Mostrando las entradas con la etiqueta *Samar Hokche. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta *Samar Hokche. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de septiembre de 2012

De él


Continuación de “Y me tocó
Por Samar Hokche



Habían transcurrido veinte años desde la primera vez que me tocó, desde la primera vez que fui completamente suya. En cierto punto, perdí la cuenta de las veces que juntos conquistamos las más altas notas. Ya sus dedos sabían el recorrido de memoria, incluyendo mis más mínimas imperfecciones. Había emprendido largos viajes, en los cuales yo era el único camino a seguir, la luz al final del túnel. Fuimos los protagonistas de un cuento distinto. Juntos construimos una barrera impenetrable, un enigma indescifrable, una voz imperceptible. Éramos complementarios, éramos felices. Éramos uno.
    
Pero tiempos grises se acercaron, y ya él no está junto a mí, ya él no toca para mí, ya de él… no soy nada. Ya no era el niño desarreglado e impuntual que solía ser. Ahora usaba corbatas y se peinaba de lado. Un hombre seguro y decidido, sin miedo a crear. Se marchó buscando nuevas metas, nuevas ilusiones, nuevas musas por las cuales vivir. Y, ahora desahoga sus penas en otra, ahora hablará a través de otra. Ahora… ahora creerá en otra. Mientras que yo sigo perdida en los minutos de ayer impregnados con su nombre. Abandonada por el único que ha sabido sacar con la más leve caricia, lo mejor de mí.

Tan solo me queda esperar que en aquellas noches oscuras donde los recuerdos invadan sus sueños, él, mi querido, mi preferido, sonría cuando en su memoria vuelva a revivir esas perfectas notas que juntos llegamos a componer. Esa música que entiende y te compromete con tus más íntimos deseos. Y es que para mí, las más dulces melodías son y serán, siempre de él.

lunes, 1 de agosto de 2011

Princesas

Te presentamos a ti, querida lectora, la nueva y mejorada guía, que la podrá a usted a un paso más cerca de ser una verdadera princesa, la protagonista de su propio cuento de hadas. Guía exclusivamente diseñada, para todas aquellas mujeres que han perdido la esperanza en los finales "color rosa".

Parecer una princesas con tan solo 10 sencillos tips:

  1. Comprar una tiara. Si su presupuesto no le alcanza puede adquirir una de plástico.
  2. Teñirse el pelo de color amarillo. Para mayor credibilidad, usar lentes de color azul.
  3. Retirar de su armario todo lo que no sea de color rosado o violeta.
  4. Sonría mucho, incluso si se encuentra encerrada a lo alto de una torre.
  5. Tener una madrastra malvada. Nota: Al conseguir tu madrastra malvada, asegúrese que venga incorporada con un par de hermanastras de tipo celosas.
  6. Entender y poder comunicarse con los animales, preferiblemente a través de canciones. Dictamos los cursos, para mayor información comunicarse con 0800-HADA MADRINA.
  7. Conquiste un hombre que tenga complejo de héroe, y que su cita ideal sea matar dragones mientras la salva de un incendio.
  8. No acepte nada gratis. Nunca se sabe cuando esos "pequeños regalos" podrían estar envenenadas.
  9. Busque un hada madrina que trabaje las 24 horas del día. Es importante que sus hechizos duren después de la medianoche.
  10. Nunca vaya a un baile sin una zapatilla extra.
También podría adquirir la versión extendida que incluye el nuevo libro: "Viviendo mi felices para siempre". Para mayor información, escriba al correo: yosigoesperandomihadamadrinaymiprincipreazul@hotmail.com

jueves, 14 de julio de 2011

Cierra la puerta


Federico: Apúrate en entrar, ¿quieres?

Cecilia: Estoy tratando de no hacer mucho ruido, ¿sabes? para no llamar tanto la atención, pero contigo es imposible, a menos que dejes de gritarme cada vez que me monto.

Federico: Disculpa Ceci, me pone nervioso tener que venir a buscarte en mi carro, ya todos incluso conocen la placa.

Cecilia: Tranquilo mi amor. Antes de salir me aseguré que toda la familia estuviese en sus respectivas camas, en especial Patricia.

Federico: Patricia, mi "amada" Patricia. Estuve con ella todo el día, y creo que está empezando a sospechar algo. Últimamente me ha hecho preguntas muy concretas. ¡Que difícil es todo esto!

Cecilia: Lo sé corazón. Me parece extraño que mi hermana sospeche algo, sinceramente no lo creo, tú bien sabes que siempre ha sido un poco, o mejor dicho, muy despistada. ¡Ay Señor! Pero no te imaginas cuanto la envidio, el solo hecho de que ella pueda estar contigo cuando quiera o como quiera me mata, simplemente me mata. Desgraciadamente nos ha tocado compartir nuestro amor de ésta manera.

Federico: Ay Cecilia Alejandra ¡Cállate y Bésame!

Cecilia: Adoro cuando lo pides así.

-Después de unos minutos de un silencio apasionado -

Cecilia: Fede, ¿que haremos? No podemos seguir en esto.

Federico: Pero linda, yo te amo. Lo juro. Patricia, tu hermana, no es amor, es...estoy con ella por compromisos a tu familia, ¿cuántas veces te lo tengo que repetir? Me estoy cansando.

Cecilia: No es tan sencillo, es mi hermana. Se supone que no debería traicionarla y menos con su novio, ¿entiendes? Yo soy la oveja negra.

