Por Gabriela Valdivieso
¡Allá! FFFFFFFFFFFFFFFF suena el ave grande en el cielo.
Mamá me dice que busque las estrellas fugaces, pero yo prefiero los aviones. Dan tiempo de pedir no uno, sino mil deseos. Pido siempre barbies, cosquillas y sirenas. Pero el deseo por el que aprieto más los puños y cierro más los ojos es el sueño de surcar los cielos, tocar el sol, engordar de noches y acercarme al Dios Cosmos.
"¿Sprite, dijo?", sonrisa por acá. "Señorita, ¿qué gusta tomar?", sonrisa por allá. Cabellos recogidos, ojos delineados, boca pintada. Cualquier turbulencia emocional debe serenarse en nombre de la cortesía.Ignorantes me envidian. Me llaman, sonrientes, "ciudadana de mundo". Me llaman "ligera de andar", "guía de los aires". Moza del aire, aeromoza y azafata soy.
A ningún lado voy, porque voy a todos indistintamente. Acompaño, no tanto "ayudo", a otros a ir por sus sueños. Mi maleta es minúscula como mi apetito porque no tengo vida ni recuerdos.
Tampoco respuestas, en el cielo sólo hay nubes, y más y más preguntas, que por qué, que quién. Hace mucho que extravié mi acento y mi origen en alguna escala. Con el síndrome "ni de aquí ni de allá" serpenteó mi identidad, pero tenuemente, como se va escapando la juventud.
Hoy quiero divorciarme de la soledad y aterrizar a la posibilidad. Las salidas de emergencia están para mí debajo de mis pies, por algún lugar lleno de luces y montañas, pero dónde, el mundo se me hico pequeño, desde acá todo luce igual.

