viernes, 21 de enero de 2011

Por él y para él

Paula Ortiz
Primer match del segundo contraletras
Paula vs Samar vs Víctor: Misterio en el extranjero

Me paré ahí porque sentí que él me veía. Tantos kilómetros recorridos para verlo y necesitaba asegurarme que él también sentía mi presencia. Lo miré pero él, con la vista irónicamente hacia el cielo, parecía evitarme. Sus hermosas alas parecían filosas, tan filosas que me provocaba cortarme la piel con ellas, sangrar por él y gracias a él. “Grita –le pedí-, grita tanto como yo lo hice el día que te conocí, ese día que apareciste para robarme el sueño y para obsesionarme con cada centímetro de tu piel de piedra que quisiera poder acariciar”.

Su hermoso rostro, ese mismo que había visto sólo en foto, seguía esquivando mis ojos. Con tanto miedo de caer y a la vez tan soberbio que no podía bajar la vista para mirarme. Yo sabía que su esencia estaba ahí porque mi piel se erizaba como la del primer beso. “Tómame”, le seguía implorando. Él siguió ahí, frío –increíblemente frío- e inmóvil sin buscar tocarme, sin querer sentir el calor que me invadía por la excitación de verlo.

Madrid se quedó muy lejos, aunque mis pies estuvieran en su suelo. Éramos sólo él y yo, el reinado de un ángel caído y la fiel certeza de que yo lo seguiría a donde fuera. ¿Éramos sólo él y yo? Así creí hasta que del otro lado de la calle vi que un hombre me miraba. Su fija mirada parecía un insulto porque no era la que buscaba, una bofetada a mi viaje. Haber venido desde tan lejos para recibir la atención de un cualquiera desató una terrible irá en mí.

El hombre cruzó la calle y un deseo invadió mi ropa, luego mi piel y el resto de mi cuerpo. No necesitaba tocarme, no necesitaba acercarse más para que la lujuria se apoderara de mis ganas de vestir y las arrojara al suelo como yo quise arrojar mi ropa. La ira fue mermando y me sentí hermosa, como si nunca nadie me hubiese visto de esa forma, con tantas ganas de devorarme aunque estuviera satisfecho. Como siempre quise.

Mi ángel caído seguía ahí, en su plaza, en Madrid, a 666 metros sobre el nivel de mar. Él no me veía pero sabía lo que sentía y lo aprobaba, porque su piel de piedra empezaba a vibrar con la mía.

Una mujer de curvas pronunciadas se acercó al hombre, ahora al otro lado de la plaza, miró la estatua de Lucifer con desaprobación, con asco, y otra vez sentí ira. Tomó al hombre de la mano y lo besó apasionadamente como si supiera lo que yo estaba deseando en ese momento. La quise odiar, pero lo único que podía sentir era envidia y mis ganas de tenerlo a él aumentaron. No pude moverme, no quise moverme. La maldije y dejé que el viento me acariciara.

“No puedo moverme de aquí”, me dije y volví a buscar los ojos de él, pero seguían mirando al cielo. “Cómo has caído de los cielos!”, dijo San Jerónimo. Yo agradecí que pudiera tenerlo tan cerca. Lo amé y lo odié.

Bajé la mirada y el hombre de la plaza seguía ahí, más cerca. Tan cerca que pude ver sus manos manchadas de sangre y que la mujer voluptuosa había desaparecido. No me preocupé por ella, más bien me alegré que se hubiera ido, quizás para siempre. Pero el miedo se apoderó de mí. El hombre estaba cada vez más cerca y yo no quería moverme, me pesaba el cuerpo y me daba fastidio moverme. No quería, sí podía, pero no quería.

Sentí que comenzaba a caer, abrí la boca como Lucifer para gritar, pero no pude. Me sentí de piedra, tan fría y tan rígida. Busqué sus ojos en el cielo, pero sólo veía sus alas, sus filosas alas con las que podría cortarme con tanto gusto, pero ahora estaba más lejos que antes.

El hombre de la plaza estaba ahora sobre mí. Ya no podía ver a mi ángel caído, pero podía sentirlo más que nunca. Estaba en él y estaba en mí porque el miedo había desaparecido al imaginar que ese mismo dolor lo había sufrido la mujer de las curvas que hace poco besaba la boca que se acercaba a mis labios.

Y es por eso que yo no viajo solo

Samar Hokche
Primer match del segundo contraletras
Samar vs Víctor vs Paula: Misterio en el extranjero

Un año después del, sumamente comentado, viaje de Margaret Lee al viejo continente.

