Se calcula que en Nochebuena, Santa Claus debe visitar unas 2,5 billones de casas antes de la mañana de Navidad. Hecha la estimación, el cálculo resultante arroja que el hombre de rojo debe viajar a una velocidad de 5.800 kilómetros por segundo con paradas de 34 microsegundos en cada hogar.
Once muchachos que quedaron picados porque el primer Rally Metropolitano de Escritores les pareció muy corto decidieron irse a los bares nocturnos caraqueños a beber birras y leer literatura. Cuando la cosa no dio para más crearon este blog porque las maravillas que estaban haciendo se estaban desbordando
viernes, 24 de diciembre de 2010
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Carta de abandono
Andrea Gómez
Quinto match de contraletras
Andrea vs Samar vs Victor: Lo innecesario
Andrea vs Samar vs Victor: Lo innecesario
"Querido Antonio:
Lo innecesario es casi imperceptible. Es algo que está ahí pero la verdad cuesta notar su falta de necesidad. Es algo o alguien que se convirtió en rutina.
Es alguien que amas pero no necesitas. Es una camisa que no utilizas, unos zapatos viejos que por costumbre, están en la misma esquina de tu armario.
Cuando son objetos, lo innecesario es tan innecesario que no es necesario deshacerse de ellos.
Cuando son personas, lo innecesario es tan rutinario que es casi imperceptible su necesidad.
Las personas, a diferencia de los objetos, pueden hacer cambiar tu estado de ánimo, pueden revolverte el estomago o hasta crearte un vacio en el pecho, éstas son personas necesarias, las que te hacen sentir algún tipo de emoción cuando estás con ellas.
Hace tiempo noté que ya no movías ni un nervio de mi cuerpo. Ya no me emocionaba al recibir una llamada, ya no se paralizaba el mundo cuando me besabas.
Lo siento, me duele saber que esto es cierto pero ya no te necesito. Te convertiste en una persona más en el mundo, una de esas que me podría pasar por al lado en la calle y no voltearía a ver porque simplemente no me importan.
Sé que esto es crudo, sé que esto duele pero es necesario hacerlo. Hace tiempo que me sentía así y ahora solo espero que lo entiendas. En algún momento te ame con locura, en algún momento verte me creaba una sonrisa y en algún momento solo quería arrancarte los labios.
Ahora, querido, solo eres una persona innecesaria.
PD: Espero que comprendas mi partida. Recuérdate alimentar bien al perro. "
Lucia R.
Lo innecesario es casi imperceptible. Es algo que está ahí pero la verdad cuesta notar su falta de necesidad. Es algo o alguien que se convirtió en rutina.
Es alguien que amas pero no necesitas. Es una camisa que no utilizas, unos zapatos viejos que por costumbre, están en la misma esquina de tu armario.
Cuando son objetos, lo innecesario es tan innecesario que no es necesario deshacerse de ellos.
Cuando son personas, lo innecesario es tan rutinario que es casi imperceptible su necesidad.
Las personas, a diferencia de los objetos, pueden hacer cambiar tu estado de ánimo, pueden revolverte el estomago o hasta crearte un vacio en el pecho, éstas son personas necesarias, las que te hacen sentir algún tipo de emoción cuando estás con ellas.
Hace tiempo noté que ya no movías ni un nervio de mi cuerpo. Ya no me emocionaba al recibir una llamada, ya no se paralizaba el mundo cuando me besabas.
Lo siento, me duele saber que esto es cierto pero ya no te necesito. Te convertiste en una persona más en el mundo, una de esas que me podría pasar por al lado en la calle y no voltearía a ver porque simplemente no me importan.
Sé que esto es crudo, sé que esto duele pero es necesario hacerlo. Hace tiempo que me sentía así y ahora solo espero que lo entiendas. En algún momento te ame con locura, en algún momento verte me creaba una sonrisa y en algún momento solo quería arrancarte los labios.
Ahora, querido, solo eres una persona innecesaria.
