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miércoles, 5 de mayo de 2010

Ella

Por Jessica Márquez Gaspar
Para Gabriela Valdivieso

Los ojos verdes. La sonrisa más sincera que he conocido. La imaginé a ella poniéndose el cinturón en un diminuto asiento de un avión de LanChile. Podía, como si estuviera sentada junto a ella, detallar sus movimientos y sus ojos verdes clavados en la ventanilla del avión, por la que vio al aeropuerto, luego a la autopista, después a la Guaira, más tarde a nuestras costas, y por último, una imagen llena de lágrimas del país que dejaba justo antes de atravesar las nubes y decir adiós. Ella no lo supo, pero en ese segundo estuve ahí y la abracé con inmenso cariño.

Increíble como la distancia –aquella de kilómetros pero también de meses, días, años- transforma las realidades, los hechos, en hermosos recuerdos, en vivencias que están presente sin estarlo, que se materializan de pronto como si alguien decidiera rodar una escena de una película, en aquellos espacios físicos –tal vez también emocionales- donde todo tuvo lugar.

Escribir sobre Gaby se me antojó una compleja tarea. Sentí que delinear su prosa significaba trazar nuevamente los contornos de su ser, traerla de vuelta, aunque dicha sea la verdad, para mí ella nunca se fue.

Recorrí entonces Caracas en busca de pistas y fui encontrándome con ella tantas y tantas veces. En Miga`s de Altamira escogí la última mesa de la terraza, aquella misma donde tuvimos una larga conversación que iniciaría una amistad que valoraré y cuidaré siempre.

La llamé entonces, la convoqué, y ella arribó en su moto, con manubrio alto, como de motociclista renegada, envuelta en su impermeable negro, lentes negros y casco también negro, de la que desmontó para entrar en el local y sentarse a conversar conmigo. El humo de su cigarro encendido se convirtió en pincel, a medida que ella movía las manos para ilustrar sus palabras. A veces soltaba el vicio sobre el cenicero y me miraba fijamente. Otras se acomodaba el rubio cabello y sonría.

Mientras las horas se deslizaban al compás de los semáforos, y de los pasos monótonos por la Plaza Altamira, me dediqué a mi tarea.

Pura y limpia, como ella, era su prosa. De eso estaba segura. Alma de niña, ojos de niña. Una madurez ganada de las experiencias, una empatía hermosa. Sus textos eran su piel, ella misma. Era la sensación de estar ante un adulto hecho y derecho y, al mismo tiempo, de compartir con Gaby, una rubia niña, con cintillo de colores y mirada tímida.

A ratos, sus textos eran conceptuales, profundos, invitaban a la reflexión y desentrañaban la enorme telaraña de pensamientos, el entramado de una mente ágil y despierta que reflexionaba constantemente, que parecía no parar, no dormir, y que entregaba al mundo nuevos mundos, nuevas realidades.

Se que si aquella Gaby que comía frente a mí una torta de chocolate pudiera responderme, acompañaría los asentimientos de cabeza con un “claro chama”, mientras recordaba mi favorito de sus cuentos: Pluriverso. La ingenuidad maravillosa, y su hermosa mirada de Todo, se colaba, y con ella, su obsesión más intensa: la verdad.


Caída la noche subimos a su carro, que siempre terminaba siendo sitio de confidencias, y que en una memorable noche fue el vehículo de quince vueltas al San Ignacio, y recorrimos la Castellana, Los Palos Grandes, Altamira, llegamos a los Dos Caminos y nos devolvimos.

Supe entonces que Gaby era el Pluriverso. Que ella y sus textos se componían en una sinfonía que era sinfonía. Sus mejores textos, sus grandes textos, versaban sobre ellos mismos. En una búsqueda filosófica que no podría adivinarse de su gusto por No Doubt, las líneas que la trazan y que trazaron sus historias se elevaban sobre las aceras y los personajes para interrogarse sobre el logos, en aquel decálogo que recordaba a “Instrucciones para dar cuerda al reloj”, manual de pocas páginas: “10 Sencillos pasos para encontrar la verdad”, para encontrar a su mejor y más trabajado personaje, “su musa”.

Con ella observé el mundo por primera vez y lo descompuse. Porque de sus múltiples proyectos, y el “!Sí chama!”, brotaba un caleidoscopio para ver el mundo de colores. Para disfrutar cada instante, la grama, los movimientos, el cielo. Para disfrutar los sábados, las burbujas –especialmente las burbujas- y la mayonesa en cantidades absurdas.

Una vez de regreso en mi casa, rememoré una de las tantas conversaciones por teléfono. Podía escuchar claramente su tono de voz, y asombrarme, porque para ella el mundo siempre fue otro. La luna era una chupeta roja, el objeto último de deseo, y la imaginé mirándola embelezada en Chile, esa franja de tierra que se extiende hasta la Patagonia. En el insomnio de mi tarea, pensé en mi sombra, que tampoco era tal, que ella desdoblaba, como a todo, para obligar al mundo a mirarse a sí mismo, para preguntarse por el significado profundo de la figura alargada que nos sigue los pasos, y que la seguía a ella en las calientes horas de su querida y odiada Caracas.

Como los grandes pintores, y varios de mis favoritos, Gaby poseía la técnica, pero decidía superarla para experimentar los textos en nuevas perspectivas. Incluso en aquellas colas caraqueñas, incluso en la experiencia de recorrer la Autopista Francisco de Miranda en una ambulancia a las seis de la tarde, descomponía el lenguaje, y aunque ahora fuera noche cerrada, ella estaría dándole gracias a Dios porque de los errores se aprende. Si que se aprende.