-Pobre Margaret, tenía un espléndido futuro por delante. Una gran pérdida sin lugar a duda.

-¿Es que acaso se murió?

-No para nada -respondió María Elena-, pero pensándolo bien, ese destino hubiera sido mejor.

-¿Margaret Lee? ¿Loca Lee?, de esa “Margaret” es de la estamos hablando, ¿cierto? -Preguntó inseguro Antonio.

-¡De esa misma! Escuché que la habían internado en el Centro Clínico de Salud Mental del Este. No ha sido la misma desde que volvió de aquel viaje infernal.

-Totalmente de acuerdo –suspiró Antonio-. ¿Sabes lo cómico del caso? Me gustaba la Loca Lee.

-Tú con tus extravagantes gustos por muchachas tan, vamos a llamarlas, complicadas –sonrió María Elena.

-Al menos no son aburridas -comentó Antonio riéndose-. Tuve la oportunidad de hablar con ella, apenas había regresado del viaje. La noté distante, como si le hubieran quitado todo rastro de alegría. También no pude ignorar lo delgada que se encontraba, era impresionante su transformación, tanto física como mental.

-¿Y no te dio detalles?

-Bueno, sí... Repetía constantemente que era una de las pocas personas que habían logrado escapar. También recuerdo que me contaba que todo eso era parte de un plan secreto experimental del gobierno de Alemania, que ellos no pararían hasta ver a todos en ese estado.

-¡Qué horrible! Yo me enteré por terceros que el viaje había estado bien hasta que ella empezó a sentir que alguien la vigilaba, la seguía. Ese pensamiento no la abandonaba, dejaba de comer y nunca dormía en su habitación. En las madrugadas, cuando regresaba al hotel, se le oía gritar desesperadamente: "¡Que alguien me ayude!". Los vecinos se quejaron y le pidieron que se marchara. Susurraba que las dosis estaban funcionando y que pronto todos dependeríamos de sus medicamentos.

-¿No tenía a nadie con quien hablar de eso? Qué extraña era. De veras que perdió la cordura.

-Viajo sola, por lo que supe. Tal vez extraña, pero puede ser creíble, experimentos secretos del gobierno. Tú no sabes cuantas cosas no salen a la luz pública.

-¿De verdad piensas que esa historia es cierta, Antonio?

-La verdad no lo se, Elena, yo no me voy arriesgar, y es por eso que yo no viajo solo.

Pauta 46: Segundo match de contraletras

¡Los autores se ponen los pantalones, otra vez!


Listos estamos para nuevamente enfrentarnos. Presentamos así con orgullo, el 2do contraletras:

1º Víctor, Samar y Paula. Pauta: Un cuento de misterio que tenga lugar en el extranjero. Fecha: Viernes 21/01.

2º Moisés, Andrea y Noelia. Pauta: Sábado 22/01.

3º Jessica, Gabriela y Guille. Pauta: La primera gran pérdida. Fecha: Domingo 23/01.

4º José Leonardo y Gabriela Jr. Pauta: Yo terminé, a mi me terminaron así. Fecha: Lunes 24/01.

¡Tenga cuidado; no se aleje demasiado!

Crónica de una espera

De Paula Ortiz
Para Jessica Márquez

Jessi: por coincidencias y errores, éste es tu segundo regalo. Estoy segura que reconocerás por lo menos una de estas situaciones

--Naguará e´cola, chamo. Yo no me voy a quedar aquí- es la primera frase desmoralizante que uno escucha cuando llega a la interminable cola del almuerzo del día del estudiante.

--Si me he calado la carne guisada tres veces a la semana por dos años, me calo esta cola para comerme el pollito con la tortica y el medio litro e´ jugo- le dice su acompañante y hace que las ganas de hacer una rumbita itinerante en la cola reaparezcan.

Cuando llegué a la puerta del comedor sabía que mi puesto de espera no estaría cerca. Cuando pasé la salida del auditorio de FACES bromeaba diciendo “seguro esperaremos en la plaza de las Tres Gracias”. Cuando al pasar frente a la puerta de Derecho aún no veía el final de la cola pensé que tenía que comprarme alguito en el kiosko La abuela para amortiguar el hambre que ya comenzaba a sentir. A la altura del pasillo de ingeniería llegué a la conclusión de que lo mío no sería almuerzo sino “merienda del día del estudiante”. Me puse en la cola y me dieron mi ticketsito color naranja fosforescente para que no me coleara y comencé a escuchar los cuentos que amenizaban la jornada.

