sábado, 8 de agosto de 2009

Piano: belleza, fantasía y horror.

Cualquier película, con un buen fondo musical de piano, resulta ser maravillosamente tierna y/o hermosa. Yo, por mi parte, prefiero las películas basadas en hechos reales. Pero sorprendentemente, los hechos reales de hoy en día son tan increíbles que pareciera que éstos han sido sacados de una película de aventura.

"Esta vida está basada en una película de aventura".

Es precisamente eso lo que define mi estilo y selección de temas al escribir. La fantasía, la belleza y los increíbles hechos reales.

¿Quién dice que estos elementos no pueden fusionarse?

El que lo diga es porque no ha visto a un chico tan desastroso como yo tocando un instrumento musical tan hermoso como lo es el piano.

Entonces pues, les invito a que nos detengamos un momento y empecemos a darle un toque de belleza, y fantasía, a nuestros increíbles hechos reales.

viernes, 7 de agosto de 2009

Así es la vida



Así es la vida

Por Pinocho en el Ministerio
A.K.A Jessica Márquez Gaspar


El día que me di cuenta de mis errores fue inútil. Aún era joven y podía repararlos. Aún tenía la oportunidad de volver a comenzar, de rehacer de mi vida. Inútil, totalmente inútil. La idea es llegar a viejo, tener como ochenta años y darse cuenta de pronto que cometiste tantos errores, que dañaste todo, que te frustraste tú solito la felicidad y que alejaste a los pocos que te soportaban y querían. Ése es el orden natural de las cosas, así es la vida. Pero no. Yo a mis treinta y tantos sabía ya que estaba jodiendo mi vida. Ahora tenía que dedicarme a darle un vuelco, a cambiarlo todo. Qué ladilla. Desde aquel entonces soy infeliz, mucho. Porque no tuve lo que todos tienen: la oportunidad de morirse insatisfecho con la vida, quejándose por todo y arrepintiéndose. Quién me manda, no debí ponerme a analizar, qué terapia y qué psicoanálisis, qué retrospección y qué nada. Y de la confesión ni hablemos. Yo tenía que quedarme tranquilito y dejar que las cosas siguieran su curso. Así es la vida, chico, y así debió haber sido. Ahora soy un tipo satisfecho, casado, con hijos. Tengo mi propia empresa, alcancé mis sueños. Tengo casi noventa años y estoy sano. Los médicos dicen que a este paso me moriré de causas naturales como a los 103 años. Esto no es justo, de pana. Es que el día que me di cuenta de mis errores fue inútil porque me cambió la vida, ¡Coño!

miércoles, 5 de agosto de 2009

Despedida

Por Moisés Lárez

São Paolo, 16 de octubre

Querida mía:

Con estas breves líneas sólo quiero que te des cuenta de que sí te quería. Sabía que ni una carta como ésta ni todos mis esfuerzos hubieran podido hacerte cambiar de opinión. Por eso tomé esa decisión, porque mi estadía en ese lugar ya no tenía ninguna razón. Quiero decirte que mi amor por ti fue real en primer momento, pero que después por mis necesidades fisiológicas empecé a utilizarte para satisfacerme. También a ti, porque yo sabía que te gustaba, pero cuando pasamos –o, en realidad, pasé– al siguiente nivel el placer para ti se acabó y yo sólo era como una bestia que se alimentaba con los más exquisitos manjares de tu cuerpo.

Lo siento.

El día que me di cuenta de mis errores fue cuando Jazmín empezó a decirme las mismas cosas que tú. En ese momento no la conocías, ni sabías que éramos amantes. Recuerdo con mucho placer cuando la conociste. Yo pensaba que te molestarías, que me dejarías para siempre, pero no fue así. Me sorprendiste. Resultaste ser una mujer demás valiosa, y así, sin más, yo seguí desaprovechándote. Me cegué más y empecé a saborearlas, sin darles cariño, ni amor. Sin saber que por dentro ustedes era lo que más quería: las amaba. Ahora llegan a mí flashes: recuerdo las noches en que las tres disfrutábamos el máximo placer, recuerdo cuando casi te mato y cuando ustedes intentaron asesinarme. Lo entiendo; yo también lo habría hecho. Ahora estoy viajando, conociendo otras mujeres para empezar un grupo como el de nosotras; para tratar de hacer las cosas bien.