Federico: Muchas suposiciones. Y detesto cuando usas los "deberías". Las cosas no son así, no tenemos la culpa de amarnos, ¿entendido? Por cierto me encanta la cara que pones cuando estás preocupada.

Cecilia: No me cambies el tema.

Federico: ¡Coño Cecilia! ¿Vamos a perder nuestro tiempo discutiendo lo que ya nos sabemos de memoria? Dos horas, únicamente dos horas y no las aprovechamos como se debe.

Cecilia: Tienes razón. Hablamos de esto mañana. Baja los seguros y arranca. Ya bajó la vieja y chismosa de mi vecina a pasear a su perro, nos puede reconocer.

Federico: No te preocupes tanto Cecilia, mi carro es silencioso.

Cecilia: Si claro... Apúrate, por favor. Creo que ya nos escuchó.

jueves, 17 de marzo de 2011

Seguiré esperando

Los pequeños detalles. Lo importante fueron esos pequeños detalles. Repetía en mi mente, una y otra vez, pensando que tal vez llegaría a creerlo.

Once años transcurrieron. Supongo que era bastante tiempo para conocer a alguien, ¿no? Ni una eternidad bastaría.
Blanco, azul y beige, colores guardados al fondo de mis gavetas. Alusiones de una época más sencilla. Viene a mi cabeza tu nombre.

"Mi amiga del colegio", así te hago mención. Jugamos, estudiamos y crecimos juntas. Mi compañera fiel de los recreos. Compartimos sonrisas, trabajos, salones. Te contaba quién me gustaba. Intercambiábamos desayunos.

Pero llegó el día en que ya no me quisiste. Construiste entre nosotras barreras que yo no entendía. Repaso los errores, los vivo nuevamente. "De los errores se aprende", es el consuelo que me queda. ¿Qué hice mal? Nadie me supo explicar.

Te quiero preguntar tantas cosas, pero mis oídos se niegan a escuchar la verdad. Tengo mi propia versión de los hechos, el punto es que tengo miedo a que me la confirmes. Fui, soy y seré cobarde.

El último día, entre lágrimas, te dije "Gracias por todo", mientras te abrazaba. No mentía, te juro que no lo hacía.
Ahora te veo en fotos. No quiero decir adiós. Pero ya no somos lo que eramos. Cambiamos y nos apartamos. De vez en cuando ese "Hola, ¿cómo estas?" y el "Te extraño", de cortesía. Entonces solo queda la nostalgia.

Fuimos huellas en la arena, un rastro de amistad tan pasajera y superficial, que duele hasta el más tenue recuerdo.

No me arrepiento de haberte conocido, claro que no. Me ayudaste a crecer. Fui parte de tu pasado. Y poco a poco me convierto en simples memorias de tu infancia.
Ya otros sabrán cómo tenerte, y tener la dicha de ser queridos. Yo mientras tanto esperaré a esa niña dulce que me prometió hace un tiempo atrás ser amigas. Amigas por siempre.

viernes, 11 de febrero de 2011

La primera de muchas


Hay cosas que sencillamente son imposibles, o al menos eso pensaba Set hasta 1969, año el cual lo dejaría marcado por el resto de sus días. Es uno de los sobrevivientes de lo que se ha llamado “La Gran Invasión”, un ataque sorpresivo realizado por cuerpos no identificados.

Para Set el día había transcurrido con una tediosa normalidad: Salió con sus amigos, contaron las rocas de su sección e iniciaron su infalible observación. Nunca había notado nada fuera de lo establecido, nunca hubo ninguna señal de emergencia, ni ningún cambio alarmarte que pudiese haberlos advertido para lo que les esperaba. Tragedia, solo tragedia lo denominó.

"Sentí que no podía con el ruido, bajaron de su nave como si fueran dueños de todo, con un aire de superioridad infinita, que no podía creer...sigo sin creerlo" -Nos declaró la madre de Set, días después del incidente.

“Nunca había presenciado algo semejante, vestían muy extraño, eran pálidos y poseían muchas extremidades, mi hijo estuvo a punto de ser secuestrado por esas, esas cosas extrañas. ¡Una locura! Se salvó porque huyó, de lo contrario yacería muerto.”-Nos testificó el padre de Set.

“La Invasión” dejó a diez heridos, un desparecido y, por supuesto un ambiente de preocupación e inseguridad entre los habitantes. Las manifestaciones han sido las protagonistas a lo largo de la semana, los protestantes reclaman por justicia y piden al gobierno tomar las medidas pertinentes para evitar un nuevo atentado de igual o mayor magnitud.

Un grupo significante de la oposición hace responsable al gobierno, acusándolos de ineficientes, por el contrario el Estado niega rotundamente estas acusaciones, denominándolas de falsa y poco coherentes.

Pero para nuestro héroe el ataque lo ha dejado en un estado alarmante e irreconocible. Ingresó hace pocos días al Centro Médico de salud Mental, no ha comido con regularidad, y las pesadillas no lo dejan cerrar sus ojos, confirman las enfermeras encargadas de Set, el cual asegura que no tomará mucho tiempo para que la próxima nave aterrice.

“Recuerdo de aquel día muchos cosas, sin embargo es una pequeña frase que ha quedado conmigo, sin entender su mensaje, sin entender su lengua: «It's one small step for a man, one giant leap for mankind» ¿Un consejo? Hay que estar preparados para lo peor.”