Los primeros 20 minutos supe que la chama que se había dado los besos con el tipo que tenía la machito en la fiesta de los panas que tienen la casa en La Guaira sólo quería fastidiar al novio. La hermana del novio se enteró, le fue con el chisme y la mejor amiga de la primera chama le dijo que él no se la merecía porque ella había visto cómo la otra se le insinuaba a los del equipo de rugby por el BB msn. Después de semejante culebrón, pero no sin enterarme de que al final la infiel engatusaba al novio para que no la dejara, decidí caminar hacia el inicio de la cola para chismear un rato.

Me conseguí con una amiga que ya tenía una hora esperando y había salido a comprarse una chicha en el redondo porque si no se comía al gordito que tenía enfrente en la cola. Nos pusimos a conversar sobre la clase del profesor bigotudo, alias Cloroformo, y de la absurda tarea que mandó en grupo pero de la que todos debemos entregar una cuartilla individual. Eso dio paso a que me contara cómo el Presidente del Centro de Estudiantes se quejó con el Coordinador Académico, pidió derecho de palabra en el Consejo de Escuela y empapeló la escuela con hojas bond escritas con todas las consignas socio-políticas-económicas-académicas posibles.

Seguí caminando hacia la Biblioteca de Comunicación -que por cierto nunca había notado que era de Comunicación porque siempre que pasaba me quejaba de por qué no arreglaban las cerámicas de la pared- y todo estaba como cualquier día: unos cuantos estudiantes famélicos, otros jugando truco, tres chamos comprando chupi-chupi (esos que todos sabemos que tienen algo especial), cuatro más jugando dominó, una veintena gritando y riendo, y uno que otro bailando al ritmo del merengue de Juan Luis Guerra que sale de una cornetas que no sé de dónde salieron pero que ahí están (probablemente interrumpiendo algún examen).

Cuando regresé a mi puesto, el cuento de los de adelante ya iba por el tercer arranque de la loquita que se dio los besos con el mejor amigo del novio también porque al parecer el de la machito no le paró más. “Me puedo calar la cola pero no este dramón”, me dije, y caminé hacia el otro lado. Ya yo había avanzado hasta la altura de la canchita de fútbol y la cola aún llegaba hasta casi casi la entrada de arquitectura. Me sentí como un sádico confeso cuando el alivio de estar a sólo una hora de la bandeja de comida invadió mi pensamiento.

Que si el Playstation 3 es mejor que el Xbox360, que si era imposible que hubiese raspado el examen, que si el recorte presupuestario no puede ser, que si hay que bajarse lo nuevo de Los Mentas, que si Chávez, que si la oposición, que si se va pa´ Europa, que si yo me quedo en vacaciones, que si dame tu pin… Que si… Que si…. Eso se escucha yendo y viniendo. Eso y muchas cosas más que no saltan a los oídos o porque el mandibuleo no es normal o porque el ruido de la algarabía popular los opaca. La gente se pone feliz cuando sirven pollito en el comedor.
¡¡Coleóóóóóóóóóóón!! ¡Haz tu colaaaaaaaa! (se interrumpe el cuento de la loca del machito, y ya no sé si el machito es el carro o es el novio o es el cacho o es la loca…). ¡Menos mal que ya vamos llegando!, pienso, porque si escuchaba el chalequeo por sexta vez en el día estallarían mis tímpanos.

Después de dos horas de cola me siento en una de estas sillas duras que siempre están frías pero hoy no. Hay tanta gente que no da tiempo de que dejen de estar calentitas. ¡Buen provecho y feliz día del estudiante!

Bruce Banner no se parece a ti o las cotorras que ahorran en el Rally de Escritores

De Moisés Lárez
Para Guillermo Geraldo

La verdad es que iba a ver Hulk en vez de escribir esto. No estoy blofeando, ni cayéndolos a cuento. No es mera casualidad. Iba a ver Hulk y por el parecido decidí meterle a esto de una vez.

Mi historia con el negro con leche es tan común como un marrón en la mañana. El pana había ido al mismo concurso que yo, al que lechúamente nos seleccionaron entre doscientos y pico. Si él era un negro con leche, todos lo éramos. Quizá no había negritos, ni marrones, podía haber teteros, como Jessica, que se sacó el primer lugar, o con leche y crema chantillí como Leo Riera que le metió cuento a todo el mundo, dizque si él fuera Dios un día, no sé qué vaina, al final Dariela y la otra pana se la comieron todo y metieron al bicho ahí entre los finalistas.