Quizá jamás te olvide, como sé que quizá tú tampoco lo hagas.

Patricia

P.D.: Eras mi favorita. Por eso sólo te escribí a ti.

martes, 4 de agosto de 2009

Creep.



Recuerdo que la canción era Creep, de Radiohead. Recuerdo que calenté la voz por unas excesivas dos horas antes y recuerdo que cuando por fin fue mi momento de entrar al stage los nervios me jodieron la primera estrofa.

Pero así no es como comienza la historia.

Rewind. Estamos sentados en la acera, tomando, y surge el tema. Alexis ha estado balanceando la idea de una banda de acá para allá y aunque todavía no se han repartido claramente los papeles de la obra, ha dejado establecido que quiere que yo cante. La sugerencia no nace del azar. Durante meses, cada vez que salimos de la universidad nos vamos de insurrección urbana; provocamos a emos a pelear, pedimos direcciones de cosas que quedan en la vía de donde venimos (para responder con “gracias, jalabola”) e insultamos a la gente en las paradas de autobús portando máscaras estúpidas de extraterrestres felices. Todo con un soundtrack de Foo Fighters, Depeche Mode, Pearl Jam, Black Sabbath y Metallica, nosotros cantando y haciendo numeritos musicales con Bohemian Rhapsody y Simpathy for the Devil (en un par de ocasiones memorables fue Bad Boys, la canción de reggae famosa, ¿sabes? Bájatela. Ahora).

Por supuesto que mis falsetes y los vibrattos, el control del aire y las técnicas para alcanzar las notas más altas no me nacieron de talento natural; durante mis primeros tres años en el bachillerato estuve tomando clases de canto, paralelas con las clases de violín, porque no había nada más que deseara en el mundo que estar en una banda y ser como los tipos que veía cuando llegaba de la escuela todos los días a poner Mtv (cuando salir en Mtv no era vergonzoso). Las paredes de mi cuarto estaban tatuadas con afiches de Guns N’ Roses, Aerosmith y Iron Maiden. En mi persecución, logré de hecho formar una banda con compañeros de mayor y menor talento. Tocamos para la gente sólo dos veces.

Lo que sucedió fue una mezcla de factores que radicaban en la confianza que tenía en mí mismo (o la falta de ella). Para empezar, no poseía un estilo propio y cuando imitas a alguien más es imposible que te gustes, porque no vas a sonar como ese alguien. Si no estás acostumbrado a oírte, vas a decepcionarte. Por otra parte, odiaba el sonido de mi voz en un micrófono. Sonaba mucho más joven, mucho más suave y mucho más blargh que como sonaba a capella. La única solución era cantar con timidez, medida contraproducente porque si no abres la boca y te dejas de mariqueras, no vas a sonar bien jamás. Era descorazonador ver a tus amigos aprendiendo a tocar sus instrumentos mientras tú permanecías con un instrumento cuyo sonido odiabas. Así que renuncié. No dejé de cantar; sólo dejé de hacerlo para los demás.

Forward. Estamos sentados en la acera otra vez. Las cervezas ya no son las mismas, pero el tema permanece. Cuando Alexis me propone que cante, asiento y escondo mis miedos. Creo que esta vez puedo hacerlo mejor. Después de tantos años, estaba preparado para un round dos, que bien iba a decidir mi futuro como cantante.

Ahora sí.

Empieza la batería y el bajo de Creep. Estoy nervioso y cuando por fin empiezo, uso mucho vibratto. Es lo que he hecho cuando estoy nervioso desde tiempos inmemoriales. No miro a nadie a la cara. La música lleva un tono diferente al mío y es evidente que no estamos acompasados. Soy vagamente consciente de esto. Estoy luchando mi batalla por dentro.

I wish I was special. So fucking special.

But I’m a creep…

Entran las guitarras con fuerza y el ambiente empieza a cambiar. Consigo el tono, como se dice, y permanezco en la octava correcta. Y mientras canto la canción, algo por dentro sucede. Algo que no había experimentado hasta ahora.

