
Once muchachos que quedaron picados porque el primer Rally Metropolitano de Escritores les pareció muy corto decidieron irse a los bares nocturnos caraqueños a beber birras y leer literatura. Cuando la cosa no dio para más crearon este blog porque las maravillas que estaban haciendo se estaban desbordando
miércoles, 16 de marzo de 2011
El Lagarto Terrible

jueves, 3 de febrero de 2011
Cuando éramos pobres
Noelia vs Moisés vs Paula: Pobreza, riqueza, redención
sábado, 29 de enero de 2011
Enamorada
28 de enero, pasillo de ingeniería, UCV
Por Víctor C. Drax
-¡Verga! Pero sí está más loco que el coño...
-¡Sí! Y por eso se empató contigo.
La mente obra deliciosamente sobre uno cuando se está enamorado. Por eso yo no me enamoro.
Prefiero estar loca y sola, a enamorarme y que sea otro el que venga a enloquecerme.
miércoles, 19 de enero de 2011
El deseo indescifrable y el pequeño regalo
No sabía si escribirte un cuento, un poema o una verdadera historia. Pero luego de llevar rato pensándolo, recordé que la literatura es tan extensa que puede pedirle a las palabras que soporten todo. Tu regalo será un cuento, un poema y una verdadera historia, espero que te guste.
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Erase una vez una linda niña que vivía en un palacio de tonos pastel, se vestía de lila y violeta y por las tardes disfrutaba de la puesta de sol mientras sus criados le ofrecían montones de manjares. Su habitación era extensa, repleta de juguetes y de cuadros exquisitos. Sus padres la amaban más que a cualquier otra cosa y todo lo que pedía se le concedía. Casi todo.
El único deseo no cumplido de la niña era la clave para su completa felicidad, pero nadie conseguía saber lo que era. Pongámosle nombre a la pequeña, se llamaba Noelia.
Día tras día, Noelia se sentaba en su silla de oro, ante la puerta del castillo. Todos y cada uno de los habitantes del pueblo vecino la visitaban, con la esperanza de por fin descubrir el deseo que aguardaba su corazón y hacerlo realidad. Nadie tenía éxito jamás. Al caer la noche, la pequeña Noelia volvía a su cama y recitaba el siguiente poema:
Dichosos aquellos que viven contentos,
sin muchas virtudes poseer.
Porque aunque yo tengo felices momentos,
eso que deseo nadie lo puede conceder.
Y luego de estas palabras, la niña se dormía. Todos los días y todas las noches era la misma historia, hasta que la niña decidió dar una pista de su deseo y una recompensa al más inteligente que la descifrara. Desde su silla de oro, dijo:
Lo que más deseo no es riqueza,
lo que más deseo no es amor;
la riqueza viene y va, a veces no regresa,
y el amor se encuentra hasta en una flor.
Lo que deseo es muy sencillo,
podrías buscarlo en cualquier parte.
Porque es un animal, como un pajarillo,
pero no vuela, ni su canto reparte.
Puede ser negro, marrón o blanco,
no me importa si es grande o chico.
Lo sentaría en un gran banco,
lo tendría como un niño rico.
Sus ojos serían luceros,
a través de la negra noche,
porque iluminarían el alto cielo
y todo sería derroche.
Si adivinan lo que yo quiero,
tendrían mil monedas de oro,
y que me coma un león fiero,
si no es lo que más añoro.
Cuando la niña dejó el poema por terminado, los asistentes se retiraron a pensar en sus hogares. ¿Qué querría Noelia? Un ratón, un conejo, todos eran animales. Tras varios días la solución fue hallada. Un humilde campesino tomó una caja y metió el regalo de la pequeña Noelia en ella, luego la llevó a palacio. Con mucha amabilidad se la extendió a la niña, que ya desilusionada de los demás intentos creía que era un fallo más.
Su grito de sorpresa llenó la habitación, y fue contestado por otro sonido, un maullido, que la hizo exclamar:
¡Vaya suerte que he tenido!,
mi querido campesino.
Lo que usted hoy me ha traído,
es mucho más dulce que el vino.
Un gatito, muy pequeño,
con un lazo y suave pelo.
Es mucho más que un sueño,
es como pisar el cielo.
Muchos años esperando,
día tras día en el portón,
puedo decir que hoy es cuando,
al fin pude alegrar mi corazón.
Muchas gracias, fiel amigo,
por traerme aquí este gato.