¿Una pertinente sugerencia? ¿Será que debemos hacer caso a las palabras de Set? ¿Qué nos depara el futuro? Solo sé con certeza que es la primera de muchas, por esa razón, mis queridos lectores ya ni nuestro pequeño planeta es seguro. Huir y buscar otro hogar deber ser nuestra única prioridad.

sábado, 29 de enero de 2011

Planetas

Realizado en la primera intervención literaria
28 de enero, pasillo de ingeniería, UCV

Por Samar Hokche

Me haces delirar. No puedo, aunque lo inetnte dejar de pensar en ti, te siento, te deseo, necesito tus besos.
Sólo hace falta una caricia, una simple sonrisa para caer rendida al dulce veneno de tu ser.
Definitiavmente no eres de aquí, no eres de este planeta.

viernes, 21 de enero de 2011

Y es por eso que yo no viajo solo

Samar Hokche
Primer match del segundo contraletras
Samar vs Víctor vs Paula: Misterio en el extranjero

Un año después del, sumamente comentado, viaje de Margaret Lee al viejo continente.

-Pobre Margaret, tenía un espléndido futuro por delante. Una gran pérdida sin lugar a duda.

-¿Es que acaso se murió?

-No para nada -respondió María Elena-, pero pensándolo bien, ese destino hubiera sido mejor.

-¿Margaret Lee? ¿Loca Lee?, de esa “Margaret” es de la estamos hablando, ¿cierto? -Preguntó inseguro Antonio.

-¡De esa misma! Escuché que la habían internado en el Centro Clínico de Salud Mental del Este. No ha sido la misma desde que volvió de aquel viaje infernal.

-Totalmente de acuerdo –suspiró Antonio-. ¿Sabes lo cómico del caso? Me gustaba la Loca Lee.

-Tú con tus extravagantes gustos por muchachas tan, vamos a llamarlas, complicadas –sonrió María Elena.

-Al menos no son aburridas -comentó Antonio riéndose-. Tuve la oportunidad de hablar con ella, apenas había regresado del viaje. La noté distante, como si le hubieran quitado todo rastro de alegría. También no pude ignorar lo delgada que se encontraba, era impresionante su transformación, tanto física como mental.

-¿Y no te dio detalles?

-Bueno, sí... Repetía constantemente que era una de las pocas personas que habían logrado escapar. También recuerdo que me contaba que todo eso era parte de un plan secreto experimental del gobierno de Alemania, que ellos no pararían hasta ver a todos en ese estado.

-¡Qué horrible! Yo me enteré por terceros que el viaje había estado bien hasta que ella empezó a sentir que alguien la vigilaba, la seguía. Ese pensamiento no la abandonaba, dejaba de comer y nunca dormía en su habitación. En las madrugadas, cuando regresaba al hotel, se le oía gritar desesperadamente: "¡Que alguien me ayude!". Los vecinos se quejaron y le pidieron que se marchara. Susurraba que las dosis estaban funcionando y que pronto todos dependeríamos de sus medicamentos.

-¿No tenía a nadie con quien hablar de eso? Qué extraña era. De veras que perdió la cordura.

-Viajo sola, por lo que supe. Tal vez extraña, pero puede ser creíble, experimentos secretos del gobierno. Tú no sabes cuantas cosas no salen a la luz pública.

-¿De verdad piensas que esa historia es cierta, Antonio?

-La verdad no lo se, Elena, yo no me voy arriesgar, y es por eso que yo no viajo solo.

domingo, 16 de enero de 2011

Lo que pude haber escrito

De Samar Hokche
Para Gabriela Valdivieso

Debo confesarles, aunque no me sienta orgullosa de ello, que esto del amigo secreto me tomó tiempo, más bien me costó un poco. El hecho de que me haya tocado esa persona complicaba todo. Me ponía bajo presión, a parte que cada vez que me sentaba a redactar, surgían distracciones, ya sea alguna fiesta de los edificios de al lado, con estruendosas canciones que no me gustaban pero que lamentablemente me sabía, o ver la Asamblea Nacional mientras revisaba twitter. Todo ese caos confundía mi atención, desorientaban mis ojos y nublaban mis ideas. Quería escribir algo diferente a mi amigo, algo que de veras lo impresionara, o que simplemente disfrutara.

Pensé dedicarle una historia, una de esas que te llevan a tierras lejanas, con criaturas nunca antes vistas y aventuras por descubrir, o una historia romántica con desafíos para los apasionados amantes. Historias como por ejemplo el protagonista, minutos antes de morir, se enterara que su idolatrada esposa había asesinado a su aún más querida mascota. O una donde el mayordomo se quedaba con la herencia de la viejita que, cabe resaltar, se dedicaba al tráfico de drogas, y aprovechándose de las circunstancias monta un reality show de su nuevo estilo de vida. O mejor aún, una donde cuente la osadía de los estudiantes de sexto grado, que lograron raptar a su profesor y como recompensa pedían que se extendieran los recreos y por supuesto las vacaciones, además de pasar con veinte la materia de matemáticas.

Pude haber escrito una historia dulce donde lo transportara a un sinfín de maravillosas posibilidades, donde la imaginación llevara la batuta sobre los soñadores dispuestos a crear. Pero no lo hice. No lo sentí necesario, porque sencillamente Ella es en sí una gran historia que contar, y una de mis favoritas. Ella es como la hada madrina de los cuentos de hadas, las papas fritas del combo de McDonals, la música de fondo en los momentos tiernos de las películas, el helado en un tarde de verano, la cálida brisa, la sonrisa de un niño.