La mañana llegó inevitable, y me senté en la computadora, como seguro lo hiciera ella tantas veces. Abrí el Facebook. Ella entraba en su perfil. Revisé mis mensajes. En ese instante, ella tomaba la batuta y empezaba a armonizar a la orquesta Letras a Litros. Les brindaba apoyo y entusiasmo. Dedicaba sus horas a idear pautas, juegos, salidas y momentos. Terminaba su participación en la conversación con dos mágicas frases, con dos abracadabras: ¡Ánimo muchachos!, ¡A escribir!

Horas más tarde me sorprendieron caminando con ella hasta el Centro de Arte La Estancia. Nos sentamos juntas en la grama, y observamos la luz pasar entre los árboles. Sonreí, mientras imaginaba la lluvia de cuerdas de saltar, que inundaron el universo de su escritura. En el surrealismo de sus letras, entendí entonces que era momento de dejarla partir.


Alcanzado el mediodía decidí dormir la siesta en el Parque del Este, junto al Planetario. En un último ejercicio de imaginación, imaginé que Gaby imaginaba quién escribiría sobre ella. La imaginé también feliz, en aquel otro sitio que no era este, donde tal vez había cumplido el objetivo último de su literatura y de su ser, y estaba sentada acompañada de la verdad que antes corrió por el mundo, y la felicidad, que siempre tuvo con ella, porque había observado al cielo, a Dios señalando, diciendo “No mires”, y ella había volteado descaradamente. Quise creer que no manejaría más yendo a ningún lado. Que allá donde estaba, Gaby había terminado su larga búsqueda, y había encontrado lo que nunca se le había perdido, lo que siempre tuvo, la llave última al logos, a la verdad, y a la felicidad: Ella misma y su prosa. Ella.

Le sonreí, mientras se iba y se hacia lenguaje en los correos electrónicos, y en aquel texto aniversario que me había tocado escribir, que terminaba con sus trazos delineados, con la última pincelada en sus ojos verdes…

martes, 4 de mayo de 2010

El Nombre de la Ternura

Gabriela Camacho (Venezuela)


Caia la lluvia sobre Paris esa tarde. Habia recibido una llamada de mi editora para vernos en el café Eliseus cerca de La Monteparnasse. Estaba de paso por Francia y queria revisar las ultimas notas de una desagradecida novela que estaba escribiendo, no queria esperar a que me llegara a Caracas: “siempre llegas tarde” me recriminaba entre chanzas. Hay viejos habitos que nunca cambian. Hace media me llamo desde una cabina, se habia perdido tratando de encontrar la tumba de Vallejo y quedamos en que esa misma tarde le llevaria los manuscritos y a conocer su lapida, junto con la de Cortazar “ a fuerza de visitarlo siempre, nos hemos hecho buenos amigos” le habia escrito en un correo una semana antes. Me habia sorprendido su atrevimiento, es decir, tener la intencion de visitar a Vallejo sin mi. Se tenia merecido perderse. Sonreia mientras caminaba bajo la llovizna europea que nublaba la torre a lo lejos.

La habia conocido hace algo mas de 15 años. Era finalista junto con otras raras criaturas en un rally olvidado que no tuvo segunda parte. La recuerdo pequeña y gravida, morena y timida, no muy alejada de su imagen actual. Quien iba a pensar que 15 años despues, seria editora en Alfaguara y le tocaria corregir mis textos, no sin ciertos dolores de cabeza. Cuando Valdivieso y Larez habian fundado el grupo literario “Letras a Litros” (que yo llamaba “Asolitros” por lo largo que me parecia el nombre original) se les ocurrio la idea de invitarla a participar, aun cuando a mi me parecia una figura gris de inventario.

“tiene talento, tiene con que” me repetia Valdivieso. Me costaba darle la razon, por aquello de los prejuicios. Nunca en toda esta vida pude estar mas equivocada. De eso ya pasaron 15 años. Los otros del grupo se fueron alejando a medida que conquistaban otros derroteros: Marquez estaba dirigiendo la revista IMAGEN, la habia hecho renacer de las cenizas. Drax se ganaba la vida haciendo guiones para filmes independientes y Riera ahora era ministro en Venezuela. Con todos tengo una relacion cordial, pero sin duda la mas cercana en estos ultimos años habia sido la de Camacho. Todo un prodigio que habia traducido textos de Uslar Pietri al Guajiro a los 25 años, cuando yo a esa edad todavía estaba imbuida en orgias y actitudes irresponsables. Aun ahora me dejo quemar por ciertos fuegos adolescentes.

Cuando Camacho me informo que habia decidido editar la nueva novela que estaba escribiendo en calidad de becaria en Paris, no pude hacer menos que frotarme los ojos y dejar de beber. Me meti de lleno en la confeccion de la novela, porque sentia que tenia una deuda con esa jovencita que ahora tiene 31 años y que era la miembro mas joven de un grupo literario heredado por estudiantes de letras cuatro o cinco veces mas pretenciosos que nosotros. Hace unas semanas visite nuestro antiguo blogspot y revise sus textos. En ese momento, hace 15 años no les habia dado el valor suficiente, estaba consumida en mi propia vanidad. Pero ahora la veo llena de una ternura que se me hace imposible de imitar.

Es que la ternura, al igual que el amor viene a nosotros por momentos. Como los besos tibios de la brisa costera o los susurros al oido de un niño enamorado. La ternura es un sentimiento prestado. Lo mas alejado a la pasion, distante a todo fuego violento, a toda ventisca arrobada en nuestro corazon. La ternura es una expresión del alma, por eso es ajena a nosotros, a las manos atadas a nuestros deseos. Yo estaba muy corrupta para eso, ahora ella tambien. Pero esa Gabriela quinceañera la reproducia con toda su ingenuidad. Poco le importaba la forma. El contenido le era totalmente vedado, no sabia manejar sus propias verdades. Pero entendia como yo jamas podria hacerlo, los signos secretos de la forma mas elevada del amor al mundo y eso estaba prohibido para nosotros.