Yo siempre pensé que Guillermo era de la gente grande, de la otra dirección, Propatria, Palo Verde, la otra, chico. El pana, como todos, lo hacía muy bien. Nunca supe por qué Jessica —que conocía a todo el mundo de atrás, inexplicablemente, para mí, para Víctor Cuotto Drax y para la otra chama que no fue más nunca que era de la católica— le llamaba el Gigante Verde, sí el pana era grande pues, podía ser de la línea 2, pero en realidad era de la 1, pues. Digo, porque la 2 es verdecita, pero en el concurso no había línea 2 ni 1, lo que había era dirección Propatria y Palo Verde, algo más cool, pero más discriminatorio, pues. Quizá había que hacerlo que si los chiquitos línea 1 y los grandes línea 2. Así la línea donde vive Leo Riera iba a tener representación, pero si era así, seguro Noelia se iba a quejar, que ella no estaba representada, ¡pero Noelia, tú eres de Guatire (o Guarenas) y esta vaina es de la Alcaldía Mayor! Dígame Maryfel, la vaina iba a tener que llamarse, Terminal de La Bandera, los que eran grandes y Terminal de Oriente pa’ los chiquitos, así probablemente sí iba a servir, pero alguno iba a decir que nunca había estado en esos terminales, probablemente Paula, margariteña, iba a pelear que qué sentido tiene poner los terminales si eso lo que hace es promover salir de Caracas, si lo que quiere el Rally es que la gente esté adentro y ame la ciudad y tal, entonces, por eso seguro Dariela pensó que lo mejor era poner dirección Propatria y Palo Verde, porque en esas cualquiera se ha montado.

La primera vez que nos reunimos para cuadrar lo de “Letras a Litros”, Gaby tenía pocas expectativas de que viniera gente. Al final la vaina fue tan de pinga que hasta Andrea Gómez vino, una vaina increíble. Ese día apareció Geraldo y yo me enteré que él, como Jessica, no era del mismo lado que nosotros (que Paula Alejandra, el Drax, Gaby Chile). Guillermo llegó tarde, porque vivía cerca. Es verdad, cuando uno vive cerca llega tarde, da sueño, sale uno de último y sale más tarde de lo normal. Creo que Geraldo el día anterior había bebido unas curdas, una vaina bien, como dicen los caraqueños que rumbean los sábados y pagan servicio.

Ese día Jessica, que tenía el número de Geraldo, le dijo el Gigante Verde. Por eso me acordé de él cuando iba a ver Hulk.

Hulk parece buena, he visto la mitad. Es de Ang Lee, el pana que hizo La tormenta de hielo y Brokeback Mountain, la dirección de esta película está arrechísima, para ser de comics me gusta burda.

Eric Bana acaba de recibir unos rayos gamma ahí, el tipo ahora será Hulk. Este pana no se parece a Geraldo y Betty, Jennifer Connelly, no se parece a Rebecca. Ella, la novia de Geraldo, quedó de primera en Odontología en la Central. Betty, por otra parte, es una científica boba, que reprime su amor por Bruce Banner para darle emoción a la trama y uno se quede pegado.

La verdad es que Geraldo hace buenas historias de amor. Hay que leer, de forma indispensable si usted ha sido capaz de llegar hasta esta parte de esta entrada, los cuentos de amor de Geraldo. Ahí a su mano izquierda están los tags, haga clic en Guillermo Geraldo y seleccione cualquiera. Recomiendo el que hay que matar a Leo Riera, un ensayo interesantemente egocéntrico y válido, también el de amor que yo propuse en la segunda temporada: bello, bello.

Si yo fuese Dios, así como Leo Riera, y pudiera decidir el destino de las demás personas, o si fuera Cisneros por lo menos, así con burda de plata como para tirar pal cielo. Agarraría y le diría a Geraldo, pana, no estudies más. Ponte a escribir, hermano, toma esta platica y este apartamentico pa que vayas bien mientras tanto, pule tu vaina, métele un poquito de melodrama, eso aquí en Venezuela es bueno y vende. Si quieres matar un tigrito te doy la novelita de las nueve y te codeas con Barrera Tyszka, pues, que fue profesor mío, no de Cisneros, sino mío —sigo siendo Cisneros o Dios— y el pana es bien arrecho, se ganó el premio Herralde, pana, tú puedes ganar el Herralde, le echas bolas.