PD: Espero que comprendas mi partida. Recuérdate alimentar bien al perro. "
Lucia R.
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Pauta 43,
Primer match de contraletras
domingo, 19 de diciembre de 2010
Dos obstáculos
Samar Hokche
Quinto match de contraletras
Sammy vs Andrea vs Victor: Lo innecesario
Quinto match de contraletras
Sammy vs Andrea vs Victor: Lo innecesario
Él tomo entre sus manos su frágil rostro y ella sonrió con sus ojos cerrados. Él le susurró “Todo saldrá bien”, y ella se limitó a decir “Lo sé”.Se miraron como nunca antes lo habían hecho, eran esclavos del deseo, amantes del sueño. Ambos sabían lo querían, y ambos darían todo por cumplirlo. Había llegado el tan esperado momento.
Actuaban indiferentes a su mundo exterior y a las mil oportunidades que la juventud les ofrecía, tan solo es sus mentes permanecía una idea tan tentadora, que llamaba y se incrustaba en sus blandos, pero apasionados corazones, y la posibilidad de alcanzarla les resultaba tan cerca, tan seductora como para ser rechazada. Anhelaban ser algo mas, convertirse en uno solo. Dejar atrás lo que habían adquirido por derecho, y que muchos temían perderla, no les inspiraba ninguna duda. Eran firmes con su decisión.
El silencio se apoderó de sus palabras. Embriagados por el misterio y seguidores de lo desconocido, emprendieron su destino. Tomaron sus manos y gritaron sus nombres. Sin vacilar ni dudar, se despidieron, de su único obstáculo, de sus innecesarios cuerpos. Cerraron sus ojos por última vez. Para emprender aquel viaje especial, donde según ellos recorrerían un universo sin límites ni ataduras, irían más allá de los pensamientos, más allá de las estrellas, más allá donde no se ha tocado la última nota, donde no se ha escrito el último verso.
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Pauta 43
Invictus
Quinto match de contraletras
Victor vs Sammy vs Andrea: Lo Innecesario
Para Kenny, Kevin y L. J. Perroni
Victor vs Sammy vs Andrea: Lo Innecesario
Para Kenny, Kevin y L. J. Perroni
(El escenario es un bar, a la antigua, como del lejano oeste. Un salón. El hombre tras la barra tiene alas saliéndole de la espalda. Son blancas y le llegan hasta los tobillos –aunque detrás de la barra, no podemos ver el detalle. El resto del salón está abandonado, salvo por una mesa en el medio, redonda. DIOS, JESÚS, EL ANTICRISTO y SATÁN están jugando póquer, y por la pinta que cargan, parece que han estado en esto un buen rato. Junto a DIOS, una ÁNGEL está de pie, acicalándolo, acariciándole los hombros, susurrándole cosas en un oído. Es guapa, cabello negro y largo, ojos azules; cuando la vemos, nos enamoramos a primera vista. La música de fondo es cumbia, la cosa está animada).
(DIOS mira sus cartas y las riega frente a sí, como un abanico).
DIOS: Muy bien, señoritas. Full house.
JESÚS: (estrella a sus cartas contra la mesa) No sea marico.
EL ANTICRISTO: ¿Pero qué es esto? ¿Cuántas manos lleva, catorce?
JESÚS: Ni siquiera es estadísticamente posible.
EL ANTICRISTO: No es estadísticamente posible.
DIOS: (se inclina al frente y, con un abrazo, recoge las fichas de colores que representan su ganancia) No, pero lloren un ratico. Eso es lo que pasa cuando juegan contra El Creador, pinche bitches. Yo inventé este juego.
(se pone de pie)
DIOS: Bueno, damiselas en desgracia, ha sido un placer para ustedes perder contra mí. Será que nos vemos otra vez en la próxima sesión anual…
(la ÁNGEL lo abraza y le susurra algo tapándose con una mano la boca)
DIOS: (la mira) No, vale, no te preocupes, ellos son burde’ malos. Les decía, jóvenes, que es estupendo ser el rey. Ya saben, pórtense bien, échenle mucha vaina a Alá y díganle que yo los mandé a ladillarlo.