Jugará mucho conmigo
y me hará pasar el rato.
Luego de estas palabras, Noelia ofreció la recompensa al campesino por su grandioso ingenio. Las mil monedas de oro relucían en un enorme cofre, que cuatro hombres ayudarían a cargar hasta una granja en las afueras del castillo.
Sobra decir que desde ese día Noelia pudo ser feliz, ¡sólo quería un gato! Su madre, su padre y ahora su mascota vivirían felices con ella por mucho tiempo. Ahora el poema de Noelia para irse a dormir sería otro:
Ya feliz con mi gatito,
puedo tranquila dormir.
Es muy tierno y es bonito,
mi tristeza dejó de existir.
Hoy la luna y las estrellas,
están celebrando por mí.
¡Ya Noelia tiene un gato!,
juraría oírlas decir.
Sólo un problema resta,
algo tonto, nada más.
Su nombre, ¡qué vida esta!,
si lo tengo estaré en paz.
Mañana avisaré a voces,
que busco un nombre muy fino.
Espero que vengan veloces,
a nombrar a mi felino.
Por hoy dormiré tranquila,
por hoy no molestaré.
El siguiente será otro día,
mis sueños visitaré.
Gabriela Camacho, enero, 2011
lunes, 17 de enero de 2011
Algunos acercamientos sobre la amistad (escrito juguete)
jueves, 16 de diciembre de 2010
Tres minutos fuera del agua
–sí, es mi abuelo. dije, sosteniendo algo en la garganta que oscilaba entre la sorpresa y el asco. –¿esta completamente seguro?.
–completamente ¿seguro que esto es necesario?. Pregunte, con los ojos desmesuradamente abiertos.
–sí, lo es. Comprenda que no es algo que nos guste, simplemente es nuestro trabajo. Usted mantendrá el trabajo de su abuelo, yo también hago mi parte ayudando al mio.
–Aunque sean enemigos. contesté.
–Son deudas que les toca pagar. Dijo, poniendose los lentes y guardando la foto en un sobre amarillo, juntos con otros documentos que no me enseño, pero que seguramente formaba parte de todo las atrocidades que relataba de mi abuelo.
–el fue un hombre incomodo. Le dije, sin mucha convicción. Todavia digeria la noticia de las matanzas, sobre todo cuando recordaba aquella foto donde saliamos pescando en Rio Chico. Cuando era un rio inmenso, lleno de peces y todavia volaban sobre nosotros los flamingos y uno podia sostener con las puntas de los dedos las plumas que caían del cielo. Miré al hombre de los lentes mientras me estiraba la mano para despedirse.
–Sabe que el no era un asesino.
– No es algo que nos toque juzgar, señor Demjanjuk. Buenos dias.
Mi abuelo era un nazi, pero no me lo dijeron hasta el año 2001, cuando la paranoia estadounidense buscaba a los enemigos detrás de las sombras de las rocas o escuchaba las voces terroristas en los murmullos de las palmas. No me tocaba juzgar a uno de los últimos cazadores de nazis de Brasil, comprendia su labor: vengaba a su abuelo o a todos los abuelos judios y el mío tuvo un trabajo muy ingrato. Supongo que el deber era algo que había unido con la ética o con el amor a la patria, que se yo. Pensaba que era un viejo sano, un poco orate en los últimos años, pero un viejo bueno. Incluso cuando fuimos a pescar a Rio Chico, me dijo que a los peces había que sacarlos rápido del agua y luego estamparlos contra el suelo o una roca, porque así sufren menos que cuando se asfixian por estar fuera del agua.
tres minutos, tardan en morir. Me dijo, mientras los ojos de un bagre estallaban contra la arena.
Ayer vi su foto de cuando tenia 20 años, en su época de estudiante de medicina en la Universidad de Bonn, en un pueblo cerca de Frankfurt, cuando todavia la vida era buena con la gente joven del norte de Alemania y el norte de Polonia. Yo no sé en que momento perdió el rumbo, o lo encontró, si fue en el 44 cuando se unió a las juventudes Hitlerianas o cuando conoció a mi abuela, una polaca de ojos tristes.
–Hoy vino a visitarme un cazador de nazis.
El anciano se contuvo. Al fondo sonaba una tetera que cantaba su canción de agua caliente, el reloj dejaba caer sus horas y en un rincón dormia el viejo Retriever de doce años que se mea encima de una colcha de lana.