Pero como no soy Cisneros, ni Dios, ni estoy —ni Geraldo está— podrido en plata, le diría, si estuviera leyendo esto, pana, termina las carreras, consigue un trabajo, compra el apartamentico, y si te da chance y no estás cansado del trabajo o porque tu mujer te pone a hacer la comida o a barrer o a limpiar el baño, pana, escribe, que eso va a servir pa’ algo.

miércoles, 19 de enero de 2011

El deseo indescifrable y el pequeño regalo

De Gabriela Camacho
Para Noelia Depaoli

Noe:

No sabía si escribirte un cuento, un poema o una verdadera historia. Pero luego de llevar rato pensándolo, recordé que la literatura es tan extensa que puede pedirle a las palabras que soporten todo. Tu regalo será un cuento, un poema y una verdadera historia, espero que te guste.
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Erase una vez una linda niña que vivía en un palacio de tonos pastel, se vestía de lila y violeta y por las tardes disfrutaba de la puesta de sol mientras sus criados le ofrecían montones de manjares. Su habitación era extensa, repleta de juguetes y de cuadros exquisitos. Sus padres la amaban más que a cualquier otra cosa y todo lo que pedía se le concedía. Casi todo.

El único deseo no cumplido de la niña era la clave para su completa felicidad, pero nadie conseguía saber lo que era. Pongámosle nombre a la pequeña, se llamaba Noelia.
Día tras día, Noelia se sentaba en su silla de oro, ante la puerta del castillo. Todos y cada uno de los habitantes del pueblo vecino la visitaban, con la esperanza de por fin descubrir el deseo que aguardaba su corazón y hacerlo realidad. Nadie tenía éxito jamás. Al caer la noche, la pequeña Noelia volvía a su cama y recitaba el siguiente poema:

Dichosos aquellos que viven contentos,
sin muchas virtudes poseer.
Porque aunque yo tengo felices momentos,
eso que deseo nadie lo puede conceder.



Y luego de estas palabras, la niña se dormía. Todos los días y todas las noches era la misma historia, hasta que la niña decidió dar una pista de su deseo y una recompensa al más inteligente que la descifrara. Desde su silla de oro, dijo:

Lo que más deseo no es riqueza,
lo que más deseo no es amor;
la riqueza viene y va, a veces no regresa,
y el amor se encuentra hasta en una flor.

Lo que deseo es muy sencillo,
podrías buscarlo en cualquier parte.
Porque es un animal, como un pajarillo,
pero no vuela, ni su canto reparte.

Puede ser negro, marrón o blanco,
no me importa si es grande o chico.
Lo sentaría en un gran banco,
lo tendría como un niño rico.

Sus ojos serían luceros,
a través de la negra noche,
porque iluminarían el alto cielo
y todo sería derroche.

Si adivinan lo que yo quiero,
tendrían mil monedas de oro,
y que me coma un león fiero,
si no es lo que más añoro.



Cuando la niña dejó el poema por terminado, los asistentes se retiraron a pensar en sus hogares. ¿Qué querría Noelia? Un ratón, un conejo, todos eran animales. Tras varios días la solución fue hallada. Un humilde campesino tomó una caja y metió el regalo de la pequeña Noelia en ella, luego la llevó a palacio. Con mucha amabilidad se la extendió a la niña, que ya desilusionada de los demás intentos creía que era un fallo más.

Su grito de sorpresa llenó la habitación, y fue contestado por otro sonido, un maullido, que la hizo exclamar:

¡Vaya suerte que he tenido!,
mi querido campesino.
Lo que usted hoy me ha traído,
es mucho más dulce que el vino.

Un gatito, muy pequeño,
con un lazo y suave pelo.
Es mucho más que un sueño,
es como pisar el cielo.

Muchos años esperando,
día tras día en el portón,
puedo decir que hoy es cuando,
al fin pude alegrar mi corazón.

Muchas gracias, fiel amigo,
por traerme aquí este gato.
Jugará mucho conmigo
y me hará pasar el rato.



Luego de estas palabras, Noelia ofreció la recompensa al campesino por su grandioso ingenio. Las mil monedas de oro relucían en un enorme cofre, que cuatro hombres ayudarían a cargar hasta una granja en las afueras del castillo.