Despues fue aprendiendo y manejo la ternura como discurso. Como un material maleable para su arte. Como un escultor a la piedra, podia tallar La Piedad con solo un cincelazo. Todos admiraban su arte, por eso la habian nombrado editora aunque fuera abogada. Cuando el grupo publico su primer y unico libro hace algo mas de 7 años, ella fue la editora. Aun cuando Valdivieso trabajaba en RHM, ella se encargo personalmente de los textos. Nunca me perdono que no mandara el mio.

"¿cómo quieres que te lo envie? ¿Publicar un horrendo cuento mio al lado de un cuento de Larez , ese ingrato Margariteño que gano el Romulo Gallegos este año?" Sus insistencias nunca fueron escuchadas y mi cuento nunca aparecio al lado de mis congeneres. “fue un sabotaje” me reclamo una ofuscada Jessica Marquez. Y era cierto, fue un sabotaje.

Ahora es editora de Alfaguara y me reclama con autoridad castrista mis manuscritos, como si fuera una revancha. Sigue lloviendo en Paris. El Metro esta medio vacio, era domingo de un dia que llueve. Seguramente Gabriela se sentira desconcertada al ver tanto orden. Se aburrira pronto, pronto se aburrira. Me repetia a mi misma, como si fuera un conjuro.

Habia impreso un cuento de ella. Un pequeño texto sobre la muerte que en su momento considere carente de importancia. Pero ahora me traia buenos recuerdos, lo habia transpapelado junto con mi horrenda novela (Dios ¿por qué no la he quemado todavía?) para no olvidarme de mostrarsela. Camine a prisa por las calles humedas y los colores del neon derretidos sobre la acera. Queria llegar al café porque me invadia una nostalgia muy alejada de mi misma, como si con Gabriela yo pudiera detener el tiempo que corre sobre Paris y reproducir, como en un intento de locos, las cumbres tropicales del Avila y a Caracas con su olor a Mujer perfumada y caotica, de esas que descocan a los hombres con sus pedidos y les llenan la vida de felicidad. Porque la vida sin desorden, sin caos y sin ternura no vale la pena ser consumida.

Estaba sentada en una mesita diminuta, en las afueras del café. “me gustan los dias nublados” me habia dicho, cuando tenia 16 años. Hay viejos habitos que nunca cambian. Me acerque a ella y me reconocio en seguida. Me sonrio y me corrio un asiento pateando suavemente las patas de una silla. Me estaba esperando con un café besado por las gotas de lluvia.

  • - .Mañana te llevare a conocer la tumba de Cortazar, Gaby Junior.
  • - Esta bien- me dijo, mientras sonreia-

Empece a sacar desordenadamente los manuscritos de mi bolso. Mientras las ultimas gotas de lluvia caian sobre un gato dormido hace cien años.

Esperando nuestro encuentro

Por Samar Hokche

Entre sus letras se asoma una persona sensible, dulce y sencilla. Sus escritos te atrapan y te narran de forma amena y serena. De ellos se han quedado conmigo frases, que incluso a mis amigos he contado.

De pelo castaño oscuro, ojos almendrados color verde y de una sonrisa alegre. De estas calles grises, ella no es. Guardó en su equipaje la brisa fresca y el sol caliente, llegó de un lugar más tranquilo, que no entiende del apuro ni la angustia.

Me enterado que su meta pronto cumplirá, y este julio su celebración llegará.

Supe también que de vez en cuando se pasea en su país de maravillas, y por lo que mis ojos perciben ella es feliz.

Todavía no puedo creer que la he visto tan sólo una vez, imposible e inaceptable es tan vergonzosa situación, por tal motivo exijo urgentemente su aparición.

Espero de todo corazón que el destino nos vuelva a reunir, de ese modo podré descubrir la gran persona que llevas en ti.

Así relataré nuestro próximo encuentro:

Camina, sólo camina, “que siempre se llega a alguna parte si se camina lo bastante”, me recordó su suave voz. Hice caso a su consejo y no paré. Baje colinas y subí montañas, atravesé mares y océanos, paseé entre las nubes y saludé a la luna, abrí puertas ocultas y descubrí secretos enterrados, esperé bajo cielos grises y rojos atardeceres el tan ansiado encuentro.

El momento había llegado, allí estaba ella, sentada sobre la blanca arena, cerca de las olas y de los cantos de sirena, aguardándome con un libro en mano y una historia sin fin.
Gracias por dejarnos leerte Paula Ortiz, y ser parte de una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, Letras a Litros, ¡Feliz Aniversario!

lunes, 3 de mayo de 2010

Breves narraciones sobre ti

Breve narración sobre tu cascada negra y otras cosas multicolores
Es negro; pero aún así es como una cascada que sale de su cabeza y finaliza como una ola que no termina de romperse y es tan brillante que puede reflejar la luz que cae sobre él como el océano mismo. Es como si tu cabello ocultara los misterios más profundos de tu mente de una manera indecible y desconcertante, es como una pieza clásica imposible de tocar en el piano y, por demás, hermosa. Tu cabello termina más allá de tus hombros dándole sentido a tu cara: armónica, guerrera y apolínea en sí misma, porque demuestra amor a las artes y fuerza para luchar. Es imposible describirte con un color, porque a veces los tienes todos, pero a veces ninguno. Puedes ser un arcoíris, y de repente tu cabello se apodera de la percepción de los mortales y éstos no pueden dejar de pensar: “negro, negro, una cascada negra, la ola no termina de romper…”, Y uno piensa en azul, como el mar, pero luego te alegras de la nada y empiezan a revolotear cosas multicolores alrededor de ti, como mariposas, mariquitas u otros bichos raros que sólo se pueden ver por la mejor borrachera producida al observar a alguien ser feliz.