Ella es, para mí, una gran admiración, una amiga, una motivadora, una de esas personas que no conseguimos a menudo, ella es Gabriela Valdivieso, ella es el toque perfecto, mi amiga secreta.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Dos obstáculos

Samar Hokche
Quinto match de contraletras
Sammy vs Andrea vs Victor: Lo innecesario

Él tomo entre sus manos su frágil rostro y ella sonrió con sus ojos cerrados. Él le susurró “Todo saldrá bien”, y ella se limitó a decir “Lo sé”.

Se miraron como nunca antes lo habían hecho, eran esclavos del deseo, amantes del sueño. Ambos sabían lo querían, y ambos darían todo por cumplirlo. Había llegado el tan esperado momento.

Actuaban indiferentes a su mundo exterior y a las mil oportunidades que la juventud les ofrecía, tan solo es sus mentes permanecía una idea tan tentadora, que llamaba y se incrustaba en sus blandos, pero apasionados corazones, y la posibilidad de alcanzarla les resultaba tan cerca, tan seductora como para ser rechazada. Anhelaban ser algo mas, convertirse en uno solo. Dejar atrás lo que habían adquirido por derecho, y que muchos temían perderla, no les inspiraba ninguna duda. Eran firmes con su decisión.

El silencio se apoderó de sus palabras. Embriagados por el misterio y seguidores de lo desconocido, emprendieron su destino. Tomaron sus manos y gritaron sus nombres. Sin vacilar ni dudar, se despidieron, de su único obstáculo, de sus innecesarios cuerpos. Cerraron sus ojos por última vez. Para emprender aquel viaje especial, donde según ellos recorrerían un universo sin límites ni ataduras, irían más allá de los pensamientos, más allá de las estrellas, más allá donde no se ha tocado la última nota, donde no se ha escrito el último verso.

jueves, 1 de julio de 2010

Dos personajes… Una historia

-¿Qué recuerdo de él? Su sonrisa.
-¿Qué recuerdo de ella? Sus labios.
-No, amiga, hay días que me hace mucha falta…
-No se, tal vez, algunos días, así como lejanos, la pienso.
-Pero hace tanto tiempo ya de eso… que lo mejor sería olvidarlo.
-Han sido tantas, pero tantas las que vinieron después de ella, pero ninguna se le compara, ninguna.
-He pensado en llamarlo varias veces, ¿sabes? , preguntarle cómo le ha ido, si al final consiguió el trabajo que tanto quería, pero me da miedo llegar a escuchar que es completamente feliz sin mí. No me lo tienes que recordar, yo sé claramente, que estoy siendo egoísta.
-Le debo tantas disculpas. Ella fue la única que me dio su sincero apoyo. Cuando quise ir a trabajar en aquella empresa, ¡fue la única que me ayudó! Y ni siquiera llamé para agradecerle cuando conseguí el trabajo… ¿Puedes creerlo? Ya debe estar casada y con dos hijos, siempre quiso dos, le gustaba los números pares.
-¿Lo que más extraño de él? La forma en que me tomaba entre sus brazos y me hacía sentir segura, sus caricias y las miradas en silencio, ¡Ah! Y cómo siempre llegaba con una sonrisa a mi casa.
-Cuando la abrazaba, me miraba de tal manera, como… como si fuera su héroe o algo así, me gustaba eso. Extraño su aroma, y su café en las mañanas, y sus notas en el refrigerador. Éramos felices y no lo sabíamos.
-Me acuerdo que siempre lo ayudaba a vestirse, aunque no me lo pedía, yo sabía que necesitaba de mis consejos para la ropa. Se veía muy bien con su traje azul.
-Odiaba que escogiera mis atuendos, me sentía como una Barbie, mejor dicho como un Ken. Y como detestaba ese traje azul. Pero al final siempre la dejaba que me vistiera, eso la hacía sonreír.
-Estuvimos juntos por cuatro años y nueve meses.
-Yo nunca había pasado de los tres meses.
-Prácticamente vivía en mi casa, claro, como tenía piscina.
-Ella no salía de mi apartamento, el jacuzzi influenciaba mucho en su decisión. Todos mis vecinos la amaban.
-Las navidades las pasábamos juntos, conoció a mi familia y todo. Mi abuela lo adoraba. Él sabía dar una fiesta, siempre era diversión cuando se encontraba presente.
-En los años nuevos se venía con mi familia a la playa, eso sí era una celebración. Sus parientes aran agradables, la única que me preocupaba era su abuela, me miraba de forma muy extraña, rara la señora.
-Todavía me acuerdo de ese día, en que todo se arruinó.
-Sí, fue un siete de noviembre.
-Para ese momento lo único que me preocupaba era la salud de mi papá, había enfermado gravemente, y él no lo entendía, no quería entenderlo. Me gritó que tenía miedo, miedo de hacer algo impulsivo, algo espontáneo y quería de verdad algo para mí.
-Me había llegado una oportunidad, de esas que se ven solamente en las películas, bueno casarnos en París, amigo ¡París! Su respuesta fue total sorpresa, un rotundo ¡No! Ella me dijo que estaba loco, que era un desconsiderado, que cómo se me ocurría pedírselo en esos momentos.
-No paraba de repetir que yo no cedía nada en esta relación, que estaba botando todo a la basura con una excusa tan barata.
-Llorando me gritó que no estaba lista, que su papá la necesitaba.
-Me dijo que si tanto quería irme, que me fuera de una vez. Me acusó de no pensar en el futuro de la relación, yo le preguntaba que cuánto tiempo más tenía que esperar, le decía; ¿tienes acaso esperanzas de que llegue uno mejor? ¿Es eso?
-Me habló desesperadamente, y no la quise escuchar. Cerró la puerta mientras su boca pronunciaba que era el peor.
-Supongo que pude haberlo apreciado más, él siempre me complacía y daba todo por hacerme sentir contenta.
-Supongo que debí entenderla, escucharla, esperarla.
-Qué idiota fui, tantos recuerdos, tantos sueños y todo se esfumó.
-Tal vez si la llamo… y aclaramos las cosas, vuelva a mí.
-Tal vez si lo visito… y aclaramos las cosas, me pida que vuelva con él.