I want a perfect body… I want a perfect soul.

La voz que estaba retumbando no era la de otro. Era la mía. No más miedos, no más debilidades, no más sensación de estar bajo una lupa. No existe un mejor momento que el presente.

She’s running out again…

Todos mis errores estaban siendo creados por el miedo. Enfréntate a tus miedos, libérate de ellos y verás cómo se vuelven una fuente de poder. La música desciende, el espíritu recobra poco a poco la conciencia y cuando terminas, demasiado pronto, inyección de endorfina inmediata: aplausos.

Amo a mi instrumento.

lunes, 3 de agosto de 2009

Aprendiendo a errar

Por Gabriela Valdivieso

Lo despertaron a la quinta llamada y alcanzó, antes de salir rumbo al colegio, a rayar de marcador morado el zapato de su hermana.

A las ocho le dijo a la profe que no estaba tan delgada. A las nueve, en el recreo, ganó la partida con una carta de otro mazo. A las diez tomó un lápiz prestado para siempre. A las 11, tras la clase de Lengua, le arrancó una página al cuaderno de la niña que le gusta. A las 12 hizo esperar a su mamá en el carro.

En casa, a la 1 se negó a comer vegetales. A las 2 mató nueve hormigas con una desgastada lupa. A las 3 escondió el labial de la empleada doméstica y a las 4 le recordó a su hermanito que el cielo era verde y las cotufas anaranjadas.

A las 5 encerró a Pelos en el baño. A las 6 le dibujó un bigote al anciano del cuadro de la sala. A las 7 se comió las papas fritas de su hermana. A las 8 ensució de chocolate la corbata de su papá. A las 9 agujereó con el compás el ojo derecho de un peluche y a las diez jugó con Alka-Seltzer en perfumes.

A las diez lo enviaron a la cama y se entretuvo cortando retazos de un libro hasta las 11:59. Entonces, a un minuto de distancia del día siguiente, se arrodilló al lado de la cama, juntó sus manos y mirando al techo pronunció: "Gracias, Diosito, por permitir que los errores me hagan aprender como dice mamá. Gracias por todo. Nos vemos mañana." Se acostó mirando a la ventana. Le sacó la lengua a la luna y cerró los ojos. Hasta hoy.

CONOZCO A MUJERES



Conozco a mujeres

Por Noelia Depaoli

Sudor, pálpitos, su boca, mi boca, sus ojos, los míos, mi pecho, su pecho, los puños, mi puños, mi sexo, su sexo. Eva se llamaba, y esta noche le voy a caer a coñazos porque me pagarán 5.000 bolívares si la dejo nock-out en la lona. Estoy excitado, tengo miedo.

1er round

Se acerco a mí y me dijo: “tú eres tan macho, pero tan macho, que te mandaron a pelear contra mí, ¿verdad?”. No habían encontrado un contrincante tan ligero como ella entre las mujeres por eso me habían mandado a mí, a “el rayo Rafael Jiménez” . Luego Eva continuó: “a mí me dijeron que te llamaban “Rafael cuerpo’e jeva” y por eso te mandaron conmigo” y empezó a reírse, la maldita.

Me gustó verla antes de la pelea: será como cuando tiramos, “Rafael cuerpo’e jeva” pero ahora tú estarás abajo, me dijo. Me quedé callado, tenía miedo de realmente golpearla fuerte, pero me prometieron 5 palos y en verdad necesitaba la plata, se lo dije: “sabes que tengo 4 hijas, ¿verdad?, sabes que me pagaran mucho por joderte esta noche, ¿verdad?” (“Me perdonarás ¿verdad?”, pensé). Ella se quedó callada mientras se ataba los botines. En el pasillo alguien pasaba, era el negro, su entrenador. Me miró con cara de pocos amigos… creo que sospecha que hemos estado tirando. Ella seguía callada, ahora se estaba arreglando la franelilla, supe que no diría más nada y me fui.

