lunes, 14 de septiembre de 2009

El peregrino

Por Guillermo Geraldo

Entre ciegos quiero ser luz de nuevo amanecer, aquella llama que alumbra entre algunos que han quedado cegados por el miedo, que se sumergen en la oscuridad de cuevas de ignorancia. Quiero ser el peregrino que los traslade por el camino de la esperanza, formando cimientos concretos, expulsándolos de tierras movedizas donde invidentes de ideas se encuentran, se hunden. Convirtiendo al populacho en visionarios, tentados por pasión a patria, alimentados de sueños, de luchar.

Entre los que han quedado empapados del temor, huérfanos de coraje, afónicos de voz para hablar en un país donde el silencio y la barbarie hacen de piano y violonchelo en la octava sinfonía del disfraz de socialismo, que entre sus músicos destacan la mediocridad, un artista llamado represión y un director llamado dictador. Entre esta muchedumbre quiero ser aquel que incite a los mudos a cantar libertad.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Al otro lado

Por Samar Hokche

Es difícil encontrar las palabras adecuadas, cuando en el fondo ya ella sabe todo sobre mí. Nos sentamos frente a frente, nuestros rostros palidecían –tal vez por falta de sol–. Ella mantenía la calma y me miraba fijamente a los ojos, mientras que yo jugaba con mi cabello. Debo admitir que estaba nerviosa. Después de unos largos minutos de espera, se interrumpió el silencio. Tomó la iniciativa, y como es de costumbre, fue directo al grano.

Serena: Supongo que quieres llegar a algo con todo esto, pero sigo sin entender ¿por qué yo tengo que estar involucrada? –preguntó con una voz acusadora.

Sammy: Bueno te escogí a ti especialmente ya que eres la única que me muestra en realidad la persona que soy en el fondo –baje la mirada por vergüenza.

Serena: En definitiva, no discutiré eso. ¡Te creo! –me regaló esa sonrisa de triunfadora que veo muy a menudo en su rostro–. Y a todas estas, ¿se podría saber el motivo por el cuál te has interesado en escribir estos últimos meses?

Sammy: –Tomé un respiro y junté mis manos– Tú sabes muy bien lo difícil que es para mí expresar lo que siento –asintió dulcemente–, me toma mucho tiempo a diferencia de ti. Y he descubierto que al escribir puedo llegar, de cierta forma, a liberarme de todo, a demostrar en una hoja en blanco lo que llevo por dentro, todas esas angustias, tristezas y sueños que han llenado mi cabeza por años, las cual no me dejan dormir muchas veces.

Serena: ¿Qué te puedo decir? Me alegra que hayas podido encontrar un lugar donde te sientas cómoda con tus sentimientos. Sin embargo, eres una persona que pierde valioso tiempo fantaseando por la vida. Te repito esto por lo menos una vez a la semana, ¿no crees que es hora de cambiar?

Sammy: ¡Ya lo sé! –me irritaba que siempre llegábamos a este punto en la conversación, punto que más bien yo trataba de evitar en lo posible.

Serena: Es uno de tus grandes errores. –Ella era increíble, nunca alzaba el tono de voz en momentos de tensión, ¡nunca!

Sammy: Uno de mis errores –volvió el silencio por unos segundos–. Yo disfruto de los simples placeres, como es soñar despierto. Dejo que mi imaginación tome su propio rumbo, ¿y sabes cuál es la mejor parte de todo?,

Serena: No, ilústrame.

Sammy: Que no existen normas o leyes para regularlo, nadie te puede decir cómo se supone que lo tienes que hacer, y gracias a Dios, porque en este mundo sobra gente que piensa que lo sabe todo, y para colmo te quieren enseñar.

Serena: Es lindo recurrir a eso de vez en cuando, pero acuérdate que estoy aquí justamente para ayudarte con tus problemas. Tú me elegiste.

Sammy: –Sonreí, lo peor ya había pasado– ¡Gracias! Debo confesar que eres mi admiración, y si vamos más lejos, también mi modelo a seguir.

Serena: ¿Ah sí? ¿A qué se debe tanto halago?, pero no me malinterpretes te lo agradezco de corazón.

