humor. El silencio fue seguido por un fuerte suspiro, esto motivó mi recorrido en el camino al buen humor y la impresión de lo que vi: parecía un teatro de sombras, su cabello hacía como tentáculos de medusa en conjunto con el compás de su ritmo vertical. De puntillas se podía apreciar que bailaba. Llevaba un tutú, al menos a eso conllevó mi intuición al observar el faralao que se trasladaba a sombras. Estuve aproximadamente media hora observando la silueta de lo que sin duda alguna era una orquídea ilustrada en persona.

El teatro de cine se convirtió en espectáculo nocturno. Al empezar El lago de los cisnes, Cascanueces o incluso alguna composición de Yann Tiersen, mi cuello volvía a asomarse por la ventana a verla. Eso fue el principio, luego la observaba obsesionado. Su sombra delataba cuándo se quitaba la ropa. No tenía el mínimo conocimiento de mi existencia, infinidad de veces pensé bajar con el pretexto de azúcar o con algunos discos musicales de mi madre, pero siempre fui introvertido y el miedo superaba mis deseos.

Estaba absolutamente enamorado de ella, su danza y el vaivén de su cabello. Empecé a ir a hechiceros y ese tipo de personas, videntes o cómo se les quiera llamar que quizás puedan ver un poco más allá del presente. Hice rituales con baños de rosa y perfumes exóticos, pero jamás en el té, café o bola de cristal salió la mujer de las sombras.

Pronto habían pasado meses desde aquella noche de humor bipolar. Sabía a las horas que salía y a las que llegaba. Anhelando el día en que su cortina estuviera abierta de par en par, en el que dejaría de lado las sombras. Quería ver su piel, el color de sus ojos y su cabello, sin embargo mi mayor anhelo era encontrarla en los pasillos, cosa que no sucedió. Es algo absurdo pero así fue durante meses, quería dejar de preguntarme su nombre, quería olerla, rozar su mejilla con un beso al presentarnos.

Un día vencí el miedo. Era un sábado y en el siempre pleno atardecer cuando prendía luz en su habitación y se empezaba a notar su sombra. Hacía una pequeña maleta; medias, tutú y zapatillas no faltaban en ésta. Supongo que cada sábado tenía alguna presentación. Ese día salí de mi casa. Apenas me dio chance de rociar algo de agua de colonia en mí, esperé el ascensor, pero tardó demasiado en llegar. Bajé por las escaleras corriendo como alma que lleva el diablo, pero era demasiado tarde, ya se había ido. Esa fue la única vez que desafié el temor y la muralla de mi timidez.
Pero sin duda alguna, ningún miedo fue peor que cuando me asignaron salir del país por negocios. Eran apenas unos días, pero la frustración de no verla por esos días me inundaba. Mis manos sudaban en el avión imaginando que al regresar no estaría, que la mujer de la sombra se esfumaría de mi vista.

Llegué de viajes y aquella noche no sonó nada similar a una nota musical, ahora lo único que aturdía a mis oídos eran el infame silencio de una noche pacífica. Pasaron los días, pensé que podía estar de viaje como yo, pero no fue así. Me di cuenta de que el destino no es el que lo quiso así, fui yo. Soy yo quien por miedo no me arriesgo por grandes cosas. Sentía una punzada fuerte en mi pecho, mi corazón estaba hecho pedazos por la ausencia de El lago de los cisnes en mis oídos, y del teatro, el tutú y la mujer de las sombras para mis ojos.

Jamás volví a mirar silueta alguna como aquella.

miércoles, 26 de agosto de 2009

AUTOENTREVISTA CONTRA-PERSONA




Los cordones con los que me había atado me estaban cortando las manos. Estaba mojado, desnudo y completamente ausente. Mientras tanto ella me miraba con los ojos negros y profundos, donde apenas pude adivinar las pupilas que se dibujaban con maldad. Ella sonreía y parecía satisfecha, se relamía con gusto los labios mientras movía las caderas, ahí, sumergida en lo que parecía un sofá rojo y sucio. Creo que tenía una cola larga y tupida, no alcancé a ver, sólo sabía que estaba aterrado y que debía hacerle cinco preguntas concisas, sino me rebanaría la cara con un cuchillo para pizzas.

Napoleón Bravo: Entonces… Tú me dices que eres escritora o que pretendes serlo ¿verdad?... Bien. (Asentí nervioso, con un papel arrugado en la mano) ¿Cómo te llamas?

Noelia D: ¿Y tú crees que te diré mi nombre de verdad? ¡Pendejón! Sólo te diré que gusto de usar seudónimos. Este, por ejemplo, puedo escribirlo bajo la forma de June Tuesday, un seudónimo que uso desde los dieciocho años. Creo que estaba un poco enferma de mi latinidad, pero ahora que me hallo reivindicada con mi identidad, puedo decir que aún uso ese seudónimo como recordatorio de mi proceso de aculturamiento.