2do round

El lunes la vi desnuda por primera vez: tenía las tetas como mis pectorales. Trató de comportarse lo más femenina que podía, incluso tuvo algo de vergüenza durante el espectáculo íntimo. Pero no me aguanté: “siento que tiro con un tipo”. Eva se compostura como un gato y bufa: “conozco a tipas con el huevo más grande que tú”.

1er asalto

Los gritos me animaban mientras la luz de la lona me enceguecía. Ella estaba furiosa, estaba sola, todos querían que la jodiera. Se puso el protector bucal, el negro le dijo alguna pendejada al oído. Yo me hice el loco mientras pensaba: “la plata, la plata, la plata, coño’e su madre Eva, la plata”… Nos acercamos uno al otro al medio de la lona, el réferi hizo el protocolo de rigor, la miró a ella, me miró a mí, entonces sospeché que también sabía que me la estaba cogiendo, aunque a veces fuera lo contrario. Chocamos los guantes, la multitud enloquecía. Recordé sus pechos cabalgando sobre mi cuerpo, “no eran de hombre sabes, Eva” alcance a decir, cuando ella me volteó la cara con un derechazo.





3cer round

Tardé poco en acostumbrarme. Ella me golpeaba rápida y fuertemente con toda la intención de romperme la quijada y yo la empujaba profundamente con el deseo de partirla por la mitad. No sabía si gemía o no. Solo me oía a mí mismo jadeando como si subiera una cumbre. Ella gritó y yo también. Nos quedamos dormidos, ella apoyó su cabeza en mi pecho, mi nariz sangraba y creo que su sexo también.

La noche se extiende como un espejo negro…

Tardé poco en recuperarme. Ella me miraba a los ojos, pero ahora yo sólo miraba la plata. Brincaba alrededor mío como un conejo. Yo buscaba su cara con mis puños, ella evadía rápidamente. Un gancho izquierdo suyo quedó en el aire y dejó libre un flanco derecho de su cuerpo. Le encajé un coñazo en la costilla y ella quedó sin aire. Entonces la pensé y le encajé otro gancho en el rostro. Volteó su cabeza completamente, la sangre me salpicaba, ahora estaba totalmente excitado. Ella cayó en el piso.

Diez, nueve, ocho, siete, seis. A la quinta, se levantó vuelta una fiera. Pasaron los 2 minutos. Se sentó en una esquina de la lona mientras mi entrenador me recordaba lo “marico” que era por pegarle así a una mujer. Yo pensaba: “la plata, la plata, la plata, me importa un carajo Eva, la plata”.

2do asalto

La campana suena. “conozco mujeres que tienen el huevo más grande que tú”. Su voz recorría mi cuerpo como una corriente eléctrica. Sentí una leve erección mientras ella trataba de encajarme los puños en la cara. Recordé lo duro que era su vientre y lo inútil que sería si le pegaba ahí, entonces yo también buscaba su cara, especialmente su boca: “para que más nunca nadie te bese”. Estaba furiosa, me encajó dos o tres golpes en la cara. No recuerdo bien, sólo sentía cómo mi sangre se metía por mi boca entreabierta. Mi entrenador paró la pelea al minuto y medio.

–Se te nota cansado, Rafael, ¿qué coño te pasa, vale?
–Tienes que verla en la cama, viejo. Es como una tigra.

El timbre sonó. Este asalto lo gana ella.

–A la próxima jódela, Rafael, jódela como si te la estuvieras cogiendo, me decía.

3 asaltos, 4 asaltos, 5 asaltos, 6 asaltos

Son largas ciertas agonías del corazón

7mo asalto

Su boca sangraba lenta y estúpidamente. Un largo y delgado hilo de baba roja colgaba de su labio inferior mientras sus ojos deformados me miraban extraviadamente. Mis cejas estaban destrozadas al igual que mi nariz. De mis dientes brotaban otros dientes rotos, me había mordido yo mismo la lengua. Estaba distraído. Un sólo coñazo más y uno de los dos perdía o ganaba la pelea. Era seguro que después de ésta, no podíamos sino casarnos o dejarnos de ver por siempre. Ya no pensaba en la plata, sino en mi cuerpo sobre Eva, estaba harto distraído. Pero Eva encajaba en cada puño el corazón. Estaba destrozada.