Breve narración epistolar –sin narrador– sobre el mejor momento –y único– que pasamos juntos
Enviado a las 7:35 pm: Mira, que vengas a comer con nosotros.
Enviado a las 7:35 pm: Gracias, pero les había dicho que comería con ellos, no los puedo embarcar.
Enviado a las 7:36 pm: ¡Mentiroso! Qué bobo, sólo porque te da pena. Mi mamá es chévere.
Enviado a las 8:03 pm: Ya comí, ¿dónde estás? Vamos a Tecniciencia. (Tú también me embarcaste esta tarde en el cine, no sé de qué hablas)
moiseslarez: con @Andregomez92 en Nacho buscando Alicia…
Andregomez92: Éste porfía que #Aliciaenelpaísdelasmaravillas es un libro que se consigue fácil RT moiseslarez: con @Andregomez92 en Nacho buscando Alicia
moiseslarez: ¡MIÉRCOLES! en #Margarita no se consigue Alicia en el país de las maravillas, de vaina A través del espejo
Enviado a las 10:15 pm: (1/2)Un beso, Andrea. Me voy a Caracas pasado mañana. Nos vemos en la próxima reunión de Letras a Litros. No te pierdas. Espero no tener que decir que la próxi (2/2)ma vez que nos veamos sea en las próximas vacaciones en Margarita. Un abrazo. Disfruta la isla sin mí.
Enviado a las 10:19 pm: ¡Moi, moi! Cuídate mucho, nos vemos en Caracas. Un beso.

Breve narración de mi texto favorito tuyo:
“Wow, me gusta esta parte. Bueno, aquí le podemos acomodar esto. Ya va, ya va, leeré los comentarios antes”, pensé. Y vi un comentario de Leo Riera recomendándole a Andrea que pusiera unos cuantos acentos, así que decidí meterme desde http://blogger.com y editar el artículo de Andrea y le puse todos los acentos. Fue divertido. En “La pregunta del millón” se destaca de una manera impresionante; qué clase de pregunta nos hizo a todos. Yo seguro le hubiera preguntado a Dios si algún día mi existencia iba a tener un significado y, sin embargo, su alter ego, con su mismo nombre, le preguntó cuál era su color favorito. ¡Qué bueno! Nos dio en un punto a todos; Andrea metió el dedo y hurgó con la uña ahí, en esa cicatriz de lo indecible, en una porción de la esencia humana. ¡Qué ironía tan hermosa! ¡Cuántas cosas de nuestro día a día desbaratadas en un texto de dos páginas! O me infelicem!, cómo hubiera querido ser yo quien lo escribió. Por otro lado, no dejo de recordar aquel texto inicial, como la leche materna en un bebé, “La compota”, que nos llenó de minerales y fuerza para poder vivir. Ahí, Andrea, indignada de todos esos programas de televisión donde los jóvenes empiezan a bailar de repente sin motivo alguno, dijo que la compota era uno de los primeros alimentos de comer y uno de los últimos en digerir. Gracias a Dios, nuestras Letras recién dejaron de comerlas.

Conexiones mentales del niño-joven

“Cuando crezca quiero vivir en una casa grandota con cinco habitaciones y cuatro baños, (quiero) que haya un lago atrás en el patio donde tenga que explicarle a mis hijos que los patos se fueron a pasar el frío al sur.”

Aunque por ser el más pequeño de la casa, siempre fue consentido, contaba igualmente con una pena que sólo entienden y padecen los niños nacidos en fechas decembrinas: recibir los regalos de cumple y de navidad al mismo tiempo, dos en uno. Pero este pequeño contó con la carga adicional de no poder quejarse porque, después de todo, la vida le echó una broma inexorable: conocer la luz el día de los inocentes. 28/12. Vaya gracia.

Pero eso es tan sólo una parte de la infancia. De chiquito, cuando creía que era hijo de una familia extraterrestre, pero que sus padres humanos se lo ocultaban, entendía “hogar” como la ciudad del auge del Libertador. Luego, con la mudanza familiar a la arena y el mar, dibujaba su casa como un Paraguas Estornudador. Siempre pensó, ya de grande, que sus orígenes se sintetizaban en Bolívar debajo de un Paraguas, achí.

Durante su crecimiento vio en sombreros, boas engullidoras de elefantes. Siempre observador, encontraba timbres minúsculos, relacionaba puertas de discos con las de supermercados, encontraba cangrejos camuflados entre las rocas y veía mejor que los pelícanos los peces que saltaban las aguas.

En estos años de ñerismos, de “lapeós” y “miiis”, comió muchas empanadas de cazón en compañía de unos cuantos perros playeros. Aprendió igualmente a sonreír y a arrugar la cara, sellos personales que hoy lo acompañan.

Hoy ya va para cinco años en Caracas y aún siente vértigo por los carros que pasan arriba y abajo por doquier. Vértigo igual de fuerte por lo sucia, en varios sentidos, que es la ciudad, y por la deuda social que salpica a todos de “cosita”, esa tataranieta de la tristeza, con una pizca de hipocresía que se siente al ver una persona sin recursos, humillada en el oficio del que predica algo como: “su moneda me salvará, señor”.