–No les hable de ti, pero saben que estas en Caracas. ¿ahora que vas a hacer?.
El viejo se paro del sofa y fue a apagar la cocina. Saco de un cajón el sobrecito de té y lo puso adentro de una taza de plastico, tomo la tetera por el mango, el agua caliente salpicaba la mesa y sus manos temblaban como un papel pergamino. Pronto serán las cinco de la tarde y el sol se despedirá de nosotros. Recordé aquella tarde en la playa, cuando bajo nuestros pies los peces jugaban sobre las rocas y la luz escarchada del sol brillaba sobre el cuenco de plata que eran nuestras redes desnudas bajo el agua.
Mi abuelo comenzó a llorar y le temblaban los labios, pero en mi cabeza solo tenia lugar el vuelo rosado de los flamingos y el canto sordo de las garzas. En el pecho de mi abuelo late su corazón de arena y flotan los ojos de los peces estrellados contra las rocas, contra los muros, entre los gases y los alambres de púas.
–Dime que vas a hacer ahora, dime abuelo, dime que vas a hacer.
sábado, 21 de agosto de 2010
El Jazz de los estupidos
domingo, 16 de mayo de 2010
Y esas cuenticas que uno va dejando, como quien no quiere
martes, 4 de mayo de 2010
El Nombre de la Ternura
Gabriela Camacho (Venezuela)
Caia la lluvia sobre Paris esa tarde. Habia recibido una llamada de mi editora para vernos en el café Eliseus cerca de La Monteparnasse. Estaba de paso por Francia y queria revisar las ultimas notas de una desagradecida novela que estaba escribiendo, no queria esperar a que me llegara a Caracas: “siempre llegas tarde” me recriminaba entre chanzas. Hay viejos habitos que nunca cambian. Hace media me llamo desde una cabina, se habia perdido tratando de encontrar la tumba de Vallejo y quedamos en que esa misma tarde le llevaria los manuscritos y a conocer su lapida, junto con la de Cortazar “ a fuerza de visitarlo siempre, nos hemos hecho buenos amigos” le habia escrito en un correo una semana antes. Me habia sorprendido su atrevimiento, es decir, tener la intencion de visitar a Vallejo sin mi. Se tenia merecido perderse. Sonreia mientras caminaba bajo la llovizna europea que nublaba la torre a lo lejos.
La habia conocido hace algo mas de 15 años. Era finalista junto con otras raras criaturas en un rally olvidado que no tuvo segunda parte. La recuerdo pequeña y gravida, morena y timida, no muy alejada de su imagen actual. Quien iba a pensar que 15 años despues, seria editora en Alfaguara y le tocaria corregir mis textos, no sin ciertos dolores de cabeza. Cuando Valdivieso y Larez habian fundado el grupo literario “Letras a Litros” (que yo llamaba “Asolitros” por lo largo que me parecia el nombre original) se les ocurrio la idea de invitarla a participar, aun cuando a mi me parecia una figura gris de inventario.
“tiene talento, tiene con que” me repetia Valdivieso. Me costaba darle la razon, por aquello de los prejuicios. Nunca en toda esta vida pude estar mas equivocada. De eso ya pasaron 15 años. Los otros del grupo se fueron alejando a medida que conquistaban otros derroteros: Marquez estaba dirigiendo la revista IMAGEN, la habia hecho renacer de las cenizas. Drax se ganaba la vida haciendo guiones para filmes independientes y Riera ahora era ministro en Venezuela. Con todos tengo una relacion cordial, pero sin duda la mas cercana en estos ultimos años habia sido la de Camacho. Todo un prodigio que habia traducido textos de Uslar Pietri al Guajiro a los 25 años, cuando yo a esa edad todavía estaba imbuida en orgias y actitudes irresponsables. Aun ahora me dejo quemar por ciertos fuegos adolescentes.
Cuando Camacho me informo que habia decidido editar la nueva novela que estaba escribiendo en calidad de becaria en Paris, no pude hacer menos que frotarme los ojos y dejar de beber. Me meti de lleno en la confeccion de la novela, porque sentia que tenia una deuda con esa jovencita que ahora tiene 31 años y que era la miembro mas joven de un grupo literario heredado por estudiantes de letras cuatro o cinco veces mas pretenciosos que nosotros. Hace unas semanas visite nuestro antiguo blogspot y revise sus textos. En ese momento, hace 15 años no les habia dado el valor suficiente, estaba consumida en mi propia vanidad. Pero ahora la veo llena de una ternura que se me hace imposible de imitar.