Sobra decir que desde ese día Noelia pudo ser feliz, ¡sólo quería un gato! Su madre, su padre y ahora su mascota vivirían felices con ella por mucho tiempo. Ahora el poema de Noelia para irse a dormir sería otro:

Ya feliz con mi gatito,
puedo tranquila dormir.
Es muy tierno y es bonito,
mi tristeza dejó de existir.

Hoy la luna y las estrellas,
están celebrando por mí.
¡Ya Noelia tiene un gato!,
juraría oírlas decir.

Sólo un problema resta,
algo tonto, nada más.
Su nombre, ¡qué vida esta!,
si lo tengo estaré en paz.

Mañana avisaré a voces,
que busco un nombre muy fino.
Espero que vengan veloces,
a nombrar a mi felino.

Por hoy dormiré tranquila,
por hoy no molestaré.
El siguiente será otro día,
mis sueños visitaré.



Gabriela Camacho, enero, 2011

lunes, 17 de enero de 2011

Olas de Recuerdos

De Jessica Márquez
Para Moisés Lárez
que lleva a Margarita siempre consigo

Suenan las campanadas de la Iglesia de la Asunción. Suenan insistentes, como si aún fuera un monje español quien las tocara. Incluso hoy, varios siglos después, Margarita sigue siendo una isla tranquila, de un ritmo lento que parece seguir el de las olas del mar que se estrellan contra sus costas. Aún están ahí las casas coloniales, las cientos de hamacas colgadas en los zaguanes o al borde mismo de la playa. Aún quedan las chozas de paja construidas sobre la arena, que parecen imbatibles al salitre y al oleaje.

Las largas carreteras, en su mayoría de tierra, aún guardan el recuerdo de los españoles recorriéndola. Aquellos pueblos de siempre permanecen ahí: Juan Griego, Puerto Cruz, La Asunción, Paraguachí… Aún se levantan fortificaciones, viejas iglesias y la casa del gobernador. Tantos siglos después Margarita sigue siendo la misma.

Eso piensa él mientras pedalea en su bicicleta, insistente, a través de una vía poco transitada que bordea pequeñas casas y se encuentra, de vez en cuando, con playas ocultas y casi vírgenes, sólo visitadas por quiénes viven en el borde mismo del agua.

Pedalea hasta regresar a su casa, donde apoya la bicicleta contra la fachada de su hogar, sin siquiera pensar que podrían robársela. Vuelve a salir a los cinco minutos, pero esta vez debe ir a pie a través de varias cuadras largas, sintiendo el inmenso calor húmedo y bajo ese sol que quema a los turistas. Finalmente, llega a la parada de autobús, donde espera media hora el trasporte que lo llevará a una de las pocas zonas de la isla que ha encontrado al siglo XXI: Porlamar, pero esa es tan sólo la primera parada. Los minutos pasan lentos entre el sopor del silencio, el calor y el sol. El sopor. Ese que lleva a todos sus habitantes a una vida de ritmo tranquilo.

Cuando su trasporte llega, sin aire acondicionado por supuesto, se sube. Al sopor se agrega el traqueteo metálico del vehículo sobre los huecos y las irregularidades de la vía. Llega a Porlamar y toma un segundo autobús. A medida que bebe los kilómetros que lo separan de Punta de Piedras: el último puerto, por el que deberá partir, recuerda la última aventura, la de esa mañana.

Se levantó temprano. La corneta del jeep de su amigo Pedro resonó clara en el silencio del pueblo. Subió a él presuroso y arrancaron vía Guacuco, una playa que encontraría vacía porque era día de semana en temporada baja y, además, era temprano. Corrieron por la playa hacia el agua, dejando sus huellas marcadas en la arena intacta aún. Abandonaron las camisas y se metieron en el mar, a una lucha eterna con las olas, a una danza perpetua con la espuma. Sintieron el agua fría contra su piel y, cristalina como estaba, pudieron ver los guacucos en el fondo.

Entraron y salienron del agua. A ratos tan sólo se quedaban inmóviles sobre la arena, sintiendo el sol sobre su ya tostada piel. A otros corrían por la orilla o descansaban en el punto en que las olas se encontraban con la playa, para sentirlas concluir su viaje sobre su cuerpo. Cuando tuvieron hambre comieron empanadas de cazón y tomaron agua de coco. Llegada la media tarde debieron regresar, con los zapatos llenos de arena, húmedos, marcados por el salitre y algo quemados, hacia la casa de Pedro. Ahí se bañaron con la manguera y él se cambió de ropa. Tomó entonces su bicicleta y pedaleó hasta su casa.