Y aunque lo acaban de dejar sin celular y con desprecio por Caracas, él ya no es sólo de Ciudad Bolívar y de Paraguachí, el Paraguas enfermo, también es, un poco, caraqueño. Tiene una novia artista y espléndida, también capitalina, y tiene en su carrera, por la que siente lo que denomina “pasión interna”, una profesora que admira, Kosak, que es autora de un libro que habla de los latidos de su tercera ciudad.

Hoy el niño-joven usador de gorros sobre cabelleras a veces largas, a veces cortas, se ocupa terminando su tesis, pero también jugando con yesqueros, aplaudiendo, haciendo burbujas y jugando con pitillos.

Por suerte para el mundo, todas estas características no las comparte sólo a través de su obrar, sino también, gracias Universo, de su escritura.

Encuentra el modo de ser además de fresco en la vida, franco en las letras. Con la motivación de escribir para decirse a sí mismo que existe, obsequia sus observaciones. Regala las imaginaciones y comprensiones de su mente de modo mezcladito, siempre hilado, con ritmo apurado y enumeraciones graciosas.

Y es que el estilo del gestado el día de los inocentes es rendir honor a su día. Es gozar de la sensibilidad necesaria para seguir jugando y seguir intentando entender y conciliar. Es explorar la realidad con idealismo y asomar en la ficción la autoconciencia.

Así, directo desde las conexiones mentales de su cabeza hacia el mismísimo mundo entero, el niño-joven Moisés Lárez entrega sus pensamientos, recién salidos del tostador.

Con esta filosofía de vida, goza de una fortuna que palpa y agradece: “quién más iba a ser feliz, sino yo mismo”. ¿Y quiénes más agradecidos que nosotros, de participar de sus circuitos mentales a través de sus códigos lingüísticos?

Y... así es ella.

Por Gabriela Camacho

Comencemos por el principio, suelen decir. Esta es una historia corta, pero feliz. Quizá no haya hadas, ni duendes porque no me gustan, pero sí hay cosas agradables para contar.

La historia comienza, más o menos, de esta forma:

Caminando silenciosamente había una chica, pero no una como todas, sino una especial. Esta chica iba sumida en sus pensamientos; pensamientos de amor y desamor, soledad y compañía, verdades y mentiras.

A cualquiera le parecería algo extraño, pero a ella no, era normal. Tampoco a los de su grupo literario, pues disfrutaban cada línea escrita por aquella mente. Todo texto que hacía que pensaran más en cosas cotidianas, cosas como el adiós, los sueños e incluso los amigos. Así era ella.

A pesar del ruido en la calle, ella se concentraba: su próximo escrito debía ser del pasado. No, espera, el pasado no ¿El futuro, quizá? Ya no sabía, cambiaría de opinión en unos pocos minutos, aunque se imaginó cómo sería desarrollar cada cosa; como si lo viera con dibujos. Su imaginación volaba a cada palabra y a cada párrafo, así era siempre. Así era ella.

El viento hacía ondear su cabello, castaño oscuro y ondulado, ventilando las ideas. A cada paso era un pequeño foco encendido en su interior, y mientras más rápido pudiera llegar a casa, mejor. Amigos, a ella le gustaba escribir. Y ahora podía hacerlo cuando quisiera, porque en su bolso no faltaba lápiz y papel, además de un par de chicles.

Cuando vio la puerta de su casa vio también el cielo, tanta prisa por llegar había dado frutos. Dejó todo y se lanzó a la computadora, no podía dejar que las ideas se perdieran. Así era ella.

Descargó su hilo literario lo mejor que pudo y entró al blog, publicó y esperó. Ahora habría tiempo de comer un buen shawarma, claro que sí. Sola como estaba se sentó a la mesa y, mientras comía, seguía pensando. Yo, particularmente, admiro esa forma de pensar.

Algo le dijo que ése sería un buen día, y ¡vaya que lo fue! Todos los días en los que podía soñar eran buenos, todos. Todos los días que pudiera disfrutar con amigos. Todos los días que pudiera hacer lo que le gusta. Y, ¿Saben qué? Así es ella.

El final puede ser también un principio, más no en este caso. Las últimas líneas son las siguientes:

Así como era y es ella, son muchos. La diferencia es que ella es, precisamente, alguien que se encuentra cerca de nosotros; alguien que escribe con nosotros; alguien que ha compartido junto a nosotros. Es, en el buen sentido del asunto, una letra más de nuestro gran libro de historias.

Ella es Samar, sí, Samar Hokche.

La literatura y el rock son tu fuente de energía

Escena uno:
Una habitación normal para un niño de esa edad, algunos dinosaurios de colección antiguos, libros en el suelo y típicos pósters de Kurt y Pink Floyd.
Él estaba acostado en su cama mirando al techo, en su cara se notaba ira y decepción, a su lado, obviamente, un control de Nintendo 64.
¿Qué pasó contigo? ¿Donde quedó tu guerrero feudal?
Ahh si, se borró en la memoria de alguna Windows 98..


Escena once:
Vemos a un grupo de jóvenes reunidos en una casa antigua que tenía la vista más hermosa de Caracas.
Tensión en el ambiente, cada uno debía presentarse, ellos eran finalistas de un concurso de escritores y estaban echados en la grama.
Este personaje estaba sentado, con la espalda muy recta y una mueca imperfecta.
Retrato: Cara totalmente sin expresión.
Misión: Hablar de todo un poquito, ¿Qué te gusta? ¿Qué lees? ¿Quién eres? ¿Como estás?
Su turno:
*El libro que más me marco fue Frankenstein.
*Soy amante de los asesinos en serie, son fascinantes.
*La gente no suele ver las cosas como yo.
*No me considero parte de ningún grupo social, soy la nada y soy todo.
*No me gustan las clasificaciones ni las etiquetas.