Es que la ternura, al igual que el amor viene a nosotros por momentos. Como los besos tibios de la brisa costera o los susurros al oido de un niño enamorado. La ternura es un sentimiento prestado. Lo mas alejado a la pasion, distante a todo fuego violento, a toda ventisca arrobada en nuestro corazon. La ternura es una expresión del alma, por eso es ajena a nosotros, a las manos atadas a nuestros deseos. Yo estaba muy corrupta para eso, ahora ella tambien. Pero esa Gabriela quinceañera la reproducia con toda su ingenuidad. Poco le importaba la forma. El contenido le era totalmente vedado, no sabia manejar sus propias verdades. Pero entendia como yo jamas podria hacerlo, los signos secretos de la forma mas elevada del amor al mundo y eso estaba prohibido para nosotros.
Despues fue aprendiendo y manejo la ternura como discurso. Como un material maleable para su arte. Como un escultor a la piedra, podia tallar La Piedad con solo un cincelazo. Todos admiraban su arte, por eso la habian nombrado editora aunque fuera abogada. Cuando el grupo publico su primer y unico libro hace algo mas de 7 años, ella fue la editora. Aun cuando Valdivieso trabajaba en RHM, ella se encargo personalmente de los textos. Nunca me perdono que no mandara el mio.
"¿cómo quieres que te lo envie? ¿Publicar un horrendo cuento mio al lado de un cuento de Larez , ese ingrato Margariteño que gano el Romulo Gallegos este año?" Sus insistencias nunca fueron escuchadas y mi cuento nunca aparecio al lado de mis congeneres. “fue un sabotaje” me reclamo una ofuscada Jessica Marquez. Y era cierto, fue un sabotaje.
Ahora es editora de Alfaguara y me reclama con autoridad castrista mis manuscritos, como si fuera una revancha. Sigue lloviendo en Paris. El Metro esta medio vacio, era domingo de un dia que llueve. Seguramente Gabriela se sentira desconcertada al ver tanto orden. Se aburrira pronto, pronto se aburrira. Me repetia a mi misma, como si fuera un conjuro.
Habia impreso un cuento de ella. Un pequeño texto sobre la muerte que en su momento considere carente de importancia. Pero ahora me traia buenos recuerdos, lo habia transpapelado junto con mi horrenda novela (Dios ¿por qué no la he quemado todavía?) para no olvidarme de mostrarsela. Camine a prisa por las calles humedas y los colores del neon derretidos sobre la acera. Queria llegar al café porque me invadia una nostalgia muy alejada de mi misma, como si con Gabriela yo pudiera detener el tiempo que corre sobre Paris y reproducir, como en un intento de locos, las cumbres tropicales del Avila y a Caracas con su olor a Mujer perfumada y caotica, de esas que descocan a los hombres con sus pedidos y les llenan la vida de felicidad. Porque la vida sin desorden, sin caos y sin ternura no vale la pena ser consumida.
Estaba sentada en una mesita diminuta, en las afueras del café. “me gustan los dias nublados” me habia dicho, cuando tenia 16 años. Hay viejos habitos que nunca cambian. Me acerque a ella y me reconocio en seguida. Me sonrio y me corrio un asiento pateando suavemente las patas de una silla. Me estaba esperando con un café besado por las gotas de lluvia.
- - .Mañana te llevare a conocer la tumba de Cortazar, Gaby Junior.
- - Esta bien- me dijo, mientras sonreia-
domingo, 25 de abril de 2010
La muchacha
lunes, 19 de abril de 2010
Las escamas verdes
Las cosas tristes tienen la odiosa constumbre de suceder cuando se esta rodeado de cotidianidad: regando las plantas, limpiando la casa, pintando una pared; debe ser por eso que uno nunca tiene que decir cuando le caen con piedras como esas:
--Katrina murió.
Lo que era un viaje de rutina a Miami, se convirtió en una paradoja. Katrina estaba enferma de leucemia y la familia no le habia dicho nada, se la llevaron de secreto al ¨St Judes Hospital¨para ver si la salvaban, pero en el interin Katrina se dio cuenta y en un ataque de pánico, el cancer hizo metastasis. en un mes estaba muerta.