(JESÚS levanta una mano. Todos guardan silencio y miran a SATÁN, que sigue sentado, cubriéndose parte del rostro con sus cartas).
EL ANTICRISTO: ¿Y bien?
DIOS: Deja el misterio, ¿ganaste o no?
(SATÁN los ve… y echa sus cartas con disgusto).
SATÁN: Este carajo tiene que estar haciendo trampa, marico, no es posible que en catorce manos no me salga nada bueno.
DIOS: (se ríe) Llama a la policía, beibe. (A los otros) Bueno, estamos hablando entonc…
SATÁN: (echa la silla atrás y se levanta) Ok, otra mano, reto otra mano. Y te apuesto…
EL ANTICRISTO: (cubriéndose la cara con las manos) Qué ladilla otra vez…
SATÁN: El alma de… Mao Tse Tung. ¿Va o te da miedo?
(DIOS y la ÁNGEL se ríen; parecen ser los únicos que le ven gracia a la cuestión. EL ANTICRISTO y JESÚS no ven la hora de terminar el suplicio).
DIOS: (al barman) ¡Tráeme otra polarcita ahí, filarmónico! (a SATÁN) Oye, vale, tú eres arrecho. ¿Tú nunca vas a aceptar una derrota?
JESÚS: (se levanta mirándose el reloj) Ok, yo no me puedo quedar otra mano. María Magdalena está intensa…
EL ANTICRISTO: (señala a SATÁN con el pulgar) Su madre, güevón, hace esta vaina siempre, cada vez que jugamos en el Infierno hay que seguir hasta que el niño gana por lo menos una.
JESÚS: …y me van a botar pal’ coño, yo no puedo seguir tentando a mi suerte.
SATÁN: Sólo dime si vas pendiente o no.
DIOS: ¿Pero me vas a ofrecer el alma de Mao? Si quieres quédate esa mielda.
SATÁN: Ya va, el tipo fue importante, ¿ok?
DIOS: ¡Porque mató a un poco e’ gente! Quédatelo, de pana. Yo no necesito a ese sapo.
SATÁN: En el Día del Juicio te va a venir útil.
DIOS: Entonces ¿por qué me lo ofreces?
EL ANTICRISTO: ¡Porque es un pajúo y quiere que sigas jugando! Mira, yo lo conozco…
SATÁN: Ok, ok. ¿Qué tal, entonces, el alma de Mao y… el alma de Bush hijo y este reloj?
EL ANTICRISTO: …como si lo hubiera parid--- hey, no. Ese reloj es mío.
JESÚS: (revisa su blackberry con desinterés) Bush hijo ni siquiera está muerto. Este carajo si es diablo de verdad.
SATÁN: No, pero créeme que ese va pa’ mi lado. O sea, no lo pelo. (a DIOS) ¿Entonces? ¿Vas pegao’?
EL ANTICRISTO: Eeeeh… no con mi reloj.
DIOS: (lo piensa) ¿Sabes qué, chico? ¡Vamos a callarte la boca! (se sienta otra vez)
EL ANTICRISTO: ¡No apuesten con mi reloj, mierda, me lo regaló Lillith!
SATÁN: Ok (se sienta y organiza las fichas). Entonces es el alma de Mao…
DIOS: Que si quieres te la ahorras.
SATÁN: Que si quiero me la ahorro, el alma de Bush y el reloj del marico este.
EL ANTICRISTO: ¿Por qué tienes la necesidad de apostar con mis vainas?
DIOS: (barajea) Sí va. (reparte)
EL ANTICRISTO: Marico, qué ladilla.
SATÁN: Deja la lloradera, pareces una carajita.
(DIOS reparte sólo entre él y SATÁN. La ÁNGEL se permanece de pie detrás de DIOS y, al verle las cartas, sonríe con confianza. Frente a ellos, SATÁN está sudando. Se mira las cartas, la ronda procede y el river se descubre. Es el momento de DIOS para revelar su mano. Las descubre y tiene color).