Escena cinco:
Una sala cualquiera, un sofá cómodo y buena iluminación. El clima es decente, ni mucho calor ni mucho frío. En su camisa sólo decía “Gabba Gabba Hey”. Acababa de terminar de leer El túnel. Libro que lo ayudo a conocerse y a definirse, creo yo.

-Eres un Castel sin pincel. (No tiene nada de mi malo, es mi personaje favorito hasta ahora en la literatura).


Escena trece:
Llega de su casa agotado sin ningún motivo. Abre la puerta y ve al dueño del lugar. Mide aproximadamente ¿sesenta centímetros?, es peludo y ronronea.
El gato se le acerca delicadamente y se acuesta en sus pies. ¿Quién no podría resistirse a semejante criatura?
Reacción facial: Ligera mueca, pequeña sonrisa. (éxito)
Misión: Rascarle la panza al jefe, más que un deber, un placer.



Escena quince:

La misma habitación de niño pero con una diferencia notable, ahora hay más libros, más películas y más pósters.

Él acaba de leer el inbox.

Andrea Gómez dice: Ya publique! Feliz año!.

Reacción facial: Ninguna.

Acto seguido se mete en el blog y empieza a leer, reconoce su habitación, recuerda a su guerrero feudal, se ríe de su espalda recta, recuerda cuando dijo que no era parte de ningún grupo social, voltea hacia los lados para encontrar a su gato y así termina la historia. Feliz año Víctor, gracias por ser tan fascinantemente extraño, gracias totales.



PD: Disfruta de esta escena.

La muchacha

Por José Leonardo Riera



A Noelia Soledad Depaoli Solis





No sé qué hago aquí, un chamo como yo, con una mamá como ella, no debería estar escribiendo.

Debería ser, íntegramente, un adolescente rebelde. Odiar la vida y todo lo que ello implique. Y vivir haciendo precisamente lo que me lleve a una muerte más rápida.

Debería escribir “Sto ia aburre ale, wee Ready pa lo q salga hoy… gugugu soy me poes zi o ke??? “.

Pero no, escribiré sobre mi mamá.

Es una relación amor-odio. Odio amarla.

¿Por qué? ¡Anda adoptando a cuanto ser ve por ahí!

Lo más malo del caso es que nos hace escritores (y poetas, lo cual es algo exclusivo en el grupo) para dejarnos luego a la deriva. Solos. Creando y creando.

Y no sólo NOS HACE SER, sino que nos motiva a que sigamos siéndolo. Siempre hay una nota o algún poema que ella muestra, como quien no quiere la cosa, para que uno intente convencerse.

Algún día gris dirá: seré poeta
Poeta sin obra, de accesorio, de ademanes, viendo caer la lluvia sobre las flores.

Y mientras más nos hunde en el agobiante mundo del arte, más ella va creciendo. Al contrario que nosotros, ella cada vez tiene algo más interesante que contar. Y es eso…

Lo único que la bestia no puede quitarle cuando le alce la garra esta noche.

–¡Vieja loca! –le grito.
–Mira, DESGRACIAÍTO!!! Recuerda esto –me grita– el futuro será tuyo, pero el presente es mío!!



Vieja loca. Ustedes dirán: Definitivamente es un hijo rebelde. Pero quién no lo sería con una madre que:

1. Le ladilla la vida, le ladilla el aire, le ladilla todo.
2. Le teme a los fantasmas y a los extraterrestres.
3. Se encapricha con facilidad y se aburre con la misma facilidad.
4. Está enamorada de alguien que sólo se ama a sí mismo.
5. No se ama.
6. Escribe como por deber, como si una parte de sí misma no quisiera morir en la oscuridad. Escribir es casi una religión que profesa con poca frecuencia pero con la devoción de una beata.
7. Ama a los gatos y, cuando la arañan, se excita porque se siente dolorosamente correspondida.
8. Escribe mal.
9. Le teme a los truenos y a las lluvias nocturnas. Pero ama las sopas de pollo que hace su vieja cuando llueve.
10. Detesta a los niños, realmente; los detesta con todo su corazón.



Y yo creo, que aunque ya no soy niño, me sigue detestando. Porque para provocar que alguien quiera ser escritor, hay que detestar mucho a ese alguien. Y ella lo provoca.

Su segundo nombre, Soledad, le hace honor a su vida. Pues siempre está y se siente sola.

Es esa la maldición del escritor. Creer, erróneamente, que está solo.

Es que, como mínimo, me tiene a mí. Que la detesto y no puedo dejarla de ninguna manera.

Por eso, con cada letra que escribe, con cada nuevo tema, Noelia ilumina su oscuridad interna y se percata de que NO-Eta-sola. Tienes a varios amigos que la quieren tanto o más de lo que quieren a sus textos, tiene a un hijo desaparecido y otro que no puede desaparecer.

Pero cómo se puede desaparecer ante una persona que lo único que desea ser cuando grande es “menos grande”.

Es esa sencillez la que dispara con sus palabras que, impetuosas, no se amarran ante signos ortográficos y de puntuación. (Hay gente que dice cosas correctamente; y hay gente, como ella, que dice lo correcto).

Cómo uno puede detestarla si, al preguntarle si alguien la odia, responde: Ojalá.

Así, con su sencillez y su esencia de decir lo correcto, hoy escribo acerca de ella.

Sin editores de por medio. Sin estilos de por medio.

Con una frase para generalizar todo lo que digo: ¡Sí, mamá, tienes razón!