En Punta de Piedras se caló el bolso-maleta al hombro. Esperó su turno para subir al Ferry viejo y pensó, esperanzado, que traía un libro consigo para pasar las cuatro horas que lo separaban de tierra firme. Pero tan pronto estuvo en la cubierta y se encontró con el atardecer, con el sol desapareciendo en el mar, supo que tan sólo necesitaría instalarse sobre las cajas de los salvavidas para disfrutar de la vista y el bamboleo incesante del barco. El día dió paso a la noche. Con ella llegaron las estrellas, y la titilante silueta de Margarita, dibujada tan sólo por las luces de sus puertos. En la oscuridad inmensa del mar sólo podía notarse la estela del barco, rastro blanquecino de olas inexistentes que marcaba por unos segundos el recorrido de la embarcación, huellas en la arena, ahora huellas que él dejaba en el mar. El movimiento rítmico terminó por vencerlo. Cansado por el ejercicio, se durmió profundamente con la cabeza apoyada en su bolso y la nostalgia recorriéndole el cuerpo.

Una alarma insistente se disparó y no quiso parar hasta cumplir con su propósito: despertarlo. Abrió los ojos y descubrió el ruido de Plaza Venezuela. Abandonó el edificio hacia el metro. Una vez sentado dentro de un vagón, el movimiento del tren lo adormeció. Fue entonces que cerró los ojos y soñó que ya no estaba ahí. Sintió contra su piel el calor intenso, la arena bajo y alrededor de su cuerpo, el sonido del mar, el salitre recorriéndolo, las olas tan cerca y a la vez, tan lejos…

Algunos acercamientos sobre la amistad (escrito juguete)

to: Draxcula, V
from: Noelia Depaoli

Siempre me ha costado definir el termino AMISTAD, sobre todo porque nunca me he considerado como "amiga" o "intima" de alguien, en la vida siempre he apelado a otros términos, mas fáciles de cumplir y de acceder: novia, hermana, prima, gemela, mascota y gata. De modo que el titulo de "acercamiento" a la amistad es mas preciso que un "tratado" sobre el mismo.

La vida me he regalado ese maravilloso desconcierto que son los amigos, aun si nunca he ganado nada, mi mayor premio han sido ellos y con mi pobre dosis de suerte, esa gente es un milagro.
Pero no quiero hacer una observación cursi ni agarrada de los pelos sobre el tema. Yo quiero hablarles de las grandes amistades y sus suertes, de los poderosos bastiones que salvaron de la mediocridad a algunos y llevaron a la locura a otros.

Siempre he pensado que la amistad es la hermana gorda del amor, y este regalo es para ti...¡si! ¡para ti!. Que te gusta la Historia, con H mayúscula.

Amistades Entrañables: de esas que cuando te enteras, descubres el porque de los misterios.

- BOLIVAR y SIMON RODRIGUEZ : Simón Narciso R. fue maestro y mentor del joven Simon Bolivar, al cual le infundo esas "peligrosas" ideas que son la ilustración, la libertad y los derechos del ser humano. unos diez años después, se encuentran en Paris, donde Rodriguez es testigo del juramento en el monte sacro. Rodriguez sobrevivió a Bolivar, siendo testigo del árbol que había ayudado a sembrar.
- SIGMUND FREUD y ALDER JUNG: Lo que empezó siendo admiración mutua (J. fue alumno de F) , se convirtió en una fervorosa amistad postal que duro siete años, hasta 1914 que se rompió y empezaría la tortura de Jung con la muerte de su hija de cuatro años.

-VAN GOGH y GAUGUIN: Ambos de influencias notoriamente semejantes, comparten la idea común de crear una unidad artística de creación. Cuando G. accede a vivir con Gogh en Arles, ambos pintan los mismos paisajes pero con estilos diferentes, lo cual enriquece la amistad de ambos. Cuando Gogh decide internarse en el hospital psiquiátrico, la pista de Gauguin se pierde.