DIOS: Báilame ese trompo en la uña (a la ÁNGEL). Mi amor, ¿será que necesitamos a otro cocinero en la casa?
ÁNGELA: (negando con la cabeza) No que yo sepa, bebé.
SATÁN: (se para de golpe y estrella las cartas contra la mesa) ¡No joda, marico, full house! ¡Gané esa mierda! ¡Gané, gané, gané! ¡No joda, ahora me vas a dar a Miguel Ángel, a Davinci y a tu XBox, pa’ que seas varón!
(JESUS y EL ANTICRISTO miran boquiabiertos. DIOS se está hundiendo poco a poco en su silla. Mira a las cartas como si fuesen heridas de bala en su cuerpo. Le brillan los ojos).
SATÁN: ¡Pero qué juego tan erótico, vale! ¡Para bailar esto es una bomba! ¡Para gozar esto es una bomba! (baila haciendo moción sexual con la pelvis) ¡Y las mujeres lo bailan así, así, así…!
JESÚS: Qué carajo más lechúo.
EL ANTICRISTO: Eso significa que me quedo con mi reloj, ¿no?
DIOS: (tiene los ojos irritados) No sé qué es… esto nunca me había pasado…
ÁNGELA: Ya, bebé, le pasa a todos, tranquilo.
DIOS: ¡No a mí! Te lo juro, yo siempre lo logro, pero esta vez… no me lo explico…
ÁNGELA: ¿No será que estás muy estresado? Podemos intentar el año que viene otra vez…
DIOS: No, no; esto no es nada… ¡No le digas a nadie!
SATÁN: ¡En-tu-cara! ¡Me voy a tatuar la fecha de hoy! ¡En una nalga, no joda! (al barman) ¡Maestrico! ¡Vaya tragos pa’ todos, que los está pagando el pajúo este!
JESÚS: (está enfocado en su blackberry) Un momento…
SATÁN: ¡Nada, nada! ¡Acepten la derrota, sean serios!
JESÚS: Angelpedia dice que esa vaina no se puede hacer.
EL ANTICRISTO: ¿O sea que nos tenemos que calar otra mano?
JESÚS: Aquí dice que las apuestas en almas tienen que ser cristianas. Mao no era cristiano.
SATÁN: Qué marica, Jesús, todo porque es tu papá.
JESÚS: Esas son las reglas, ni siquiera las impuse yo.
DIOS: ¿No perdí?
ÁNGELA: No, mi príncipe.
SATÁN: ¡Claro que perdiste! ¡Tú dijiste que no necesitabas el alma de Mao, que si quería me la quedara! ¡Bueno, me quedo con esa mierda!
JESÚS: No, no, usté apostó el alma de Mao también…
SATÁN: Pero si es innecesaria, marico, esas fueron sus palabras textuales. “Yo no…
JESÚS: Pero usté la apostó.
SATÁN: …necesito a ese hijueputa” fue lo que dijo, por tu papá y mi madre, te lo juro.
DIOS: ¿No perdí? ¡No perdí, no joda!
(EL ANTICRISTO se reclina en su asiento y, discretamente, se quita el reloj y se lo guarda dentro de la chaqueta)
SATÁN: ¿Qué es? ¡No inventes, no inventes!
DIOS: ¡Nada, ahí tan’ las reglas! ¡Hijo: pégale el aparato ese al zángano pol’ cerebro!
SATÁN: ¡Tú dijiste que no necesitabas el alma de Mao, mardito!
DIOS: Eso no tiene nada qué ver. Tú apostaste, Lucy, y eso vuelve a la apuesta inválida.
SATÁN: No seas marico, por lo menos dame el chance de otra mano.
(EL ANTICRISTO levanta las manos al cielo)
DIOS: ¿Otra mano? ¡Ta’ bien, pues! ¡El campeón se retira invicto, caballeros!