martes, 4 de mayo de 2010

Esperando nuestro encuentro

Por Samar Hokche

Entre sus letras se asoma una persona sensible, dulce y sencilla. Sus escritos te atrapan y te narran de forma amena y serena. De ellos se han quedado conmigo frases, que incluso a mis amigos he contado.

De pelo castaño oscuro, ojos almendrados color verde y de una sonrisa alegre. De estas calles grises, ella no es. Guardó en su equipaje la brisa fresca y el sol caliente, llegó de un lugar más tranquilo, que no entiende del apuro ni la angustia.

Me enterado que su meta pronto cumplirá, y este julio su celebración llegará.

Supe también que de vez en cuando se pasea en su país de maravillas, y por lo que mis ojos perciben ella es feliz.

Todavía no puedo creer que la he visto tan sólo una vez, imposible e inaceptable es tan vergonzosa situación, por tal motivo exijo urgentemente su aparición.

Espero de todo corazón que el destino nos vuelva a reunir, de ese modo podré descubrir la gran persona que llevas en ti.

Así relataré nuestro próximo encuentro:

Camina, sólo camina, “que siempre se llega a alguna parte si se camina lo bastante”, me recordó su suave voz. Hice caso a su consejo y no paré. Baje colinas y subí montañas, atravesé mares y océanos, paseé entre las nubes y saludé a la luna, abrí puertas ocultas y descubrí secretos enterrados, esperé bajo cielos grises y rojos atardeceres el tan ansiado encuentro.

El momento había llegado, allí estaba ella, sentada sobre la blanca arena, cerca de las olas y de los cantos de sirena, aguardándome con un libro en mano y una historia sin fin.
Gracias por dejarnos leerte Paula Ortiz, y ser parte de una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, Letras a Litros, ¡Feliz Aniversario!

viernes, 16 de abril de 2010

El adiós

Por Samar Hokche

No puedes borrar ese recuerdo persistente de su aroma y voz. Su dulce mirada, su sutil caricia, y sus apasionados besos. Aquella noche de gran calma y cielo claro donde se prometieron alcanzar la luna y las estrellas.

Momentos felices y sonrisas compartidas, pero ¿en dónde acabó esa promesa de amor eterno? ¿En qué punto se despidieron de sus sueños y esperanzas?

En tu mente su presencia te atormenta y su nombre te inquieta.

Frases y excusas desvanecieron el cariño, enterrándolo en el silencio incomodo del adiós prematuro. Un llanto contenido, una decepción inmensa, un último beso.

La gente cambia y se cometen errores. Se abren nuevos rumbos y los intereses ya no son los mismos.

Estamos de acuerdo en que las relaciones son complicadas, y no existe formula matemática para su éxito total. No vivimos dentro de un cuento de hadas, y la realidad nos rodea.

"No eres tú, soy yo, pero siempre te recordaré."
"Necesito estar un tiempo a solas, encontrarme a mí mismo y mi camino, no espero que lo entiendas."
"No puedo seguir con esta mentira, lo estuve pensando y no sé a quién trato de engañar, ya no te quiero… y por favor deja las llaves al salir."
"Sé que me engañaste, desgraciado, ¡todos los hombres son iguales! Ingrato y ridículo."
"¿Y en mi propia casa? Eres una cualquiera, y eso que pensé que eras distinta a tu madre, pero que equivocado he estado."
"¿Podemos seguir siendo amigos?"
"Creo que soy gay, y lo descubrí gracias a ti."
"¿Con mi hermano?-¡Sí, con tu hermano!"
Facebook Relationship Status: Mauricio y Nathalia están en una relación
(Un mes después) Facebook Relationship Status: Mauricio esta soltero. Comentarios: ¿Qué paso, hermano? -¡Me dejó, bro!

Oraciones como esas te hacen dudar. Flores, bombones, peluches, tarjetas... ya no valen de nada. Dolor y amargura te invaden el cuerpo, ¿quién ha sido el/la culpable?

Y cuéntame, ¿cómo terminó tu historia?

lunes, 15 de febrero de 2010

Mi plan fracasó

Por Samar Hokche

Para serles sincera no tengo la mas mínima idea de cómo pude llegar a tal punto, ¡si yo repase mil y un veces mi plan! No es justo que las cosas resulten de este modo. Se los juro, yo actúe por una noble causa, insensatos aquellos que no me creen.