Amistad platónica o amor sublimado

- SALVADOR DALI y FEDERICO GARCIA LORCA: Ambos se conocen desde su época de estudiantes de instituto, Lorca 7 años mayor que Dali le profesa una admiración fervorosa, admiracion que es correspondida con afecto por Dali, pero cuando Lorca se le confiesa e intenta poseerlo, este le rehuye, marcando distancia con su amistad con el cineasta Luis Buñuel, con quien escribiría el guion del "Perro Andaluz". Sin embargo las cartas entre Dali y Lorca se cuentan como los documentos mas bellos de la poética surrealista española, la imagen de ambos en la obra de uno y otro artista lo que revela el alto contenido erótico de esa relación. En 1935 al enterarse Dali de la muerte de su amigo, este exclama ¡Olé! al considerar que ese era el fin que buscaba Lorca.
Hasta el final de sus dias nunca dejo de mencionar el enorme afecto que sintió por Federico, al punto que su ultimo cuadro es el rostro del poeta escondido en una escena de toreo, cuadro pintado 40 años después de fallecido Lorca.

Amistad funesta

HITLER y MUSSOLINI : El Eje, fundado por Mussolini y Hitler en Berlin, fundamenta la alianza para la conquista de Europa durante la segunda guerra mundial. Se podría nombrar a ambos como aliados, aunque sean lo mas parecido al diablo que halla rondado por la tierra. Al caer Mussolini ( y su cuerpo colgado boca abajo para beneplácito de las masas italianas) cae Hitler, temeroso de que con su cuerpo hagan lo mismo, se pega un tiro en su escondite.

Amistad secreta

Probablemente sea la mas infame de las amistades. La mayoría de los casos, son impuestas por terceros y de manera azarosa, comprometiendo regalar presentes a gente que en muchos casos detestas o te son indiferentes. Pero hay momentos en que solo bajo esta modalidad puedes regalarle algo a alguien que de otra manera hubiera sido incomodo. Ademas, la primera premisa se invalida cuando el sorteo se efectúa con un grupo de amigos queridos, como en este caso.

Por eso le regalo esto a... (espera, que por aquí tengo el papelito) a Vic..Vic..tor..¡Victor! Cuoo..Cuoo...Cuotto..¡Cuotto! ¡Victor Cuoto Drax!. Con la esperanza de que lo use como mas le conviene, de hecho a este escrito, si le das vuelta, veras una palanquita para darle la cuerda y si lo haces..




domingo, 16 de enero de 2011

Lo que pude haber escrito

De Samar Hokche
Para Gabriela Valdivieso

Debo confesarles, aunque no me sienta orgullosa de ello, que esto del amigo secreto me tomó tiempo, más bien me costó un poco. El hecho de que me haya tocado esa persona complicaba todo. Me ponía bajo presión, a parte que cada vez que me sentaba a redactar, surgían distracciones, ya sea alguna fiesta de los edificios de al lado, con estruendosas canciones que no me gustaban pero que lamentablemente me sabía, o ver la Asamblea Nacional mientras revisaba twitter. Todo ese caos confundía mi atención, desorientaban mis ojos y nublaban mis ideas. Quería escribir algo diferente a mi amigo, algo que de veras lo impresionara, o que simplemente disfrutara.

Pensé dedicarle una historia, una de esas que te llevan a tierras lejanas, con criaturas nunca antes vistas y aventuras por descubrir, o una historia romántica con desafíos para los apasionados amantes. Historias como por ejemplo el protagonista, minutos antes de morir, se enterara que su idolatrada esposa había asesinado a su aún más querida mascota. O una donde el mayordomo se quedaba con la herencia de la viejita que, cabe resaltar, se dedicaba al tráfico de drogas, y aprovechándose de las circunstancias monta un reality show de su nuevo estilo de vida. O mejor aún, una donde cuente la osadía de los estudiantes de sexto grado, que lograron raptar a su profesor y como recompensa pedían que se extendieran los recreos y por supuesto las vacaciones, además de pasar con veinte la materia de matemáticas.

Pude haber escrito una historia dulce donde lo transportara a un sinfín de maravillosas posibilidades, donde la imaginación llevara la batuta sobre los soñadores dispuestos a crear. Pero no lo hice. No lo sentí necesario, porque sencillamente Ella es en sí una gran historia que contar, y una de mis favoritas. Ella es como la hada madrina de los cuentos de hadas, las papas fritas del combo de McDonals, la música de fondo en los momentos tiernos de las películas, el helado en un tarde de verano, la cálida brisa, la sonrisa de un niño.

Ella es, para mí, una gran admiración, una amiga, una motivadora, una de esas personas que no conseguimos a menudo, ella es Gabriela Valdivieso, ella es el toque perfecto, mi amiga secreta.