Me enteré por Gabriela, que me llamó llorando a las dos de la mañana hora de Caracas. No solo me toco saber sobre su muerte, sino tambien sobre todo el complot para evitar que ella ejerciera su libre derecho de morir. De saberlo seguramente ella hubiera buscado a Ivan para una ultima y gran dosis de heroína, que se la llevara sin dolor y con una estela de humo al otro mundo sin tener que desahuciarse en un hospital de mierda, sin amigos y con una familia mentirosa. Me imagine la gran puteada que debieron haber sido sus ultimas palabras.
Tuve que dejar el desayuno por la mitad para ir a vomitar la baño. Katrina siempre tuvo mala suerte para las sorpresas, mi hermano y yo estabamos aconstumbrados a sus llegadas tarde, a sus caidas intempestivas, a sus candidas imprudencias. fueron esas pueriles constumbres las que nos sacaron de quicio cuando teniamos veinte años. Somos unos morochos con mucho tiempo libre, y en ese ocio mi hermano se enamoro de Katrina mientras yo me acostaba con ella.
Debió ser por ello, que se decidio que fuesé yo el que le dijera a mi hermano que su novia estaba muerta. No soy bueno con las buenas noticias, de modo que con las malas tengo una pesima suerte y una muy mala cara, no se fingir el dolor y menos aun disimularlo, Este era el segundo caso. Ivan amaba a Katrina, quizá por eso ella nunca tuvo el valor de revelarle que aun en estos ultimos dos años ella y yo seguiamos durmiendo juntos. Era extraño, pero yo tambien la amaba en alguna medida, como ciertas cosas que analizamos solo por el daño que nos causa, porque de esa manera tambien nos conocemos a nosotros mismos y esa tambien es una forma de amor. Es raro que yo la haya querido, en una manera mas dolorosa que mi hermano, y sin embargo menos intensa.
Todos decian que teniamos gustos iguales, craso error. Ivan adoraba el futbol y la pesca, yo amaba mis libros y mis tertulias, Ivan delira por un carro bien armado con todo listo para recorrer los terrenos fangosos entre los manglares que flotan cerca de la costa, yo solo tenia mis libros y nada mas. Katrina era el cordon umbilical que unia dos costas alejadas por una gran masa de agua, era su deseo el nuestro y a la vez, ajeno a todos nosotros. El delirio de Katrina por la heroina a Ivan le resultaba fascinante. Fueron esos lapsus en los cuales ella me buscaba, pero yo hacia que encontrara a Ivan. Ella nunca reconocia el cambio. Bromas de gemelos.
Ivan llegó rascandose la cabeza. dejó el bolso sobre el sofa y se dejo caer sobre su cama. Estaba dudando cual seria el momento preciso para decirle que su novia (mi amante) estaba muerta. Ivan siempre pensó que yo tenia una amante en que vivia en Altamira. En realidad en Altamira estaba el hotel donde me refugiaba con Katrina entre una dosis y otra. Me esperaba en una esquina de la plaza hasta que me veia llegar, entonces caminabamos al unisono cada uno en una acera distinta, separada por los carros y sus filas de humo, me miraba y yo volteaba mi cabeza. no nos juntabamos hasta llegar al lobby del hotel. Le encantaba que el recepcionista pensara que era una puta.
Habia llorado poco. Solo recordaba las imagenes vacias de una chica de ojos verdes y cabello negro, gordita y peligrosamente impudica, que no llevaba ropa interior bajo su falda y se quitaba el sosten cuando llegaba a la casa, en la sala frente a todos. me volvia loco el imaginarla consumida por el cancer en la cama de un hospital. Era esa ultima escena la que me robaba las lagrimas, como si un rio se hubiera tragado su cuerpo, su sonrisa y hasta lo verde de sus ojos. Que bueno que fue solo un mes.
-- ¿Sabes algo de Katrina?
Mi hermano me miraba con los ojos huecos. su incertidumbre no le hacia adivinar mi propio universo de lagrimas. se sentó a mi lado y prendió un cigarrillo:
--Todo el mundo anda con un misterio con Katrina. Nadie me quiere decir como esta, ni donde esta. Llamo a donde su familia en Miami y nadie agarra el telefono. ¿chamo, sera que le paso algo?
esa ultima frase me la dijo alarmado mientras tocaba mi hombro. Creo que fue esa reaccion la que desencadeno los acontecimiento siguientes. Cuando Katrina se desnudaba, gustaba de sumergirse en las sabanas y contonearse bajo ellas como si fuera la segunda piel de una serpiente, me sacaba la lengua y me convidaba a su desenfreno. Yo me acercaba con sigilo porque ella era un animal de cuidado. Todavia me late la ultima cicatriz que me marcó con la uñas, me la hizo cuando le llame puta en una ultima venida. Le gustó y esa era su manera de dibujarme su deseo en la piel y contagiarme de sus escamas verdes. Mi serpiente.