Durante mi larga espera pude hacer memoria de mis pasos: busque su dirección, entré a su casa, busqué en silencio su boleto, en el aeropuerto moví unas fuentes que tenía - por fuente, claro, entendemos al dinero, el lenguaje que todos hablamos- y revisé sus datos y la información que necesitaba para ejecutar mi impecable plan. Luego, esa misma noche pude con mano fría y pensando sólo en la unidad y la estabilidad del grupo. Lo hice. Vi su rostro asustado e incrédulo y sentí, como siento, lástima pero hasta el día de hoy no me arrepiento.

Justo llega un señor mayor que interrumpe mis pensamientos y recuerdos. Me mira directo a los ojos –intimidada no estaba, más bien me daba risa su bigote- y con su voz grave me pregunto: ¿lista para confesar?
-Yo no tengo nada que confesar, los criminales que buscan siguen afuera, mientras pierden su tiempo aquí conmigo.
-No entiendo cómo, y tan joven. ¡A lo que hemos llegado! ¿Es que no te quieren en tu casa?
-Todo lo contrario me aman, voy al colegio, tengo amigos, como mis verduras… ¿Qué te puedo decir? Supongo que quise hacer algo tan grande para detenerla.
-¿Detenerla de que?
-De que se fuera y nos dejara.
-¿Quién?
-Gabriela.
-¿Y por esa razón mataste al piloto?
-¡Claro! Se sintió extraño debo confesar.
-Sigo sin entender, y ella ¿quién es para ti?
-Una amiga y miembro oficial del grupo. Escuche, trate de comprenderme un poco por favor. Yo le deseo lo mejor en su futuro, pero no la quiero lejos de nosotros.
-Se nota que eres principiante en esto, ¿verdad? Primero, ya me diste una confesión. Segundo, no era necesario matar a una persona, y, por último y más importante, ella de todas formas puede viajar. Pobre niña, te salió muy mal.

Imagínense mi cara de estupefacción y sorpresa, tratando de asimilar mi gran error. ¡Qué había hecho! Todo se derrumbó y fue culpa mía, actúe sin razón y precipitadamente, haciéndole caso a mis sentimientos e ignorando mi sentido común. Supongo ahora que Gabriela se irá y yo, bueno, no estoy segura de lo que me pasará, pero algo me dice que no será muy bueno.

martes, 19 de enero de 2010

¿Un solo sueño? No podría

Por Samar Hokche

Mis ojos se pierden en los laberintos de mi mente y mis preocupaciones toman un leve descanso bajo la sombra de mi seguridad.


Las voces de afuera se transforman en murmullos del pasado que aclaman mi regreso.


Se hace oscuro pero no siento miedo ,y en tan sólo un instante de descuido, soy feliz de nuevo.


No existen límites, ni angustias, y como en un desfile de moda, infinitas posibilidades se presentan ante mí, pero yo padeciendo de poco tiempo. Respiro libertad y sonrío al andar.


Son mi refugio, son mis sueños. Por eso si me piden que escoja uno, simplemente no podría hacerlo, todos son parte de mí. Se han convertido en mi escudo, en mi esencia y en lo más importante que tengo.

martes, 27 de octubre de 2009

Triste final

Por Samar Hokche

Entre la avenida principal “Misterios”, en la calle “Absurdos”, cuentan sus habitantes que en aquella desolada torre de ladrillos morados, en el apartamento 401, pasan cosas un poco distintas a lo que llamamos normal. Bueno eso dicen, sin embargo, queda al criterio de ustedes decidirlo.

Cuenta la historia que en noches estrelladas, a muy tempranas horas de la madrugada, puede llegarse a escuchar, si prestas mucha atención, el constante sonido de varias cuerdas de saltar -como en un recreo de niños de primaria, pero sin las risas y alegrías de los jóvenes-. Al cabo de unos minutos, el silencio se apodera de los pasillos y se siente ese desagradable e indescriptible olor a putrefacción, que traspasa los muros y llega a tus sensibles narices. Coloquialmente han descrito este hedor como de “axilas mutantes”.

¿Explicación lógica para esto? No lo creo. Sólo una teoría, que a mi parecer es la más acertada. Hace muchos años, cuando la torre de ladrillos morados era uno de los edificios más modernos y de moda, ese pequeño apartamento fue el hogar de un ser muy particular, del cual no se conocía mucho, pero del cual sólo una cosa se podía decir con certeza: saltar la cuerda era la razón de su existencia, su único placer, su única satisfacción. Pero a nuestro pobre amigo una tragedia lo sucumbiría; lastimarse la rodilla fue el final de su destino. Afligido y solitario quedó sin ninguna otra pasión por la cual seguir. Sin sueños, sin vida, triste y melancólico. Ante las miradas apenadas y de lástima de sus vecinos se escondió para no volver más. Han pasado años desde su último salto y sonrisa.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Al otro lado

Por Samar Hokche

Es difícil encontrar las palabras adecuadas, cuando en el fondo ya ella sabe todo sobre mí. Nos sentamos frente a frente, nuestros rostros palidecían –tal vez por falta de sol–. Ella mantenía la calma y me miraba fijamente a los ojos, mientras que yo jugaba con mi cabello. Debo admitir que estaba nerviosa. Después de unos largos minutos de espera, se interrumpió el silencio. Tomó la iniciativa, y como es de costumbre, fue directo al grano.