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sábado, 18 de diciembre de 2010
Tarde o temprano, alguien debe darse cuenta
Gabriela Camacho
Cuarto match de Contraletras
Gabi Jr. vs. Guillermo: Tu vida es una ilusión
Cuarto match de Contraletras
Gabi Jr. vs. Guillermo: Tu vida es una ilusión
Admítelo: Estás en quiebra, amigo. Tus ingresos son un insulto, comparados con tus egresos, ¿o no?. Las sucursales de tu negocio fueron un fracaso y todo el dinero que invertiste en ellas se fue más rápido de lo que llegó; quizá mala visión de tu parte, mala gestión, ¿a quién le importa? Tus empleados probablemente te odien por dejarlos en la calle y ahora tienes que hacer un esfuerzo sobrehumano para costear su liquidación.
Estás harto de consultar brujos y adivinos, gastando más dinero y tiempo del que quisieras, para que al final no te digan lo que quieres oír sino cosas como “tu pareja te engaña”. Lo malo de eso es que ni siquiera tienes una. Inmediatamente después de que piensas eso, recuerdas el porqué de no tener pareja y tu memoria se remonta a algunos meses atrás, donde ves tan claro como el agua que te dejó para irse a buscar una vida mejor, o al menos eso decía. Idiota, se lo perdió.
Piensas que sería bueno ir a buscar a tus amigos, pero tampoco tienes. Tu memoria regresa para otro flashback: hace un año, más o menos, hiciste una reunión en casa. Los invitados, no pocos por cierto, eran tus amigos; unos cuantos de la universidad y otros que habías conocido en el trabajo o en el –tortuoso- camino de la vida. Por alguna razón tú, que jamás bebías, lo hiciste con no pocas consecuencias. Gritaste a los cuatro vientos y en una forma desagradable a todo mundo, insultaste y despotricaste. Naturalmente todos se fueron y tú quedaste sólo en medio del salón, con una peluca en la mano (porque de paso, habías perdido el cabello de tanto stress) y una botella de un pésimo whisky en la otra. Menudo espectáculo.
Volviendo al presente, te das cuenta de que eso no es nada bueno. No tienes trabajo ni dinero, no tienes amigos ni compañía. Aún podrías comprar un perro, o un gato, pero tus tarjetas de crédito están al tope de su capacidad y en ningún banco querrían darte otra.
Te queda pensar que aún conservas a tu familia, pero no es así. Ellos están en algún otro país del globo y difícilmente se acuerdan de que existes, porque en principio fuiste tú quien se olvidó de ellos. Querías una carrera, una vida mejor y dinero. Lo lamentable es que ahora no tienes sino la primera cosa, a medias, porque lo mediocre no tardó en llegar a ti.
Actualmente, como estás, ¿qué crees que tienes? Si no tienes dinero, familia o amigos. Si estás en la ruina. Si lo poco que conseguiste, a costa de pérdidas, también ha desaparecido.
Qué mundo vacío es ahora el tuyo, sí, ese que tanto intentaste proteger…
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Pauta 43,
Tu vida es una ilusión
Y todavía le rezas
Guillermo Geraldo
Cuarto contraletras del primer match.
Guillermo vs. Gabi Jr.: Tu vida es una ilusión
Cuarto contraletras del primer match.
Guillermo vs. Gabi Jr.: Tu vida es una ilusión
Alguien a quien no conoces aún. Aquel que adoptó seudónimos de Universo, Dios, Poder Supremo o Espíritu Santo; seudónimos, como una parte más de su macabro y tétrico juego de confundirte, enredarte y sumergir tu mente en el delirio que dejan los segundos previos a una muerte en el Sahara, donde no distingues la realidad del teatro ilusionista que implica agonizar.
Aquel Dios, diseño para ti un parapeto de lucha, de una atmósfera de esperanza. Insertó su arma más letal: La fé, sin olvidar obsequiarte una pintura en tu alma titulada fracaso y firmada por el destino.
Te escribo como un subordinado de Alá. Conozco tu final, no existe. Aquel quien blasfema amarte, también lo sabe, sólo es un amante del sadismo y un cómplice más.