- ¿quieres saber lo que pasó con Katrina? le dije, ya presa de un proximo llanto.
Mi hermano se alejo con espanto de mi. Seguramente ya Gabriela la habria adelantado algo sobre su enfermedad, pense que me habria abonado el terreno. Grave error, la cara de espanto de mi hermano no me daba margenes para mayores reparos, debia ser ahora o nunca pero me asalto el secreto de Katrina como una picadura y lo unico que se me ocurrio decirle fue:
- Ivan, esa puta se casó con otro en Nueva York.
La cara de mi hermano paso del espanto a la sorpresa mas absoluta:
- ¿como es la vaina?
A partir de entonces, mi historia no culminaba con una Katrina rodeada de ratas es un hospital judio, dejandose morir de soledad, sino en una Katrina cuyo cuerpo estaba siendo montado por un nigga del Bronx con el cuerpo cubierto de tatuajes y con la espalda atravezada por un agujero de bala. Me gustaba mas mi versión de la historia, era un reflejo mas real de la mujer que compartia con mi hermano. Una vez mas, el cordon volvia a unirnos.
Pasaron varias semanas y poco a poco, entre rasca y rasca mi hermano volvía a la cotidianidad. De vez en cuando se encontraba con algún amigo en comun, pero nadie tocaba el tema y si lo hacia, era en códigos que mi hermano no podia decifrar, para él Katrina era un puta, no una victima del cáncer. A veces llegaba totalmente desorientado con los comentarios que oía en la calle, yo me hacia el desentendido y cualquier pregunta yo cerraba con un firme:
- ¡nah! era una puta.
Y ahí moría el tema. Sin embargo, a veces, cuando estaba solo en la oscuridad de mi cuarto podia ver a Katrina asomarse por el jardin común del edificio, con la ropa de diario, paseando a su perro, como un espejismo oculto entre los vidrios de las casas o en el secreto reflejo de la luna sobre el rocio. Podia escucharla reir entre los movimientos sordos de mi cama y su piel impresa sobre las sabanas. Mis ojos fueron testigos de su dicha, yo le observaba la muerte en secreto cuando veía su fantasma entre sueños, huyendo lejos de nosotros.
Dos meses despues decidi contarle la verdad a Ivan. Fue cuando me enteré que Gabriela habia llegado de Miami a rematar las cosas de la familia en Venezuela y habia quedado en verse conmigo. Seguramente habia planeado verse con Ivan tambien, de modo que hoy en la noche le diria, al llegar de la universidad que Katrina se la habia llevado el cáncer y que yo era un hijo de puta por haberle mentido durante dos meses. Me preparaba para la golpiza de mi vida.
estaba subiendo las escaleras del edificio cuando sonó el celular:
- ¿aló?
_ mira, imbécil. ¿tu no le dijiste a tu hermano que mi prima se había muerto de cáncer?!
No supe que decir. Una vez mas fui derrotado por la interrupcion de la fatalidad en mi vida de hombre tranquilo de 23 años. Ella prosiguio:
- Dejó un mensaje en la contestadora de mi tio. ¿como que Puta?
No recuerdo lo que siguio despues. un millon de imagenes y sudores se me vinieron de golpe a la cabeza: mi mentira, el secreto, los encuentros, el veneno sembrado en el corazon de mi hermano. Escuchaba las voz de Gabriela pero veia, frente a mi, a la imagen del fantasma de Katrina, corriendo lejos de nosotros. Lo unico que escuche decirle, antes de que arrojara su telefono fue que le contó la verdad a Ivan y que este iba saliendo para mi casa.
Me abalanze a correr por las escaleras. Debía llegar antes que él para preparar a mi mama, para contarle que le había mentido a mi hermano y que si este hacia algo que ella no se metiese a separarnos porque era un duelo de hombres y todas esas cosas que uno piensa cuando está a punto de morir.
cuando abrí la puerta, mi hermano estaba ahí.
Esperandome.