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sábado, 16 de abril de 2011

Más allá de las palabras



Por Jessica Márquez Gaspar


Llega un momento en la vida de todo
escritor en que debe comprender
que las palabras no son suficientes 
para aprehender el mundo

¿Qué puedo decirte después de todo?
¿Qué queda aún por decir?
Si las palabras se las lleva el viento y he estado desnuda ante ti.
¿Qué queda por decir? Te pregunto
¿No hemos agotado ya las palabras?
Sabes lo que siento y, espero, sea para ti más que palabras.
Ha pasado el tiempo, es cierto.
Hemos pasado nosotros,
Pero aún quedan nuestros cuerpos,
Y también nuestra alma
Y aunque tengamos miedo al miedo mismo
Y aunque tengamos más que antes que temer
Aún queda este sentimiento
Aún quedamos en el hoy y en el ayer
Porque en las tardes robadas al destino
En las noches de insomnio y de deseo
Hemos detenido todo
Incluso el tiempo
Y hemos creado un espacio
Un complejo
Un momento donde estamos
Más allá de todo
Y para siempre
Amándonos
Como en aquel invierno
O en el verano dulce de tus labios
Porque más allá de todo
Y antes que nada
No existe el mundo sin ti
Y aunque pasen los años y las lágrimas
Seguirá siendo así
No me olvides entonces
No lo hagas
Porque yo no lo haré
En las mañanas de mañana
Siempre contigo estaré
Abre entonces tus ojos
Mi cielo
Observa el mundo a través de la ventana
Que las palabras ya no alcanzan
Que tal vez,
Ya no significan nada
Pero esta cercanía de nuestros cuerpos
Esta proximidad de nuestras almas
Significan todo hoy
Y tal vez otro día, tal vez mañana
Porque cuando el mundo gire
No sabremos si estaremos aquí
Pero en mi memoria viviremos siempre
Más allá de las palabras
Más allá de ti
Y de mi

jueves, 14 de abril de 2011

¡Salud por la artritis de mi vieja!

Por algunos minutos, todos los días detengo el trabajo por el que me pagan para jugar Tetris. Sí, Te-tris. Siempre distraído, suelo perder. Pero justo ese día gané. Dentro de mi ridícula rutina me alegré: oh, sí yo mismo, yo triunfé, ¡toma eso!

Escribí mi nombre para figurar arriba de mi récord anterior y ahí quedé registrado, 16.259 puntos al 16/06/11. Así me di cuenta. 16 de junio. Ya había pasado el 15. El día anterior había cumplido años y por la rechucha nadie se enteró. Nadie me lo dijo. Nadie me lo recordó con un mensajito. No digamos una torta con velas que no se apagan o si quiera con fósforos, coño.

Nadie, nada. Ni en redes sociales. El Facebook anuncia los cumpleaños del día, pero supongo que quienes lo vieron, pensaron que, entre la lista, soy en requete nulo por el que da weva escribir "pásala bien, besitos".

Así son las cosas. Ni mi perro, ni mi mamá, ni mi resuelve virtual en Estocolmo. Nadie se acordó. Y es que también hay que razonarlo, no es que cumplo un 2/2 que es fácil recordar. No, cumplo el 15 de junio, ¿cachan? en el medio de la mitad, en la nada menos nada. Es difícil.

Y si lo pienso, seguro que mi mamá anda complicada por la artritis y mi amiguita en Estocolmo debe andar estocolmeando. La vida pasa y tampoco es para andar con tantas susceptibilidades, ¿no?

Pero repasé el correo y de veras que nada de nada es que ni siquiera llegó alguna felicitación automática de un banco o portal web. Es anormal. Bueno, aunque tampoco tanto si nos damos cuenta que no soy Justin Bieber o algo así. Soy un tipo random, tampoco es que la gente deba hacer una fiesta por verme.

Pero igual pega. Una vez leí que felicitar a alguien por su cumpleaños equivale a decir "¡celebro tu existencia!" y creo que ese es el meollo. Nadie da cuenta de mi existencia. Nadie puede celebrar algo que no sólo no le importa, sino que desconoce. Nadie puede desear que la pase bien y tampoco mandarme un "besito" si no saben si me morí o si tengo coño cachetes para recibir un puto beso.