N.B: ¿Por qué yo? ¿Por qué una entrevista conmigo? (Estaba temblando, pero mi inquietud como periodista fue más fuerte que el huracán que se estaba gestando en mi estomago) ¡Si a usted no la conoce nadie! (Ya estaba hecho, quedaría como la imagen oficial de Pizza Hut)

N.D: Sabes, Napo, si usted y yo nos hubiéramos conocido en otro contexto menos forzado hubiéramos podido ser buenos amigos. Yo le podría llamar “León” o “Napolitano” –empezó a armarse un joint de hierba– como la salsa… la de comer, no la bailanta. –Silencio–. Usted me pregunta que por qué usted. Verá, estoy en un grupo llamado “letras a litros”, somos una especie de secta que hace sacrificios humanos en el Parque del Este para luego arrojar los cadáveres a los patos. Una de las “ofrendas simbólicas” del grupo es la elaboración de una autoentrevista. –Se ríe mientras cambia de posición en el sofá mugriento –con el dedo del joint me señala la cara–, pero soy muy franca para eso, ¿verdad? Para hablarme conmigo misma. Además quería legitimar mi puesto como futura figura importante, con un entrevistador igual de importante, que no temiera contagiarme un poco de su brillo. Yo me cuido de las escarchas, ¿sabe? –Toma otro jalón del joint y prosigue–. Me gusta su voz. Ademas, Ivan (Loscher) y Érika (De la Vega) estaban de viaje, y usted tan frágil, haciendo cola en el banco como cualquier “Pedro Perez”… Era totalmente irresistible al arrebato. No lo tome como un secuestro, tómelo como un “préstamo contra-persona”. Prometo devolverse a usted mismo al final de la tarde. Quedan tres preguntas, Napo, sea breve, que soy una persona medio gato muy ocupada.

N.B: ¿Por qué la reiterabilidad del sexo en sus escritos? ¿un trauma freudiano en la infancia? ¿una fijación, quizá? (Estaba totalmente borrado, sólo leía las preguntas del papel arrugado).

N.D: No se descomponga, mi Napo. A mí gusta el sexo porque el Caribe es sexo, porque nos construyen con sexo y nos crían con eso. Y no temo caer en un lugar común, porque el gusto es demasiado resabido. Miré ¿a usted nunca le han dicho que si se “pajea” le saldrán pelos en la mano? ¿A usted nunca le han llevado a burdelear?. Esas contradicciones ideológicas son, básicamente las razones por las cuales me gusta escribir de sexo, siempre al margen de la imagen pornográfica. Los franceses tienen entre sus escritores grandes escenas de amor fácilmente traducibles a la imagen sexual. Vale decir que son imágenes que también nos ayudan a construir el amor romántico en occidente desde el siglo XIII. No es casual que las personas que amen el amor, sean sexuales en su mayoría. Yo amo el amor, sólo que mi idioma es un poco menos sutil de lo que yo misma quisiera. Creo que soy un poco animal.

N.B: ¿Un poco?

N.D: Sí, sólo un poco… ¡Prosiga por favor!

N.B: Creo, que usted también hace talleres de cine y estudia antropología. ¿Por qué no se decide por una de ellas de una buena vez?

N.D: ¿Decidirme? ¿Por qué? ¿Acaso no uso sólo el 10% de mi capacidad cerebral? ¿Qué haré con el 90% restante? Me moriría de aburrimiento si sólo pudiera expresarme de una sola manera. Sin embargo, en la literatura algo que me llama poderosamente. Es la necesidad de soledad. El cine es un trabajo en equipo, y yo no sirvo realmente para eso, en efecto, de cine sólo tengo un par de guiones y no son muy buenos. En cuanto a la antropología, es un muy buen ejercicio de análisis, es todo. Si hubiera sido por mí hubiera estudiado letras o periodismo. Creo que guardo una deuda conmigo misma, un pagaré de vocación, podría decirse.

N.B : ¿Cuál es su género favorito?

N.D: Crónicas, ficción y poesía. Esta última es la más difícil y la más urgente. –Ríe– ¿Sabe? Rimbaud murió buscando unir la poesía con otros tipos de arte. O sea, buscando hacer un arte unificador. Me recuerda un poco la teoría de los campos gravitatorios unificados de Hawkings. –Silencio–. Yo no sé si realmente el ser humano sea lo suficientemente holístico consigo mismo como para lograr unir no sólo el arte, sino el vivir con el dejar vivir. La poesía sirve mucho para eso, ¿sabe? Para vivir y dejar vivir, siempre a través de las imágenes. Es algo hedonista, pero es así de necesario. Así de vital.

N.B: Esta es la última pregunta: ¿básicamente para qué es esta auto entrevista?

N.D: Auto entrevista forzada, señor mío. A las cosas por su nombre. Es parte de la ofrenda, debo decir sobre qué deben escribir los otros durante la entrevista. Creo que deberían escribir sobre: “una mujer y su sombra”. Sí, eso debe ser, sobre una mujer y su sombra. Es todo. Vestida, desnuda, dormida, muerta, haciendo el amor, leyendo, hablando. Con su sombra. Quiero ver cómo son creando imágenes.

N.B: Bien, es todo. Me siento mareado. ¿Me deja ir?

N.D: claro. El Demerol poco a poco dejara de fluir y usted podrá irse. Solo trate de no hacer ruido. Abajo hay niños y uno debe ser considerado con la gente. ¡Saludos! – ella me da la espalda y me deja solo, en el frio salón, amarrado. Con sombras riendo y mofándose de mi, en la oscuridad-