Serena: Supongo que quieres llegar a algo con todo esto, pero sigo sin entender ¿por qué yo tengo que estar involucrada? –preguntó con una voz acusadora.

Sammy: Bueno te escogí a ti especialmente ya que eres la única que me muestra en realidad la persona que soy en el fondo –baje la mirada por vergüenza.

Serena: En definitiva, no discutiré eso. ¡Te creo! –me regaló esa sonrisa de triunfadora que veo muy a menudo en su rostro–. Y a todas estas, ¿se podría saber el motivo por el cuál te has interesado en escribir estos últimos meses?

Sammy: –Tomé un respiro y junté mis manos– Tú sabes muy bien lo difícil que es para mí expresar lo que siento –asintió dulcemente–, me toma mucho tiempo a diferencia de ti. Y he descubierto que al escribir puedo llegar, de cierta forma, a liberarme de todo, a demostrar en una hoja en blanco lo que llevo por dentro, todas esas angustias, tristezas y sueños que han llenado mi cabeza por años, las cual no me dejan dormir muchas veces.

Serena: ¿Qué te puedo decir? Me alegra que hayas podido encontrar un lugar donde te sientas cómoda con tus sentimientos. Sin embargo, eres una persona que pierde valioso tiempo fantaseando por la vida. Te repito esto por lo menos una vez a la semana, ¿no crees que es hora de cambiar?

Sammy: ¡Ya lo sé! –me irritaba que siempre llegábamos a este punto en la conversación, punto que más bien yo trataba de evitar en lo posible.

Serena: Es uno de tus grandes errores. –Ella era increíble, nunca alzaba el tono de voz en momentos de tensión, ¡nunca!

Sammy: Uno de mis errores –volvió el silencio por unos segundos–. Yo disfruto de los simples placeres, como es soñar despierto. Dejo que mi imaginación tome su propio rumbo, ¿y sabes cuál es la mejor parte de todo?,

Serena: No, ilústrame.

Sammy: Que no existen normas o leyes para regularlo, nadie te puede decir cómo se supone que lo tienes que hacer, y gracias a Dios, porque en este mundo sobra gente que piensa que lo sabe todo, y para colmo te quieren enseñar.

Serena: Es lindo recurrir a eso de vez en cuando, pero acuérdate que estoy aquí justamente para ayudarte con tus problemas. Tú me elegiste.

Sammy: –Sonreí, lo peor ya había pasado– ¡Gracias! Debo confesar que eres mi admiración, y si vamos más lejos, también mi modelo a seguir.

Serena: ¿Ah sí? ¿A qué se debe tanto halago?, pero no me malinterpretes te lo agradezco de corazón.

Sammy: ¿No has captado mi mensaje aún? Tú eres el reflejo de lo que yo quiero llegar a ser, una persona centrada, tranquila en todo momento. Que sabe sin dudar qué quiere de la vida y cómo conseguirlo. Que sueña por algo y va tras eso, sin impórtale los mil y un obstáculos que pueda encontrar en su camino. No tiene miedo a gritar al viento lo que siente, tratando de no herir a segundos. En caso que te lo preguntes, ¡sí quiero cambiar! –mis manos temblaban–.

Serena: Entonces empieza. ¿No lo percibes? Tú me creaste, Sam, yo soy tu concepción de tu ser mejorado, por lo tanto si tu eres capaz de imaginarme, eres capaz de lograrme, y estoy segura que triunfarás si no me abandonas.

Sammy: –Mis ojos se nublaron, no puedo impedirlo soy muy sensible–. Es difícil algunas veces.

Serena: Es cuestión de tiempo.

Sammy: -Suspiré-. Tienes razón, después de todo creo que funcionó esta pequeña charla, ¿no?

Serena: ¡Uff! Como tú no tienes idea. Nos vemos pronto.

Sammy: No tengo duda de eso.

Cerré los ojos, aparté mi mirada del espejo, preguntándome en la soledad de mi mente cómo se ven los demás cuando se miran a sí mismos, qué querrán llegar a ser. Y se imaginan cuántos secretos se guardan al otro lado de nosotros, al otro lado de nuestros reflejos, al otro lado del espejo.

martes, 1 de septiembre de 2009

Se perdió

Por Samar Hokche

Se fue en una noche oscura sin luna ni estrellas, sin sueños ni anhelos.

No fue hasta medio día que me di cuenta de que algo me faltaba, no me encontraba completa, busqué a mis alrededores, pero todos los demás la poseían, era solamente yo que no la tenía.

Tal vez la lastimé aquella oportunidad, les juro que no era mi intención y ahora no sé dónde se encuentra. El curso de la vida seguía, pero en cuanto a mi ser permanecía inmóvil ante la idea de haberla perdido, perdido a mi única amiga.

Ahora me invade la inseguridad y el miedo a seguir por mi cuenta. Mi presencia se ha desvanecido en sus recuerdos oscuros. Mi silueta, mi perfil, ella ha sido el trazo de mis pensamientos e ideas. Toda mi esencia duda de haber existido antes. Me siento abandonada.

No está detrás de mí, y ahora entiendo que no soy nadie sin ella.