De modo que como mi cumpleaños me pasó por al lado -porque cumplo 365 días más de algo que no es vida-, salí ese 16 de junio, orgulloso por mi record en Tetris, a beberme una chela por mi insignificancia. ¡Salud por mi visible invisiblidad!

miércoles, 13 de abril de 2011

Casi tan malo como oír “no eres tú, soy yo"

Puedo llegar a creer que la vida no es tan terrible, siempre y cuando no salga de mi habitación y descubra que hay toda una jungla ahí fuera. Seamos realistas, podemos poner la mejor sonrisa del mundo y pensar que con eso logramos la paz mundial y un montón de cosas más, pero eso no es una garantía de felicidad. Es absurdo creer lo contrario.

Perdí bastante tiempo buscando el lugar donde dejé mi sentido común, mi racionalidad y mi capacidad de análisis para ciertas situaciones afectivas y emocionales, aunque hacerse el desentendido es, además de una buena táctica, una terapia contra la locura. Que si el amor, que si los amigos, que si algún psicópata decidió perseguirme desde esta mañana… realmente es mejor borrar mi disco duro mental y pretender (por mi bien) que nada está sucediendo. Puede que siga haciendo eso y pasen dos cosas, o aprenda a vivir bien, o el psicópata me encuentre bajo mi cama y ya, pues. Ambas cosas son perfectamente posibles. Preferiría la primera, dentro de lo que cabe me gusta vivir.

Descubrí recientemente que uno de mis hobbies nocturnos es no hacer nada, o hacer demasiadas cosas al mismo tiempo. No se lo aconsejo a nadie, es peligroso y podría causar estrés por semanas, sedentarismo o nomadismo por tiempo indefinido y pérdida de la memoria. No, momento, yo tengo mala memoria. No aplica. Eso me hace recordar, irónicamente, que había olvidado algo. El algo no lo recuerdo.

Tiendo a creer que el fin y origen de todos los problemas es el dinero, pero muchas veces, para bien o para mal, aparece y desaparece como le viene en gana. Desvarío demasiado pero, ¿qué importa? Como si alguien en verdad prestara atención a lo que dice un loco, pero aún puede que me escuchen, e incluso me lean, así que no entro en la categoría. Se siente bastante bien saber que los que te rodean piensan que aún estás cuerdo, ¡si supieran! Puedo reír y reír por esto durante horas, pasando de la normal risa suspiro, hasta la risa maníaca-enferma que todos llevamos dentro. Todos.

Si pudiera cumplir un sueño, seguramente sería montar un stand-up comedy, y claro, amanecer de un día para el otro con el talento necesario, las cosas como son. Me gustaría también viajar mucho, aprender mucho y todo eso que la gente que dice ser normal quiere. Lo normal puede ser anormal también, aunque no tenga sentido. Y aclaro, no hay nada tan malo como esa frase infernal de “no eres tú, soy yo”; eso sería como decir que un pantalón de púas es una comodidad. Incoherente.

Monoloca: Mujer que no es así no es mujer

-Tienes un cueeerpo brutaal oh oh oh… Aaaasco, ¿Qué hago yo cantando esa monería de canción? Aishh yo sabía que tenía que dejar de salir con ese imbécil... Eso de oír reggaetón en el carro es niche.

- ¡Ay no! Además es insoportable y estoy segura de que se quiere agarrar a su mamá, tal cual Freud, esa amistad con ella es muy rara. ¿Por qué coño ella lo llama cada dos horas? ¿Qué le importa a ella qué camisa tiene puesta? Esa vaina es rara…

-También el otro día cumplimos dos años, dos meses, dos semanas y dos días y al maldito se le olvido... ¿A quién se le olvida eso? Seguro tiene otra… Es que si tiene otra lo voy a matar a coñazos... Primero lo hago sufrir un rato y luego, luego lo mato.

*riiing, riing*

-¿Que hace este idiota llamándome? No le voy a atender, no se lo merece por infiel… que se joda, que me busque.

*riiing, riing*

-Coooño y sigue... ¡YA DEJAME EN PAZ! ¡Quédate con la otra que seguro a ella tu mamá si la quiere! Vieja pajuaa…

*bep*

-Ay si ahora cree que con un mensaje de texto todo se va a arreglar... ¡Ja, qué idiota!

(Lee el mensaje)

-Awww tan bello mi gordo me invito a cenar hoy... ¿Será que me estreno la camisa blanca?