Sammy: ¿No has captado mi mensaje aún? Tú eres el reflejo de lo que yo quiero llegar a ser, una persona centrada, tranquila en todo momento. Que sabe sin dudar qué quiere de la vida y cómo conseguirlo. Que sueña por algo y va tras eso, sin impórtale los mil y un obstáculos que pueda encontrar en su camino. No tiene miedo a gritar al viento lo que siente, tratando de no herir a segundos. En caso que te lo preguntes, ¡sí quiero cambiar! –mis manos temblaban–.

Serena: Entonces empieza. ¿No lo percibes? Tú me creaste, Sam, yo soy tu concepción de tu ser mejorado, por lo tanto si tu eres capaz de imaginarme, eres capaz de lograrme, y estoy segura que triunfarás si no me abandonas.

Sammy: –Mis ojos se nublaron, no puedo impedirlo soy muy sensible–. Es difícil algunas veces.

Serena: Es cuestión de tiempo.

Sammy: -Suspiré-. Tienes razón, después de todo creo que funcionó esta pequeña charla, ¿no?

Serena: ¡Uff! Como tú no tienes idea. Nos vemos pronto.

Sammy: No tengo duda de eso.

Cerré los ojos, aparté mi mirada del espejo, preguntándome en la soledad de mi mente cómo se ven los demás cuando se miran a sí mismos, qué querrán llegar a ser. Y se imaginan cuántos secretos se guardan al otro lado de nosotros, al otro lado de nuestros reflejos, al otro lado del espejo.

martes, 8 de septiembre de 2009

Cubalibre

Por Jessica Márquez Gaspar

-¿Qué quiere esta noche el señor?
-¡Dame un cubalibre, papá!

Tintineo de hielo. 4 dedos de ron, 3 dedos de Coca-Cola. Vaso largo. Limón.

Un grito que se alza al unísono mientras muchos vasos se alzan en el aire: ¡Viva Cuba Libre!

Un trago. Dos tragos.

Fidel tomó el poder al bajar de Sierra Maestra hasta La Havana. La Revolución ha comenzado.

Tres tragos. Cuatro trago. La bebida está en su punto. Otro brindis.

El sueño toma forma. El pueblo cubano empieza a vivir la Revolución. Alfabetización. Medicinas. No más capitalismo.

Cinco tragos. Agite de la bebida. El hielo comienza a derretirse. “¡Viva Cuba Libre!”, gritan entusiasmados.

Se cierran los casinos, se mantienen los burdeles.

Seis tragos. Siete tragos. El fondo del vaso se acerca. Las conversaciones continúan, pero ya nadie brinda.

Poco a poco se acerca la Dictadura y con ella el Bloqueo. Censura a los medios.

Ocho tragos. Nueve tragos. El silencio empieza a apoderarse de los presentes.

¿En qué se ha convertido Cuba?

Diez tragos. Queda un fondo de ron en el vaso.

Se desarma el sueño. Se cae la careta. Pobreza.

El vaso está vacío. Son pocos los que quedan en el bar. Limpio con un paño blanco. John levanta la mirada, con tristeza.

Cuarenta años han pasado.

Preguntó nuevamente, y John responde con la melancolía del sueño perdido:

-¿Qué quiere esta noche el señor?
-Dame un cubalibre… papá.

Cu va

Cuando lo que toca, toca, no hay mucho que pensar. ¿Para qué, para qué? Cuando no hay opción no hay escogencia. Cuando no hay salida no hay camino.

Soy y somos. Esto y lo mismo. Y de mi Cuba conservo fijo un recuerdo sobre tantos:

Curo o "el Cu", mi amigo de la adolescencia, dijo un buen día que no aguantaba más. Que se iba. Cu se iba. Cu va. Cu fue entre las olas.

Y no supe más de él. Como no supe ni sabré de la vida de otra manera.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

-Mar adentro-


Guillermo Geraldo (GG): Es que si hoy la noche se manifestara como mujer sentiría más sed por tocarla que la que siento ahora mismo por agua. Nunca me interesó realmente aprender aquello de las coordenadas, de algo referente a las estrellas. Pensar que hoy tengo el universo acostado sobre mí, una brújula divina y no sé cómo usarla, no sé dónde está la Osa Mayor siquiera.

Men: En algún momento te lo dije, Guillermo, y no es porque yo sea el más pesimista de los dos, es que siempre has pensado que eres inmune a las cosas que pueden pasarle a cualquiera; a todos menos a ti, por supuesto. ¡Güevón, Pajúo! Fíjate son las tres de la mañana. A esta hora subías caminando a tu casa absolutamente solo. Chamo, vives en Caracas aún, mañana quién sabe. Si no te han robado es porque eres demasiado negro para que te vean, o porque eres demasiado lechuo.