Buscas salvarte de tu destino en tu propia destrucción. La fé; y justo antes de morir te despides de este mundo anhelando el paraíso; un paraíso donde seres alejados de ser hombres o mujeres, con verrugas en sus caras que apenas permiten abrir uno de sus ojos, malolientes, de jorobas, se arrastran vomitando hacia ti. Te abrazan, lamiendo tu cuerpo, mordiendo tus labios, haciéndolos sangrar para mezclarlos con la bilis desprendida por su sed a sexo. Te violarán y lo harán hasta arrebatar tu alma y convertirte en uno de ellos por siempre.
Se escucha el eco proveniente de esa fatiga similar a la que surge después de un orgasmo. Se agudiza, cada vez más intensa. Le hacen compañía el salpicar del agua y el choque de las suelas en el piso con cada pasa apurado. Las medias dejan atrás lo cálido y seco, se empapan y se hacen súbditas del frío macabro, de aquel que deja la sombra infinita donde la luz ha sido extrañada. Sigues corriendo en un laberinto, un túnel un camino de rosca imposible de ajustar, siempre en círculos infinitos. Senderos diseñados por un adicto al sadismo, despreocupado por el esfuerzo que hagas en llegar al fin deseado, al fin feliz, al fin perfecto, éste no existe.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Galletas a Saturno
Gabriela Valdivieso
Tercer contraletras del primer match. Gabriela V. vs. Paula:
Un viaje en autobús: amor, delirio y emociones
Tercer contraletras del primer match. Gabriela V. vs. Paula:
Un viaje en autobús: amor, delirio y emociones
Sus dientes rasgaban sin pausa mientras esperaba en el paradero. Con la aparición de cada micro sufrían más sus labios.
Como siempre que podía, esa tarde se dirigía hacia el poniente para después regresar en metro rumbo a casa.
Pasaron varios buses blancos y verdes. Incluso varias micros 406. Fue durante la séptima canción que llegó su 406. Allí él y sus manos. Allí la voz que la recibió; "Buenas tardes".
Por suerte libre, se sentó en su asiento favorito. A tres cabezas detrás de la suya, donde podía mirar sus ojos concentrados.
Los vio fijamente en cada viaje. Los deseaba cuando esquivó el perro. Cuando ayudó a la anciana a subir. Cuando dio paso a la ambulancia. Cuando en cada recorrido, con responsabilidad y presteza, dejó a cada pasajero en su paradero.
Memorizó las personas a las que él ayudó con una moneda. El payaso, la universitaria y el imitador de Michael Jackson. Disfrutaba su humor. Paralizaba la música para escuchar su risa y respirar su voz: "Sí, pasamos por Manquehue, adelante".
Durante aquellos trayectos encontró siempre entre ella y aquella adorada nuca el torturador mensaje: "Prohibido hablar con el conductor". Siempre frenada, elaboró día a día sus estrategias.
Dejó de contar la cantidad de veces que subió a la micro tarareando canciones que inconscientemente él evocó y pronunció en los caminos. Se cansó de motivar su repique en el celular para que volteara a verla. Se lastimó la rodilla la undécima vez que subía tropezándose, con el fin de lograr la exposición de su sonrisa.
Como todo aquello funcionó más para sus ensoñaciones que para sus proyectos, tras una clase de astronomía, se armó de valor y escribió en un Post It rosado: "Escojo esta vía porque lo escojo a usted". Tomó su ruta y cuando quedaban sólo dos pasajeros, pegó su nota en el vidrio trasero y se bajó.
Él, culminado su recorrido divisó la nota. Leída, reconoció a su autora y sonrió ampliamente. Con su contestación se esfumaron en adelante el resto de los usuarios. Las ruedas fueron entonces galletas Tritón que los aproximaban velozmente hacia los anillos de Saturno y los jardines de Alicia.
Así, ella siguió esperándolo en el paradero, pero ahora él se mordía los labios por llegar más rápido.