Por eso les ruego que si la ven, a mi sombra, díganle que por favor vuelva a mí.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Sólo para ella

Por Samar Hokche
Fui el otro día de paseo al bosque, me senté sobre un tronco y descanse mis ojos, al cabo de un rato el silencio reinaba y la tranquilidad me envolvía en su suave manto. Fue en ese preciso instante cuando llegaron a mis oídos esta historia, unos árboles me la contaron y, como era tan poco inusual escucharlos hablar, puse atención a lo que tenían que decir:

“Hace muchos años atrás vivió un pintor, un hombre de muy noble corazón. Conoció en una tarde de verano, en la plaza de su pueblo a la persona que le robaría el aliento y la cual se convertirá en la fuente de sus deseos, la razón de sus desvelos; la señorita Melinda, de labios rojos y cabellera oscura, de piel clara y ojos profundos. Para poderla conquistar la retrató en miles de cuadros, en diferentes poses y perfiles. Entre tonos y sombras él le demostraba su inmenso cariño, cada semana le mandaba una pieza de arte diferente, pero para ella eso no era suficiente.

El pintor no sabía que más hacer, sus esperanzas desvanecían. Hasta que en una noche oscura y estrellada subió a lo más alto de la montaña y decidido a enamorar a Melinda, le pedió un favor a lo único con que se podía comparar la belleza de su amada, a la hermosa y brillante Luna. Le rogó y suplicó que bajara a la noche siguiente y posara junto a su futura esposa, que fuera su regalo. La Luna lo pensó por unos segundos, pero envidiosa de la pasión del pintor le pedió a cambio que cada noche antes de acostarse, él la dormiría con algún verso dirigido sólo para ella. Los dos cumplieron su palabra, el pintor pasó el resto de sus días recitándole a la bella Luna”.

Así que cuando el cielo esté cubierto de estrellas, quédate muy callado y cierra los ojos, tal vez sea tu noche de suerte y el viento te susurre algún poema de nuestro pintor enamorado.

lunes, 10 de agosto de 2009

Y me tocó

Por Samar Hokche

Era un día lluvioso y gris, tenía quince minutos de retraso cuando hizo su entrada, con el pantalón rasgado y camisa mojada que ligeramente se le adhería a su piel bronceada. Una sonrisa encantadora iluminaba sus bellas facciones, su aspecto era rebelde e indiferente. Me miraba desafiante, y yo era débil, no pude evitar caer rendida a su voluntad. Yo sabía que en esa gloriosa tarde nacería entre nosotros un lazo inseparable, y en una sutil armonía nos uniríamos hasta el fin de nuestros días.

De mi mente nunca podré olvidar la primera vez que me acarició, fue una sensación inconcebible, más bien ¡mágica! Sus manos estaban temblorosas y dudosas cuando me desvistió, cerró los ojos y suspiró, y en el instante en que sus finos y delicados dedos se deslizaron sobre mí con tanta naturalidad, gracia y soltura, toda inquietud desapareció. Interpretó nuestras melodías preferidas, ellas embellecían cada minuto de nuestro encuentro.

No sé como lograba conseguir siempre la nota correcta, creando aquella música perturbadora. Sus manos, su contacto, su pasión, hacían resonar en mis adentros los más íntimos deseos, exaltaban mis sentidos, haciéndolo mío. Me sentí dueña de sus angustias y desesperaciones. Al finalizar, la luna nos sonreía. ÉL abrió sus oscuros ojos, se levantó y, dejando oír su voz, me dijo tan dulcemente ese “Gracias” que tanto anhelaba. Soy feliz desde aquel entonces, sólo canto cuando me toca. Algo me dice que soy su instrumento preferido y él mi músico adorado.

martes, 28 de julio de 2009

Envidia

Por Samar Hokche

Les explicare mi situación: me han diagnosticado depresión crónica, sí, ¡depresión!, ¿pueden creerlo? Todo es consecuencia de sus brutales actos. Yo les he servido más de una vez para poder transportarse y llegar a tiempo a su destino, ¿y es así como me pagan? Dejándome desamparado, arrugado y sucio, suelto por las calles en manos del viento que sopla por los laberintos grises. ¡Ingratos todos!, se aprovechan de mi nobleza, cuando ya no les soy útil se desasen de mí cuanto antes.

Bueno les confesare algo que ni a mi psicóloga le he mencionado. Es penoso admitirlo pero tengo la urgencia de decir: envidia siente mi cuerpo, envidia del cepillo de dientes. Pensaran que estoy desquiciado, ¡pues no! He sufrido cada vez que sacan un nuevo y mejorado modelo de Colgate o de Oral-B. Ni hablar de aquellos electrónicos que vibran que te garantizan una mejor limpieza –sí, claro, como si de verdad funcionaran, también encontramos a los limpiadores de lengua, y… ¡ah, claro!, los de cerdas “ultra delgadas” –por favor no me hagan reír, con eso de que ahora alcanzan lugares que ningún otro cepillo había podido llegar, ¡unos pervertidos!–

Ellos se creen el centro del universo porque ayudan a mantener una buena salud bucal, ¡bah! ¿Y para qué? Yo en mi vida he presenciado que un cepillo de dientes te haga llegar a tiempo a una importante cita. Pero claro está que los usan por lo menos durante tres meses completos, y a todas éstas, ¿dónde quedo yo? Ni veinticuatro horas duro, caminan sobre mí, me maltratan y nadie protesta. Supongo que a estas alturas me tendré que acostumbrar al mundo lleno de injusticias, ya nadie valora el esfuerzo que uno da.

Firma: el desesperado ticket del MetroBus.