Un gancho derecho débil y mal parado encajó sobre su nariz. Ella se recuperó rápidamente del golpe mientras me seguía mirando a los ojos. Me metió un golpe en la sien, pero nada, luego otro en la ceja, pero nada. Entonces me encontré en ventaja y en su mirada vi su derrota. En ese momento sentí algo como un golpe muy fuerte y hondo, luego un vaho negro y espeso.

***

Cuando me desperté, estaba en el hospital. A mi lado había flores. Mi entrenador se alegró de verme con “tan buena cara”. En mi interior sabía que estaba vuelto mierda, pero aún así, y recordando un poco la pelea, que al final y cuentas ya no importaba si yo hubiera ganado o perdido, sólo quería saber que hacía acostado viendo cómo mi entrenador y otros pugilistas me veían con lastima y con sorna.

–¿Qué carajo pasó? ¿y la pelea? ¿Yo gané la pelea? ¿Qué hago aquí, vale?

Mi entrenador se acercó y con la mirada gacha me dijo en tono solemne: “Eva te explotó las bolas viejo. Fue tremendo derechazo. Parece que te sacó sangre y todo. Tú no gritaste ni nada, sólo te desmayaste. La descalificaron de inmediato y por ende ninguno de los dos ganó la pelea, pero los organizadores igual te dieron los cinco mil bolívares porque con eso tú podrías… tú sabes, viejo.” Y se quedó callado.

No quise preguntar por Eva, no quise saber nada de la plata, fue mi error no haberla matado antes cuando su frágil cuerpo cabalgaba sobre el mío o cuando estábamos en los primeros asaltos. Estaba callado. No atinaba a decir nada, sólo su voz diciéndome “conozco a mujeres que tienen el huevo más grande que tú” me recorría el cuerpo como una serpiente eléctrica.

Melancolía de un alma en pena

Por José Leonardo Riera


El día en que me di cuenta de mis errores fue precisamente el día que asesiné a Cora. Me dio una terrible melancolía, pues yo ya estaba muerto.

Niño

Niño
Por Pinocho en el Ministerio
A.K.A. Jessica Márquez Gaspar

El niño alzó suavemente su mano hacia su objeto de deseo y afecto. Se estiró como si aquello fuera necesario para seguir existiendo, como si la ansiedad le consumiera por dentro, le consumiera el cuerpo.
Desde el piso de tierra y bajo el techo de zinc, el niño se inclinó hacia sus queridos y únicos juguetes. Ellos, inalterables, yacían sobre la mesa en el centro de la estancia. Un manotón bien propinado los acercó hasta el borde, hasta su dueño. Con felicidad el niño apretó entre sus pequeños dedos un objeto alargado y otro rectangular. Se sentó en la tierra fría por la humedad de las lluvias y emprendió su viaje.
A ratos era pescador como lo había sido su abuelo. Con su caña hermosa con mango y anzuelo, navegaba mientras esperaba que el pez amarillo con una raya roja mordiera el señuelo. Así pasaron las horas en el apacible bote, sin que nada le molestara. Pero entonces empezó el sonido de los cañones y supo que tendría que luchar por su vida, porque sólo su valor, su escudo rectangular y su alargada lanza, lo protegerían de sus atacantes, y le permitirían salir con vida de aquello.
Luchó y luchó hasta que no quedó más que huir e internarse en la selva. Ahora no eran humanos sus perseguidores ni fabricadas sus armas. Los gritos insistentes de los animales lo mantenían alerta. Equipado con un largo rifle y un machete amarillo, atravesó la densa vegetación, atacado por el hambre y la sed. Cuando creía no poder más, encontró un pequeño pozo y un pedazo de fruta en el suelo. Agotado, se quedó dormido.
Poco a poco la luna se apoderó del cielo. Bajo las estrellas, una constelación de luces iluminaba el cerro. Sin electricidad el niño dormía profundamente desde temprano. En la oscuridad, sobre un piso de tierra y bajo un techo de zinc, sus manos descansaban, satisfechas, mientras apretaban con fuerza dos sucios objetos: un cepillo de dientes sin cerdas, y un desgastado ticket de metro.