Mi historia y mi espera
Paula Ortiz Vidal
Tercer contraletras del primer match. Paula vs. Gabriela V.:
Un viaje en autobús: amor, delirio y emociones.
Tercer contraletras del primer match. Paula vs. Gabriela V.:
Un viaje en autobús: amor, delirio y emociones.
En uno de mis últimos trabajos me topé con la posibilidad de que un extraño virus se apoderara de unos cuantos y que, cuando estuviéramos en un autobús, nos atacarían por todos lados hasta deber alcanzar la cima de la montaña más alta que rodea el valle que nos hunde en la ilusa seguridad de que nada pasará. Por eso hoy, mientras voy sentada junto a estos extraños, los examino uno a uno para imaginar cuál podría ser mi salvación.
Un primera mirada me hace descartar a dos niños que no paran de gritar y a los ancianos que no pagan el pasaje, a los hombres que por pereza no le dan su puesto a estos pobres viejos y a esa señora que, con un pantalón que le corta la circulación y que me hace descubrir que mi ingenio espacial no da para entender cómo le pudo entrar, me provoca un poco de asco. El calor me da nauseas y la idea de unos anormalitos atacando me daba dolor de estómago.
Traté de olvidar el malestar y de ignorar el olor a pescado de la empanada de cazón que engullía animalmente mi vecino de asiento. Definitivamente a él tampoco me le pegaría si algo llegara a ocurrir, a menos que necesitara una superficie resbalosa o un cuerpo grasiento para protegerme de un ataque, aunque la simple idea de acercármele más me hacía querer lanzarme al más doloroso de los suicidios –quizás el ataque de los anormalitos no sería tan desagradable como el contacto con sus franela sudada y las asquerosas pústulas que se asomaban de sus mangas y en su rostro-.
Un golpe en el vidrio me hizo creer que el momento había llegado. Los freaks estaban aquí y mi corazón se aceleró cuando advirtió que aún no tenía a mi héroe escogido. Tomé de la mano al gordo grasiento y sentí como el desayuno se me devolvía por la garganta y en medio de una arcada intenté detenerlo para no vomitar sobre lo que quedaba de su empanada. Todo por gusto, un adolescente había lanzado una piedra contra el autobús y un séquito de pre-púberes lo alababan por su rebeldía.
Me paré y me cambié de asiento. Del otro lado del pasillo estaba él, mi héroe. Un moreno de facciones delicadas, nada atractivo, nada interesante, pero definitivamente mi mejor opción. ¿Habría en esta historia un romance sucio en medio de la batalla? ¿Pasaríamos días sin bañarnos y nos revolcaríamos sin importarnos en el claro de algún bosque al que llegaríamos luego de rodar por días huyendo del ataque? ¿Lo volvería a ver después de que todo pasara? ¿Pasaría algo siquiera? No sé, pero lo único que importaría es que no me besara con sabor a cazón.
Yo lo veo y el no me ve. Yo lo rozo con cada frenazo que me da la oportunidad de poner en práctica esas técnicas de seducción baratas que en el colegio aprendí cuando ensayaba besando mi mano mientras llegaba el Príncipe azul. Él me mira de reojo como si fuera yo quien chorreara aceite con cazón. Quizás el gordo grasiento me escupió cuando tosía mientras masticaba. Seguro es su culpa que me miren con desprecio ante mi insistente interés de encontrar refugio.
He pasado 40 minutos en cola. Y sigo esperando a mis anormalitos. Sigo esperando que mi héroe me mire. Dejé de esperar mi parada cuando comencé a esperar algo inesperado.
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*Paula Ortiz,
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Amor en autobús,
Pauta 43,
Primer match de contraletras
jueves, 16 de diciembre de 2010
Tres minutos fuera del agua
Noelia Depaoli
Segundo contraletras del primer match.
Jessica vs. Noelia: El otro lado de un amigo
(detrás de la fotografía o de la personalidad).
TRES MINUTOS FUERA DEL AGUA
–sí, es mi abuelo. dije, sosteniendo algo en la garganta que oscilaba entre la sorpresa y el asco. –¿esta completamente seguro?.