Empezó como un FRAGMENTO de
2 CERDAS Y UNA RAYA NEGRA.
Pero yo CONOZCO A MUJERES y sé que, para las artistas,
EL CAJÓN DEL PIANO puede ser
LA JAULA que encierre una
AUTOENTREVISTA CONTRA-PERSONA en donde la verdad resultante sea un
“YO ME AMO”. Y ella sigue. Dentro de
LA CAPSULA (PARTE I- "NOSOTROS HACEMOS QUE SE VEA BIEN") que nos lleva
DE VUELTA AL CENTRO para ser víctimas de un
TRATADO DE PELABOLISMO ILUSTRADO, en donde
LAS PALABRAS DEL PRESIDENTE a veces nos sacan
LAS ESCAMAS VERDES mientras
LA MUCHACHA se convierte en un
FRAGMENTO
De lo que es y será mañana.

Poesía


Al entrar en la oficina, encontraron al Don en su trono, esperándolos con un cigarro en la mano. Las cortinas de la habitacion estaban echadas y, si no hubiese sido por la luz artificial de la araña en el techo, estaría por completo a oscuras. Un Conde Drácula italiano.

Carlo y Gonzalo tomaron asiento frente al escritorio y el primero juntó toda su fuerza de voluntad en no bajar la mirada y salir corriendo. No era nuevo en la familia Calozzo. Esto iba a ser una lluvia de mierda y lo único que él podía hacer era sacar un paraguas.

Don Calozzo lo estudió, reclinado en su silla, una débil respiración gris emergiendo del tubo entre sus dedos. El corazón de Carlo se acompasó con el reloj de torre y su conteo del tiempo. Empezó como sabía que lo haría y eso no servía sino para anticipar el inequívoco final.

"¿Y bien?" preguntó el Don.

Carlo luchó por no manifestar debilidad y la pelea consigo era encarnizada.

"Carlito la cagó" dijo Gonzalo.

"¿Cómo que la cagaste?" el Don miraba a Carlo.

"Se entretuvo leyendo."

"Cállate" le dijo el Don a Gonzalo y, encarando a Carlo, "¿Cómo que te entretuviste leyendo?"

La silla, dos tallas demasiado pequeña para el creciente pánico de Carlo, empezó a asfixiarle con un jugueteo mental.

"Jefe, le ruego que me perdone. Pensé que tenía un chancecito y..."

"Y ese es el problema, Carlo. No te pago para que pienses, te pago para que obedezcas. Perdimos tres millones y uno de los muchachos está ahora en prisión. Estoy decepcionado de ti."

Esa era la sentencia. Carlo se sacó un cigarrillo del bolsillo de la chaqueta. Sería el último; esta noche daría un paseo por el lago. Con pies de concreto.

"Jefe, si me da otra oportunidad, yo puedo..."

La expresión del Don lo interrumpió. El jefe ya había oído todo lo que había que oir. Extendió una mano a Gonzalo y recibió de este la prueba del delito.

"'Selección De Poemas De Leo Riera'" leyó. "¿Poesía, Carlo? A nadie le gusta la poesía."

"Pero esto es diferente" Carlo luchó por su vida. "Mire, usted sabe que yo no soy lector y si esto hubiese sido cualquier cosa..."

El Don abrió el libro y lo ojeó.

"...no me lo habría llevado al trabajo. Es un tipo joven, pero es un alma vieja. Léalo, la forma en la que retrata..."

Gonzalo chasqueó la lengua.

"Si estás enamorado y te quieres casar por la iglesia, dilo de una vez" dijo.

"Jefe, puedo explicarlo todo con un sueño que tuve."

Don Calozzo levantó los ojos del libro, fijándose en los de Carlo.

"Estaba de vuelta en los barrios de Bari. Yo era un niño pobre, otra vez, y no tenía quién cuidara de mí. La calle estaba llena de agua estancada y basura, pero como yo tenía demasiada hambre, me puse a buscar comida entre la escoria."

El Don volvió su atención al libro.

"Empujé basura a manotazos, buscando algo que me pudiera nutrir. Y lo encontré. Entre más desenterraba, más surgía un tesoro, un maná del cielo. Pude rescatar un festín y gozar de las riquezas que había donde nadie revisó. Así es el estilo de Leo Riera, jefe."

El Don se aclaró la garganta y leyó:

"'Fue una buena relación y bien nos complementamos, pero luego caí en la tentación y aún eso lamentamos."

Su voz retumbó en la recámara. Cerró el libro.

"Gonzalo."

"Dígame, Don Calozzo."

"¿Por qué deseas destruir a mi familia?"

El cambio de energía se sintió como la diferencia entre el crepúsculo y el amanecer.

"¿Cómo dice, jefe?"

"Vienes aquí a atacar a Carlito, con algo que nutre al espíritu. Quieres ser un traidor. En la familia odiamos a las ratas."

"Don Calozzo, yo..."

El pater familia se concentró en un Carlo que sudaba de alivio.

"Llévate a este stronzo, Carlito. La poesía sólo crece en el corazón de los espíritus más puros. Te he enseñado sobre el negocio, pero hoy me has enseñado tú a mí. No lo olvidaré."

Carlo se puso de pie y tomó a Gonzalo del brazo. El pezzonovante luchó con debilidad; sabía que nada podía hacerse ahora.

Iban saliendo del estudio del Don cuando Carlo superó el impacto de su segundo nacimiento. Miró al Don y preguntó:

"¿Y mi libro?"

El Don lo abrió otra vez y, leyéndolo, sonrió.

"Este es mío ahora, Carlito."

miércoles, 28 de abril de 2010

Pauta 31: Ani-verso-rio de letras vertidas

Advertencia: Todos los personajes de esta historia han sido caricaturizados. Es responsabilidad y compromiso de los protagonistas contradecir, reforzar, profundizar, etecé, los perfiles acá expuestos.