sábado, 1 de agosto de 2009

2 cerdas y una raya negra



Sobre el aliento

Según el Dr. Arturo "cabeza de vaca" los cepillos de dientes sólo limpian el 20% de la boca, quedando el 80% restante en la más oscura y húmeda suciedad. No quería hacerlo público, Mauricio, pero sufres una enfermedad muy común en estos días de comida rápida y festejos banales; halitosis le llaman, y bueno, yo acepté esa enfermedad durante estos tres meses de amores, pero ya llega un punto en que no puedo, Mauricio, no puedo, besarte y ponerme azul; Parezco un pitufo enamorado y mis amigas se burlan de mí por estar enamorada del rey dragón. Por eso te dejo, ahí, tirado en la cama, esposado con las esposas de mi ex marido, que era dentista... qué cruel el destino.

Sobre los desalientos

Exterior/noche. Mauricio toma el teléfono:
– ¿Aló? (aburrido, somnoliento)
–Viejo, adivina a quién botaron del trabajo porque la "cacharon" haciéndole un "blow-job" al jefe... (Voz masculina emocionada e inquieta, completamente desquiciada)
– ¡Miércoles! (grita emocionado). No me digas: ¡¡¡Estella!!! La buenísima del segundo piso. Es que yo se lo veía en la cara, chamo, esa hembra se veía con ganas y una boquita de mamá... yo sabía que Arturo la iba a hacer pagar (sigue conmocionado). Ese aumento de sueldo no era gratuito chamo, no era...
– (Interrumpe a Mauricio) Chamo, fue la señora Elisa... la viejita que es mamá de Gonzales. La que tenía setenta años, que no sabía prender la computadora... Ésa.
– (Silencio)
- (La voz continúa, ahora un poco perturbada) Parece que fue en la sala 1. Arturo anda emocionado, dice que es como una succión al vacío. Gonzales no lo sabe, pero todos lo vemos como con lástima. Chamo qué feo. Esa viejita ni siquiera tenía dientes, chamo, me imagino que se cepilló las encías con el... (Se oye cómo alguien corta la comunicación del otro lado del auricular)
– ¿Aló? ¿Aló? Mauricio, ¿sigues ahí?

Sobre el transporte

Querida Estella:

Ayer mientras escuchaba cómo te quejabas de que el Metro de Caracas era una suerte de noveno círculo urbano, donde lo macizo de tus nalgas se veían obligadas a "fraternizar" con los cuerpos ajenos del enemigo, yo pensé en Tokyo, sí, Estella, como lo lees: ¡en Tokyo! Porque en Tokyo hay personas que cuando la gente no "cabe" en los vagones, los empujan hacia adentro del vagón, donde ellos como pueden se hacinan y se desean los buenos días mientras en sus cabezas giran las canciones de algún animé.
También pensé en el metro de Nueva York, donde los vagones están llenos de grafitis disidentes y negros, donde el gueto y la culpa se dan la mano porque las estructuras políticas que nos hacinan a los unos y los otros se mueven en nuestra contra y hacen que nos alegremos porque el jefe nos aumenta de sueldo. Sí, Estella, sí. Ese maldito jefe al que mi mamá le hizo un "blow-job". Ese mismo. Aquel que me despidió justamente cuando tú me decías que escribirte un "TE AMO" en un ticket de Metro era cursi, pobretón y estúpido.

Y yo pensé en Tokyo, en Nueva York, en mi mamá y me dije: "coño, Álvaro Gonzales, ¡¡tú sí eres imbécil!! Preocupándote porque te dijeron que un ‘te amo’ en un ticket de Metro era idiota, cuando tu mamá disfruta más de la vida que tú". Por eso, Estella, te escribo esto. No lo tomes como una despedida, sino como un hasta luego porque esos pobres japoneses y esos pobres del gueto y mi persona tenemos razón para quejarse de la vida...

Y tú me criticas por un "te amo" en un ticket de Metro... NO ME JODAS...

con Amor, Gonzales "el guevon"