–completamente ¿seguro que esto es necesario?. Pregunte, con los ojos desmesuradamente abiertos.
–sí, lo es. Comprenda que no es algo que nos guste, simplemente es nuestro trabajo. Usted mantendrá el trabajo de su abuelo, yo también hago mi parte ayudando al mio.
–Aunque sean enemigos. contesté.
–Son deudas que les toca pagar. Dijo, poniendose los lentes y guardando la foto en un sobre amarillo, juntos con otros documentos que no me enseño, pero que seguramente formaba parte de todo las atrocidades que relataba de mi abuelo.
–el fue un hombre incomodo. Le dije, sin mucha convicción. Todavia digeria la noticia de las matanzas, sobre todo cuando recordaba aquella foto donde saliamos pescando en Rio Chico. Cuando era un rio inmenso, lleno de peces y todavia volaban sobre nosotros los flamingos y uno podia sostener con las puntas de los dedos las plumas que caían del cielo. Miré al hombre de los lentes mientras me estiraba la mano para despedirse.
–Sabe que el no era un asesino.
– No es algo que nos toque juzgar, señor Demjanjuk. Buenos dias.
Mi abuelo era un nazi, pero no me lo dijeron hasta el año 2001, cuando la paranoia estadounidense buscaba a los enemigos detrás de las sombras de las rocas o escuchaba las voces terroristas en los murmullos de las palmas. No me tocaba juzgar a uno de los últimos cazadores de nazis de Brasil, comprendia su labor: vengaba a su abuelo o a todos los abuelos judios y el mío tuvo un trabajo muy ingrato. Supongo que el deber era algo que había unido con la ética o con el amor a la patria, que se yo. Pensaba que era un viejo sano, un poco orate en los últimos años, pero un viejo bueno. Incluso cuando fuimos a pescar a Rio Chico, me dijo que a los peces había que sacarlos rápido del agua y luego estamparlos contra el suelo o una roca, porque así sufren menos que cuando se asfixian por estar fuera del agua.
tres minutos, tardan en morir. Me dijo, mientras los ojos de un bagre estallaban contra la arena.
Ayer vi su foto de cuando tenia 20 años, en su época de estudiante de medicina en la Universidad de Bonn, en un pueblo cerca de Frankfurt, cuando todavia la vida era buena con la gente joven del norte de Alemania y el norte de Polonia. Yo no sé en que momento perdió el rumbo, o lo encontró, si fue en el 44 cuando se unió a las juventudes Hitlerianas o cuando conoció a mi abuela, una polaca de ojos tristes.
–Hoy vino a visitarme un cazador de nazis.
El anciano se contuvo. Al fondo sonaba una tetera que cantaba su canción de agua caliente, el reloj dejaba caer sus horas y en un rincón dormia el viejo Retriever de doce años que se mea encima de una colcha de lana.
–No les hable de ti, pero saben que estas en Caracas. ¿ahora que vas a hacer?.
El viejo se paro del sofa y fue a apagar la cocina. Saco de un cajón el sobrecito de té y lo puso adentro de una taza de plastico, tomo la tetera por el mango, el agua caliente salpicaba la mesa y sus manos temblaban como un papel pergamino. Pronto serán las cinco de la tarde y el sol se despedirá de nosotros. Recordé aquella tarde en la playa, cuando bajo nuestros pies los peces jugaban sobre las rocas y la luz escarchada del sol brillaba sobre el cuenco de plata que eran nuestras redes desnudas bajo el agua.
Mi abuelo comenzó a llorar y le temblaban los labios, pero en mi cabeza solo tenia lugar el vuelo rosado de los flamingos y el canto sordo de las garzas. En el pecho de mi abuelo late su corazón de arena y flotan los ojos de los peces estrellados contra las rocas, contra los muros, entre los gases y los alambres de púas.
–Dime que vas a hacer ahora, dime abuelo, dime que vas a hacer.
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