GG: Cállate, men ¿sabes qué quisiera tener ahora? Una pluma o un lápiz y un papel. Chamo te lo juro que gozaría una barbaridad escribiendo sobre el cielo de hoy, es que míralo.

Men: ¿Para escribir? ¡Ja! Qué marico, lo que te motivó a escribir hace unos años, tú y tus caprichos.

GG: Marico no, mamagüevo, aún la recuerdo, me volvía loco, perdí el juicio, causaba que mi mirada se posara sólo en ella incluso cuando mis parpados se encontraban cerrados. Estefanía, la recuerdo, así era su nombre. Fui madurando intenté escribir algunos cuentos y los hice, luego novelas (demasiado jojoto para hacerlo). Entonces, de nuevo una mujer guiaba mi mano para escribir cursilerías por su perfume, esta vez Rebeca, y así fue. El amor y una mujer siempre me han sometido a escribir. Eso, claro, antes de conocer las injusticias y blasfemias de la política.

Men: Eso fue por lo que empezaste a escribir, pero ¿por qué abandonaste en algún momento? O sea, digo si cuadrabas culos con la vaina, y a las chamas les parecía interesante, y te gusta y lo llevas en ti, pues sinceramente sientes un respeto por escribir, ¿por qué lo dejaste?

GG: Por el béisbol, marico. Dejé de estudiar por el béisbol, y eso que me gusta. Chamo, yo soy humanista, todos me dicen que soy es pendejo porque que era bueno en la güevonada. Tuviera mis reales, pero no podría vivir sumergido en una vida donde un libro es enemigo, porque leer quita un tiempo sagrado para entrenar, porque leer te llena de dudas y te causa preguntas del mundo que son contrincantes de la mente de un deportista donde la única palabra que conocen es pasión, y hoy en día siento pasión por lo que me gusta, la sangre me hierve por la política, por escribir, por conocer.

Men: Marico, estamos aquí solos, ¡mosca con una vaina y bueno, o sea, no me vayas a estar agarrando el pene ni nada de esa vaina, mira que vamos a dormir bien juntos!

GG: Tú si eres gay, ¿y si te cogiera qué? Nadie lo sabría pendejo, no se lo dirías a nadie porque tú no eres nadie sin mí. Voy a morirme como un cubano atravesando las noventa millas a Miami, muerto de sed. Pronto los tiburones estarán como buitres esperando que caiga al mar, pero una vaina sí te digo chamo, los cubanos que escapan y viven para contarlo te aseguro que no se les pasará por alto el cielo tan arrecho que hay en un mar a las tres y cuarto de la mañana.

Sin embargo, un cielo pincelado por el mismo Dios no puede ser el costo de vivir condenado a cadena perpetua en una isla. Estoy acostado en mi bote luego de acabar el combustible, y luego de tres días en este mar desierto de alguna porción de tierra. Pero esa vaina no me importa. Si mi celular tuviera señal ahora mismo, le escribiría un mensaje a Gabriela, Jessica o a Víctor, a alguno de letrasalitros, y pediría esa tontería que se me acaba de venir a la mente, que escribieran de Cuba, siendo cubano, Castrista u opositor, si es que puedes serlo allá.

Men: Qué pendejada fue venir a pescar solos tú y yo.

GG: Men, así empezaron a decirme cuando era pequeño, un chamito de once años diciendo “men” de muletilla era gracioso. Me empezaron a decir “El men” y así me quedé para algunos.

Men: ¿Entonces qué? Deja de hablar paja. ¿Vamos a dormir?

GG: No, chamo, déjame sólo, sal de mi mente un rato, hoy quiero ser yo, déjame mirar este cielo y pensar.

Siempre me dijeron que cuando estás condenado a la muerte, recuerdas tu vida como una película en algunos segundos. Un recuerdo de mi infancia sería creerme un Power Ranger y gracias a esto meterme a practicar kárate. De cuando era un poco más grande, recuerdo tocar timbres en los apartamentos del edificio donde me había mudado y darme ahí mi primer beso jugando a la botellita. Ya en la adolescencia conocí dos carajos que hoy en día son mis mejores amigos, jugué fútbol y béisbol luego del desespero de no quedar en la UCV empecé a estudiar Estudios Internacionales, entre todas las carreras la que más me gusta, y mi último recuerdo es prender el motor de bote para navegar y perderme en el cielo azabache de esta noche, náufrago de Rebeca, de señal, y de escribir.

martes, 1 de septiembre de 2009

No éramos

Por Jessica Márquez Gaspar

Somos una multitud los que caminamos. Entre muros de piedra se desliza el grupo con idéntico compás.