El día antes de un descubrimiento y un inicio:

Mordisqueaba la chupeta recién abierta pensando en los elefantes marinos y en la idea de quedar preseleccionada en el concurso municipal cuando fue llamada por su madre: “¡te faltaron los vegetales!”. Se dispuso entonces, tan rápida como pudo, a ingeniar su maniobra evasiva.

Ensueterada y concentrada como pocos, ella terminaba su informe. Pretendía pronto avocarse al reportaje para luego adentrar en el ensayo pendiente. Tic tac, tic tac. Luego le faltaba todavía la monografía, “¿qué pasará?”, recordó a Dari, “¿vendrá todo aquello a mi camino?”

Sonaba ahora la canción del final de la serie. "Qué pasará con Naitachi, si Okuro la descubre sin duda le contará a Leiba", meditaba mientras pensaba que debía escuchar DBSK para relajarse. "Es difícil esperar resultados de la vida, cuando hay tantas preocupaciones adicionales. Ojalá Naitachi se adelante a los acontecimientos y revele su identidad, pero la entiendo, la echarían del Matoro inmediatamente.”

"… sea tu nombre", rezaba Marta encogida sobre sí mientras sus oídos eran penetrados por aquellos pasos, por los portazos, por los papeles que desordenaba el de la sombra, ese extraño que la buscaba con desespero". 'No, la tensión debe ser más profusa.' Hizo pausa. Abrió el correo. Aún nada. Los del Rally no lanzaban todavía sus noticias. "Vamos", retomó, alentando su ingenio a cubrir a Marta de angustia por el peligro que corría su cuello.'

JL fruncía el entrecejo. Ese día debía saber de una buena vez si su destino estaba un paso más cerca. Había calculado su posible competencia de acuerdo a los lugares de exposición del poster. No era imposible, acaso difícil. Tomó un cigarrro y cerró sus ojos, tenía mucho que pensar: su carrera, ese concurso, los versos que latían dentro…

“Que si no les gusto chao, ¿entiendes?, que si creen que mi cuento no es suficientemente bueno para quedar preseleccionada ¡allá e-llos! Pero pero, si quedara, ¿tú crees que quede?, entonces son unos tipos geniales y conscientes que merecen este sorbo de vida. ¡Pásenme otra!”, brindó celebrada y acompañada en su renovada alegría. Sirena; fiera y dulce, oscilaba.

Más birras, más luces: “Checo, es que tú ¿ves, ves esos poblados por allá en los cerros?, ¿los ves, los ves? Esos mesmos merecen oportunidades, checo, merecen letras y si quedo voy con mis letras, si queda va este negro”, se ríe y cambia la voz, “este negro que tiene mucho que decir en este mundo, ojalá, oh Alá.”

Uno intermitente, más ausente que presente, veía tigres con piel de cebras y sillas con cascos de astronautas (("en televisión")), cuando entre canal y canal, vio en la imagen de su vida una expectativa: probar, surgir. ¿Crecer?

Ella se daba el segundo receso de seis minutos entre un capítulo de la tesis y otro cuando la asaltó la ansiedad de la respuesta por esperar. “El tiempo es un papel doblado, lo que estaba en el pasado se despliega en el presente, y conecta con el futuro, ¿por qué no, F, te abres un pelo y me dejas asomarme y ver qué me viene?”

La de Margara masca un chicle cuando ríe copiosamente por la gracia de su amado barbudo (no chivúo). Ríe y se despega, secretamente, de una intriga: ¿quedará? No es su pasión ni su mayor reto vital, ¿pero será será esta su oportunidad?, pensaba la comunicadora.

Más. Más. Debía extender su mano aún más, sus pies de Converse más más. Estaba cerca, sólo faltaban infinitos trechos para tocar su estrella, la Andreta Gamoza, que algún día sería conocida de esa manera. “Andreta, dame una señal, si sigues brillando, es que no quedé, si no, es que sí.” Plum, se llenó de felicidad cuando supo, de antemano, que quedó y cuando investigó el fenómeno y se dio cuenta que presenció algo de hace mil años. Se hizo una trenza en el cabello en honor a su ex amarilla amiga imaginaria y real.

Faltan 67 días para la playa y su casa. 67 días de lingüística y fo-ne-mas. Pero sólo 1 para una gran noticia. “¿Qué me espera, Manu?, ustedes las niñas son más intuitivas, ¿vendrá la luz que deseo?”, pronunció antes de echarle un mordisco a la hamburguesa de promoción y seguir jugando con el muñequito.

Todos ellos, nosotros, recibiríamos, entre conversación, trabajo, chupeta y birra:

La vida misma tiene el gusto de informarle que ha quedado seleccionado para el I Rally Metropolitano de Escritores.
La convivencia con los otros participantes arranca en la Plaza Miranda, pasa por una competición y llega a un blog de diez plumas-teclados. Partirán nerviosos y dudosos, pero crecerán en el camino.
Por favor confirme que está dispuesto a aceptar esta invitación y a encarar cada uno de sus retos.
Si tiene alguna duda, comentario o sugerencia, dude mucho en desistir por ellas u otras trampas mentales.
Felicitaciones y mucho, concretado, éxito.”


Todos, quizás al unísono
: "Confirmado".

Hoy un año después, el reto continúa. Se llama Letras a Litros y sabe a blog desdiseñado, a pautas semanales y a cuentos íntimos. Cualquier duda y comentario sobre sus miembros, escríbanla, tal es la directriz. No duden ni dejen de hacerlo. Que arranque otro reto y con él otro año.

¡Salud!

Beban cuanto deseen, que hay litros de letras.