Escucho el ruido sordo de las pisadas, el taconeo incesante de aquellos que hacia allá nos dirigimos.

De ella me acuerdo poco, sé que caminaba cerca de mí en la avenida.

Me atraía su sombra. Parecían tratarse como si fueran íntimas, como si fueran confidentes, amigas, como si cuidaran una de la otra.

Pero en aquel pasillo no había sombras, era ella sola, caminando, siguiendo el ruido de los pasos, recorriendo entre la multitud el silencio y la soledad.

Aquel pasillo no tiene principio. No creo que tenga final. Muros blancos, grises, se suceden interminablemente. Aún no sé cómo llegamos aquí. Caminábamos por un boulevard, al borde de la avenida, y de pronto…
No estoy seguro aún de qué pasó, pero en algún momento la perdí de vista, pareciera que fue desapareciendo. En la uniformidad del silencio, de la multitud, en el marchar interminable hacia allá, todos nos desvanecimos.

Es que sin sombra ni ella ni yo éramos nada. Nos perdimos.

No pudimos encontrarnos más en nuestras sombras, en nuestro reflejo en la pared. No hubo más confidente, más amiga para ella.

Mientras el mundo taconeaba, mientras el ritmo se mantenía interminablemente sin el ruido, sin el color, sin la luz, sin amor y sin locura, sin pasión, nosotros caminábamos por aquel pasillo sin final, hacia allá. Perdimos nuestras sombras, y ya…no éramos.

Se perdió

Por Samar Hokche

Se fue en una noche oscura sin luna ni estrellas, sin sueños ni anhelos.

No fue hasta medio día que me di cuenta de que algo me faltaba, no me encontraba completa, busqué a mis alrededores, pero todos los demás la poseían, era solamente yo que no la tenía.

Tal vez la lastimé aquella oportunidad, les juro que no era mi intención y ahora no sé dónde se encuentra. El curso de la vida seguía, pero en cuanto a mi ser permanecía inmóvil ante la idea de haberla perdido, perdido a mi única amiga.

Ahora me invade la inseguridad y el miedo a seguir por mi cuenta. Mi presencia se ha desvanecido en sus recuerdos oscuros. Mi silueta, mi perfil, ella ha sido el trazo de mis pensamientos e ideas. Toda mi esencia duda de haber existido antes. Me siento abandonada.

No está detrás de mí, y ahora entiendo que no soy nadie sin ella.

Por eso les ruego que si la ven, a mi sombra, díganle que por favor vuelva a mí.

La pareja perfecta

Por Andrea Gómez

Qué bella era aquella mujer, era diferente de todas.

Era la bondad personificada… si en ese momento creyeran en dios dirían que era la mismísima virgen.

Tan pura y delicada, con una piel blanca de porcelana y una gran sonrisa... Así era ella.
Lástima que era tan fea como la cosa más fea del mundo.

Por el contrario estaba él, un hombre hermoso de piel oscura.
Un dios en la tierra.
Las mujeres caían a sus pies como moscas. Su cuerpo era tan duro como una roca y su mirada causaba escalofríos.
Lástima que era tan malo como la cosa más mala del mundo.

Lo curioso de estos personajes es que se amaban con locura.
Ella lograba ver el lado bueno de él.
El lograba ver la belleza de ella.

Juntos mantenían un perfecto equilibrio.

La gente los llamaban la Mujer y su Sombra.
Ella era la luz, lo puro.
Él era lo oscuro, lo temido.

Dicen que en cada objeto o persona existe su opuesto y que de esta manera encontramos un perfecto equilibrio.

Ella se llamaba Yang... Creo que ya conocen el final de esta historia.

Mujer oscura

Por José Leonardo Riera


Estoy enamorado de una mujer oscura,

Misteriosa,

Intangible,

Perversa,

Interesada.

Yo siempre la persigo,

Díganme masoquista.

Y es que el amor es lucha y nunca es conquista.

De mujeres y amor las historias sobran,

Pero no ha existido quien ame una sombra.

Y yo amo a una oscura,

Perversa,

Misteriosa.